domingo, noviembre 26, 2006

La ciudad de los artistas malditos… o malditos anónimos con nombre.




Johnny Rotten, vocalista de los Sex Pistols, cantaba: “There’s no future, I wanna destroy”. Chetumal, muy al pesar de la gente –y sé que me voy a ganar antipatías por lo que escribiré- es una ciudad que se caracteriza por su silencio apático e indiferente a los detalles de la vida. Por lo menos lo he notado en cierta parte de su gente.
La indiferencia que se ha mostrado por todo, desde la educación de verdadera calidad para los niños, su nivel de vida (ya no digamos que tengan todas las cosas materiales posibles sino, un ambiente que estimule su desarrollo humano), las actividades lúdicas, deportivas y sociales. Dentro de las indiferencias, hubo un descontento entre la gente cuando se instaló el corredor escultórico en la ciudad. Por una parte alegaban que “la ciudad no necesitaba esculturas”, que eso “la gente no lo entiende” y que “eran un montón de chatarra que a nadie le interesan”.
Probablemente a la gente no le hacía falta un montón de hierro en diferentes puntos de la ciudad y del boulevard, de la misma manera habrá quien no entienda la forma o el mensaje que cada escultura encierre, algunas obras no tienen más que un color o dos. No profundizaré con cuestiones estéticas en cuanto al arte se refiere, cada obra de arte se percibe de manera diferente. El artista crea e inserta un mensaje codificado que el espectador u oyente traduce. El mensaje es uno solo pero las claves son muchas, el público expresa las claves que encontró en el mensaje. Por diferentes que sean han descifrado el mensaje.
Esto prueba que el arte es para el pueblo.
Pero ¿si el arte es para el pueblo por qué nadie lo disfruta, no tiene acceso a él, no lo entiende y lo rechaza? Tan sencillo como explicar que uno más uno es igual a dos. El sistema educativo no prepara al niño para ser un adulto crítico, sensible, matemático, culto y educado. El sistema familiar como lo conocíamos se ha desmoronado lentamente, con ayuda de los medios masivos de comunicación.
La prueba más grande del deteriorado nivel humano y educativo de un pueblo se refleja en los actos de vandalismo y desorganización social. Para muestra un botón. Hace unos días se publicó una nota en algún medio, denunciando la falta de atención hacia las esculturas del corredor y su conservación. Se culpa a un instituto de falta de atención, éste se deslinda o da la respuesta más sencilla para salir del paso.
Decidí visitar las esculturas, específicamente las que se encuentran en la costera rumbo a Calderas. Zona solitaria, miradores ideales para escapar del bullicio y estar con los amigos y la pareja en turno. Solo de noche se vigila el área, la policía anda a la caza de bebidas alcohólicas y parejas drogadas por sus propias hormonas (por cierto, droga maravillosa, incitadora de la creación humana excelsa). ¡Cierto! Muy buen desempeño… ¿Dónde esta el cuerpo policiaco cuando deben detener a los destructores infragantes?
Los jóvenes son rebeldes. Yo fui un rebelde, hasta la fecha tengo un aire de rebeldía. Pero hasta el rebelde más grande es inteligente y actúa con responsabilidad y consciente de sus actos.
No llamo rebeldía a las pintas que aparecen en las esculturas, lo llamo un acto de ignorancia. No hay más adjetivos. Regreso a lo que Rotten cantaba: “there’s no future, I wanna destroy”. Es cierto que el futuro es incierto y cada vez se cierran las oportunidades, pero la culpa la tienen las escuelas por permitir que pseudo-profesores intenten instruir a los niños; los padres por no saber educar ni tener paciencia con sus hijos. Recuerden, los niños aprenden lo que viven.
Sería una buena idea que se diera una vuelta por las esculturas. Si alguien ya tomó cartas en el asunto, ya no encontrará las pintas ni los garabatos rayados en la superficie de las obras. Si tienen una botella de cloro, también sería adecuado que la lleve pues se encontrará con los indicios de una evolución humana de niveles impresionantes: las meadas territoriales.
Profesores, padres, instituciones, gente… pueblo, si el deterioro de unas obras de arte o de cualquier punto de la ciudad es el reflejo de su desarrollo social, ¿Cuál es su nivel humano interior?
Cualquier deterioro o falta de respeto hacia alguna obra artística o pública es como escupir a la cara de su creador. Sólo queda decir que en sus actos reflejan su gran pequeñez humana.

1 comentario:

Miguel del Vailongo dijo...

Yo tambien soy de Chetumal, realmente me parece lamentable el trato que se le ha dado a la mayoría de las esculturas.

Hay muchas de ellas que no les veo el menor chiste, pero estoy conciente que no sé apreciar ese arte (menos aún si es posmoderno), al menos hay que mostrar respeto. Me da vergüenza ver las que están grafiteadas, ¿es esa la imagen la que queremos dar como ciudad?

Es normal que las personas menosprecien algo que no necesita o le es desconocido, ejemplo podría ser la remodelación del teatro constituyentes, hasta los periodistas se quejaron por ser un gasto inecesario.

Al menos yo que soy actor de teatro, junto con todo el medio y toda la gente que va al teatro esporádicamente, es algo que agradecemos bastante.