sábado, noviembre 05, 2011

Tumbas antiguas en el panteón civil municipal de Chetumal


CHETUMAL.- Destinado a guardar la memoria y los restos de los nuestros, el panteón municipal de Chetumal permanece abierto para recibir la visita de los vivos una vez al año para recordarlos y convivir los sabores de la vida en el nicho blanco de la memoria. Dos días de noviembre dedicados a la celebración de vidas pasadas recordando los hitos y los momentos felices de aquellas personas que formaron parte de la vida, hace de este rincón de silencio eterno en medio de la irrefrenable vida moderna. Y como la vida moderna transcurre a velocidad vertiginosa la brevedad de la reflexión se confunde con la filosofía de lo efímero para caer en el error humano de evadir la realidad: de aquí somos y aquí todos somos iguales.
Es así que como las tumbas permanecen abandonadas durante todo el año o en el peor de los casos, abandonadas para siempre sin mantenimiento, dañadas en los nichos y floreros.
En funcionamiento desde 1949, el panteón municipal conserva en su terreno a los chetumaleños nacidos hacia la primera mitad del siglo XX y tiene dos monumentos que honran la memoria de los fallecidos durante el paso de fenómenos hidrometeorológicos en la zona, como los huracanes Janet (1955) y Hattie (1961).
La entrada principal estaba frente a la calle Chapultepec y no sobre la avenida Efraín Aguilar pues alrededor del panteón aún existía la maleza, según cuenta uno de los trabajadores, y que al panteón lo atravesaba una pequeña calzada de norte a sur.
Las primeras tumbas  se colocaron en el área central, a lado de la puerta que da a la calle Chapultepec; el terreno a un costado –y alejado de las tumbas- estaría la fosa común y que ahora ya está poblado de tumbas más recientes. Antiguamente había una zona destinada a las tumbas de los niños. Llama la atención una tumba que destaca de entre todas tanto por el material con que fue elaborada la lápida, la fecha de defunción, el nombre del difunto, hasta en el diseño. Ésta lápida de estilo inglés se encuentra en una zona que estaba destinada a ser “fosa común”; la fecha de defunción corresponde a mayo 17 de 1906. Probablemente se trate de un traslado de restos del antiguo cementerio que existió en el terreno frente al Hotel Los Cocos, donde se encontraba la desaparecida Plaza Baroudi.
Como se observa hay tumbas de diferentes materiales y estructuras. En el área de las tumbas antiguas se encuentran desde las más variadas formas en su diseño y libros de epitafio. Destaca una en particular cuya lápida está adornada con un gran busto de yeso, en el más puro estilo de principio de siglo. El busto se encuentra en buenas condiciones pero el epitafio de piedra es ilegible debido al paso del tiempo. En el epitafio se lee: Salomón Erales, nació en Hassrun, Siria, en 1853; murió en Chetumal Q. Roo el 17 de mayo de 1941.
Muy cerca de ahí se encuentra otro busto sobre la tumba de una mujer que llegó de China a Mérida, Yucatán, en el siglo XIX y murió en la década de los 60 en Chetumal. Afirman los trabajadores que esa tumba fue pagada a perpetuidad con anticipación y que nadie acudió al funeral de la mujer pues no tenía amigos ni familiares. Hasta la fecha nadie le lleva flores.
En medio de las tumbas antiguas se encuentra una lápida en memoria del subteniente López; en otra zona del panteón se encuentra la tumba de una niña que murió asfixiada por atragantarse mientras cenaba tacos. La mayoría de las lápidas corresponde a gente que vino de Libia, Líbano, Mérida y Belice (antes Honduras Británica) y las fechas de defunción en las más antiguas están fechadas entre 1941 y 1966.
El estilo de las tumbas varía de acuerdo a la época y a la región, por ejemplo, las tumbas más recientes localizadas en la entrada principal de la avenida Efraín Aguilar y en las orillas del terreno, presentan el estilo que predomina en los cementerios de la península con una estructura en forma de sarcófago hecho de concreto, cubierto con loseta, libro y el crucifijo (en caso de que el muerto haya sido católico). Una variante en este estilo de tumbas son las construcciones a escala de casas como en la tumba de la familia Camin. Mención aparte merece la lápida del niño beliceño fallecido en mayo de 1906 ya que el material con el que está elaborada es de mármol italiano.
Los trabajadores agregan que dependiendo del material solicitado por la familia del difunto se puede conocer el nivel socioeconómico al que perteneció; el trabajo más caro, dicen, es el realizado en granito rosa pues cada bloque cuesta alrededor de veinte mil pesos y el tratamiento de la piedra es más complicado.
Las tumbas más modernas tienen diseños geométricos y minimalistas que han sido diseñadas por arquitectos. También existen casos de gente muy pobre que nada más solicita una cruz y una placa para identificar la tumba, o los fallecidos pertenecientes a la clase alta, poseedores de mucha riqueza y que guardan sus restos mortales en tumbas más sencillas, sin tanto diseño en la estructura.
En los muros del panteón se encuentran las criptas destinadas a “la gente pobre” o que no tuvieron una sepultura digna.
Las tumbas comenzaron a expandirse por el terreno hasta encontrarse saturado como hasta la fecha. Una gran parte de las tumbas más recientes son de personas que fallecieron muy jóvenes, hay niños y niñas y adultos que no pasaban de los 45 años, pero principalmente hay tumbas de gente que murió joven.
Ya no caben más restos y cada vez más gente solicita un pedazo de terreno, especialmente en el área donde se encuentran “los antiguos de Chetumal”, que es como llaman a la gente que ha vivido en Chetumal desde su fundación. Se dice que a una sociedad se le conoce a través de sus mercados y sus panteones, aunque los tiempos actuales no sean un motivo de fiesta mortuoria, guardar la memoria de los muertos es parte de nuestra cultura mexicana.

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