lunes, junio 09, 2008

La vida en Technicolor, como en las películas… aunque la vida es mucho más difícil.

Alfredo: “Viviendo aquí día con día, piensas que es el centro del mundo. Crees que nada cambiará. Entonces te vas: un año o dos años. Cuando regresas todo ha cambiado. Los lazos se han roto. Lo que has descubierto ya no existe, lo que era tuyo se ha ido. Tienes que irte por un largo tiempo… muchos años… antes de que puedas regresar y encontrar a tu gente, la tierra donde naciste. Pero ahora no, eso no es posible, ahora eres más ciego que yo.”
Salvatore: “¿Quién dijo eso?, ¿Gary Cooper? ¿James Stewart? ¿Henry Fonda?”
Alfredo: “No Toto, nadie lo dijo. Esto lo digo yo. La vida no es como en las películas. La vida… es mucho más dura”.
Diálogo entre Alfredo y Toto en “Cinema Paradiso”, Giuseppe Tornatore (1988).
Protagonista de mi propia película. Muchas personas que me preguntan cómo veo la vida, les respondo que la mía es una historia en Technicolor, con sonido Stereo y a veces, en Cinemascope. Algunas otras quisiera reclamar al libretista el haber escrito episodios que no me han dejado buen sabor de boca. ¡Vaya!, ni siquiera utilizo dobles en las escenas de peligro, por eso tengo algunas heridas que van desde las leves hasta las graves.
¿Cuántos nos hemos identificado con algunas películas al grado de que hacemos nuestros los diálogos, las situaciones, la banda sonora y hasta el vestuario y los accesorios? Les aseguro que muchos y el que no se emocione con alguna escena memorable en la historia del cine, está muerto en vida.
Un cinéfilo es un clavado que tiene un gusto especial por el cine más conocido como séptimo arte, esta afición puede ser un pasatiempo y también puede convertirse en un experto analizador y crítico de filmes. Dicen que para ser un buen cinéfilo es preciso tener en cuenta muchos factores a la hora de analizar una película como: el guión, los actores, la escenografía y demás elementos técnicos y artísticos que componen la trama. Como el cine es un arte, la crítica y comentarios por parte de un cinéfilo es más una apreciación personal, basada en la información suministrada durante la proyección, para el cinéfilo es importante el disfrutar de cada uno de los elementos de la composición y del ambiente donde se proyecta el film.
Pero no todos pueden ser cinéfilos. Unos simplemente les gusta ir al cine y divertirse, no se clavan en la textura de la historia o huyen de las películas lentas al estilo de Ingmar Bergman (a mi gusto, es excelso), tan difíciles de comprender para quienes viven la vida de manera rápida y quieren historias digeribles, casi en frasco Gerber.
Veamos, citar cinco películas indispensables en mi vida resulta injusto pues, como el universo, el arte se expande hasta el infinito y la obra cinematográfica es vasta. No hay que limitarse con el cine hollywoodense, hay más en este mundo y no vivimos en una burbuja. Empezaré con “Crossroads” (Encrucijada), película de 1986 protagonizada por Ralph Macchio (el escuincle de Karate Kid) donde el protagonista es un guitarrista de blues. Esa “peli” fue la culpable de que decidiera volverme guitarrista por el resto de mi vida. “Star Wars”, aunque hollywoodense, influyó un poco en la creencia de galaxias muy lejanas, de tiempos civilizados y de que, en algún lugar del cosmos, sí existen alianzas rebeldes que luchan contra los imperios opresores y triunfan. En la vida real, el imperio oscuro está dentro de nosotros, La Fuerza fluye pero no sabemos canalizarla.
“Far Away, so close!” (Tan lejos, tan cerca) me llevó a volar por encima de las almas solitarias, insertó la obsesión por penetrar en los pensamientos de los que me rodean. “Modern Times” (Tiempos modernos) de Chaplin, es un claro ejemplo de que el cine no es sólo palomitas, glamour y melcocha a 24 cuadros por segundo: es revolución, es protesta, propositivo y educativo.


