domingo, enero 20, 2008

Irse de pinta, actividad de primera necesidad

Muy cierto, estoy de acuerdo con Ferris Bueller. Apuesto lo que quieran a que muchos nos la hemos perdido de vez en cuando y muchos más la disfrutan al máximo. Pero en esta ocasión me centraré en esa gloriosa etapa de la vida que es “la escuela”… y le llamo gloriosa porque son los días en que el mundo es realmente nuestro, lo mejor de la vida es gratis, hay tiempo de sobra y poco sueño… y si queremos ir a la escuela, vamos, y si no, también.

Irse de pinta, brincarse la clase, como quiera que le llamen a esa sana actividad tan necesaria de vez en cuando, surge en el momento en que sentimos la llama de la libertad (porque el ser humano nace libre y sin pecado original ¿quién inventó esa mentira podrida?) y el hastío de la escuela está a punto de asfixiarnos en vida. Como seguramente muchos de ustedes saben, la escuela es un mal necesario en la existencia del ser humano (hombres y mujeres, para que no se ofendan unos u otras), en las aulas se concentra a un número de chavitos que sirven como carne de cañón del sistema, se experimenta con sus mentes al grado de convertirlos, o en genios o en verdaderos autómatas que más tarde comprarán lo que ven en la tele, se subordinarán a las órdenes de un patrón fascista y tacaño o bien, harán lo que el resto de la masa social haga; pero en las escuelas jamás crearán seres humanos racionales, creativos, socialistas, vanguardistas ni críticos: la escuela mexicana es un virus, de mala calidad y por si fuera poco, cara y aburrida.

Se preguntarán por qué a estas alturas y en este espacio afirmo lo anterior: es que no se trata de nada más que la verdad, desnuda y sin eufemismos. Fui a la escuela y admito que en su momento respetaba los horarios de clase, pero como todos, exploté y decidí saltarme varias clases. ¿Mal aprovechamiento escolar? Pues me fui de pinta muchas veces y no soy un ciudadano sin oficio ni beneficio, trabajo como todos y tengo que soportar cosas similares a las de las aulas; sin embargo disfruto de lo que hago, tengo para vivir. Por lo tanto, irme de pinta no dejó consecuencias graves, al contrario, me abrió los ojos y buenos recuerdos.

Por otra parte, la escuela es un universo pequeño con sus planetas, satélites, soles y lunas; sin omitir a los meteoritos, los cometas, las estrellas supernova, los hoyos negros y a veces también suceden los fenómenos como los eclipses. Ustedes saben a lo que me refiero. Así como hay jóvenes con un buen aprovechamiento –hay que aplaudirlos, por qué no-, que tendrán un futuro prometedor y exitoso, los hay quienes no piensan ni un segundo en su futuro, los que se salen con la suya y, como sucedió con mi generación, podrían llegar a puestos gubernamentales o empresariales como si se tratara del Premio Nobel de “Cualquiercosa”. El problema con la escuela es que los maestros aún se creen dueños de la verdad absoluta, repiten como perico todo lo que en años no han comprendido; si se trata de maestros de matemáticas, son tan fríos y cerrados que no admiten ningún otro procedimiento para llegar a un resultado exacto, aunque se llega al mismo resultado. Nunca hay oportunidad de emitir opiniones, mucho menos se dan las herramientas para hacer un correcto análisis, no inculcan el verdadero amor por las artes, la ciencia o la lectura.

Hay muchas cosas que podríamos discutir acerca de la escuela pero eso será tema de otro sueño. El irse de pinta puede ser una buena manera de huir de la monotonía pero se corre el riesgo de caer en la apatía y la desobligación. Como todo, el abuso trae consecuencias; el hombre tiene la capacidad de disfrutar al máximo de todo lo que el planeta y la vida le pueden brindar, pero también es muy fácil olvidarse de las obligaciones si uno mismo no sabe ponerse límites. La escuela puede ser aburrida pero si en casa no nos educaron a tener respeto por nosotros mismos, entonces llegaremos al punto en que las obligaciones nos vendrán valiendo dos cosas.

Irse de pinta debe ser un espacio para equilibrar el curso de la vida, para no olvidar quienes somos, que la vida tiene un sentido maravilloso, no sólo el estar en la escuela o el trabajo, hay que descubrir los callejones, los bares, las cinetecas, los foros de lectura, el antro, los hoteles de paso y las caricias furtivas, las humedades entre las piernas y en los labios (claro, con un condón en la mochila, mejor).
Hay una película muy buena -ochentena pero con un sentido del humor universal y atemporal- y que trata todo este asunto de irse de pinta: La Escapada de Ferris Bueller, experto en diversiones. Les recomiendo que la vean, personalmente, soy fan, además de un buen rato de diversión, la actuación de Matthew Broderick es soberbia, sin duda un personaje entrañable.

Existen muchos lugares para irse de pinta, por lo que respecta a Cancún; desafortunadamente en Chetumal es muy difícil ocultarse hasta de uno mismo. Precisamente hoy está haciendo un día maravilloso como para desperdiciarlo en horas de oficina… lo digo de corazón, pero si no trabajo, no como. Ya me daré la escapada de mi vida. Las mejores escapadas son las que no se planean y en eso radica el encanto de las “pintas”. A todos ustedes, disfruten sus “pintas”, escribanlas en su memoria, busquen y encontrarán cosas maravillosas más allá de la comprensión adulta y de su asombro adolescente. Porque sólo se es joven una vez y la vida es muy corta.

1 comentario:

Erid Lira dijo...

AWB AWB, Tienes mucha razon