lunes, septiembre 18, 2006

Los mejores “viajes” mentales los tienen los niños… entre otras linduras y maravillas de la niñez.


Los mejores viajes mentales los tienen los niños. Así es estimados lectores, un niño tiene una capacidad extraordinaria que con el paso de los años se pierde hasta verse al espejo convertido en un adulto sin capacidad de asombro. Un niño puede convertir un simple jardín en un cosmos en el que descubre planetas y galaxias, hacer de un árbol muy alto un castillo con vista hacia un océano interminable en el que resguarda tesoros valiosos. Una niña puede imaginarse dueña del planeta, ser sensible a los problemas que día a día ve en los programas que sintonizan sus padres, ser doctoras y curar a su colección de muñecos –enfermos de una extraña viruela- con jugo de uva.
Los niños (en general, incluyo niños y niñas) suelen tener objetos recurrentes como herramientas de exploración del mundo, armas imaginarias, objetos que les otorgan poderes sobrenaturales: capas, varitas mágicas, un ejercito invencible de muñecos, tinas (que funcionan igual para bañarse que para navegar por el mar), paraguas (son excelentes como antenas parabólicas rastreando sonidos del espacio exterior), pianosaurios, guitarras de juguete.
Recuerdo que cuando era niño mi papá me compró un juego de microscopio, el cual incluía portaobjetos, pinzas y muestras de hormigas y tinturas. Entonces me creaba el ambiente de un laboratorio en un rincón del jardín donde solía jugar en las tardes de verano o después de la escuela. Con una amiga de la cuadra inventábamos pociones que nos permitirían volar y así viajar a otros lugares (aunque la poción fuera mero jugo de naranja con azúcar y colocarse en los ojos dos limones pintados a manera de visores); había muchos niños y siempre se armaban las “cáscaras” de fútbol, los juegos de las escondidas, el “stop”, los “encantados” o lo que aquí conocen como “pesca pesca”, los círculos formados en los jardines o patios llenos de tierra para contar cuentos de terror, en la noche, con luna llena. Nunca existirán mejores noches como aquellas, inolvidables y azules.
Los niños de mi generación vimos “La Guerra de las Galaxias”, jugamos en Scalextric, Tente, Playmobil, los juguetes Mi Alegría, crecimos con las caricaturas Don Gato y su Pandilla, la Pantera Rosa. ¡La Pantera Rosa era genial! Cada episodio era un viaje tremendo, como aquella en la que la pantera pelea contra un asterisco gigante o se come el escenario del fondo.
La música es un elemento importante en la vida de todo ser humano, y los niños no se quedan atrás. Una melodía puede generar miles de paisajes sonoros y videos mentales, servir como banda sonora de aventuras o generar la inquietud de crear tus propias melodías. No hay niño que no se embelece con la canción del Ratón Vaquero, que llore con La Muñeca Fea, que se acerque a un libro buscando “El tesoro del saber”. No hay melodía más dulce y hermosa que los cantos de la propia madre, suaves cantos que nos llevan a mundos de ensueños, tan poderosos que durante las noches de pesadillas pueden alejar a los monstruos debajo de la cama.
Los niños son seres abiertos a cualquier cosa nueva, esa es su naturaleza. La escuela castra los sentidos y los afectos, sin embargo abren los oídos y los ojos, la inteligencia se desarrolla si los niños tienen los maestros adecuados.
El mundo es más grande, eterno, mágico, incluyente, tolerante, democrático y la vida es leve y divertida vista desde la óptica de un niño. Quizá las personas que viajan por rumbos desconocidos en busca de nuevos horizontes no han perdido su alma de niño.
Hoy quise escribir sobre las maravillas que rodean a un niño, sus viajes mentales y sus objetos preciados. Tanto se escribe en los espacios culturales sobre literatura, pintura o música, palabras de intelectuales que sólo sirven para alimentar el ego de alguien más y que ya olvidaron su capacidad de asombro y su sed de aventuras.
Hoy (o el día que sea, no importan fechas) siempre debe vivir el niño que alguna vez fuimos. Tal vez olvidé detalles de la niñez, pero si alguno de ustedes recuerda algún viaje mental, agradecería me lo compartan.

1 comentario:

Seraphim dijo...

Interesante tu reseña de Zoé. No lo he podido escuchar, lo tengo y apenas y lo he oido, solo via lactea, paula y no me destruyas han sido victimas de la repetición continúa... juro ponerle más atención (Como cuando jure salir a correr todas las mañanas).