He relacionado momentos de mi vida con algunas películas, aunque la vida es más dura que en las películas. “Cinema Paradiso” es mi película favorita de todos los tiempos. Como Toto –el protagonista de Cinema Paradiso- tuve que salir de la ciudad que me vio crecer hasta la mayoría de edad, aunque no haya nacido en Chetumal. Me fui muchos años para encontrar mi destino y mi propósito en la vida. Tuve que regresar. Las cosas no eran como antes, no estoy seguro si es para bien o para mal; los viejos amores, los sitios, los bares, las calles, dejaban de ser míos y la gente que estaba en mi vida se había ido: ahora sólo quedan recuerdos en común. Y como en la película, tuve mi “cinema paradiso”: un viejo cine que también fue derrumbado, con las piedras se fueron las voces del pasado, testigos de divertidas matinée y lágrimas ocultas en la oscuridad de la función de las cinco de la tarde.
En una película los problemas se arreglan en segundos, mientras que en la vida real nos lleva días, semanas o meses. Hay escenas de peligro y gags, chistes involuntarios y una que otra mentada de madre (a huevo, si no, no sería película mexicana). Una película está incompleta sin escenas de amor, de sexo o de dramatismo… o ¿me van a decir que nadie de ustedes besa, seduce, hace el amor o simplemente, disfruta el paisaje natural del cuerpo ajeno?

lunes, junio 02, 2008

Voyeurismo existencial… ¿eres voyeurista de la vida o eres el protagonista observado?

“Tus ropas caen lentamente, soy un espía, un espectador; y el ventilador desgarrándote, sé que te excita pensar hasta dónde llegaré”. Persiana americana, Gustavo Cerati.


Desde que nacemos, la vida se presenta como una película a la cual le vamos entendiendo una vez que tenemos uso de razón. El cuerpo es un espacio temporal, nuestra casa del alma en la que se cocinan las miles de maneras de recorrer el mundo o descubrir los misterios de la vida; el alma que habita en la casa es curiosa, cuestionadora. Observadores por naturaleza, nos extasiamos ante imágenes y sucesos que satisfacen nuestra curiosidad, influyendo en nuestro conocimiento del mundo y del medio que nos rodea.
No me referiré al voyeurismo dentro del plano sexual sino del existencial, al hecho de ser quienes somos, qué hacemos y a dónde queremos llegar. Si son seguidores de Sartre, me temo que no ahondaré en el existencialismo per sé. Un poco de ambas. Menciona la Wikipedia: “El voyeurismo es una conducta caracterizada por la contemplación de personas desnudas o realizando algún tipo de actividad sexual con el objetivo de conseguir una excitación sexual (delectación voyeurista).” Veámoslo a la inversa, con personas vestidas y realizando una actividad no precisamente sexual. Simplemente viviendo la vida de manera normal.
Contemplar la vida, tomar los elementos que de ella emanan: sensaciones, emociones, ideas; la simple observación de las personas es una actividad que nos produce placer y al mismo tiempo, retroalimentan nuestras ganas de saborear la vida. Nos fascina contemplar el curso de los días ajenos, días grises o soleados en donde los secretos a voces son la constante en este mundo globalizado.
Echamos mano de revistas, periódicos, programas de televisión (desde los noticieros a los “reality shows”) tan sólo para meternos dentro de la vida de las celebridades. Pareciera como si nuestras vidas fueran tan aburridas que tenemos que robar la vida de los demás. Tal vez no es el caso de muchos de nosotros.
Por otra parte, somos protagonistas de nuestra propia película a la cual asisten miles de personas a verla. El guión lo determinan las decisiones que tomemos frente a los problemas que acontecen día a día; hay banda sonora en sonido cuadrafónico y fotografía en Technicolor. Expulsado de una iglesia a la cual no pertenezco ni perteneceré, cometo el pecado de realizar mis cortometrajes de manera pausada, renegando de toda existencia divida (porque seguramente, si existe un ser superior, éste es un voyeurista universal).
Observar y ser observados. Tomar las riendas de nuestra vida y correr el riesgo a darnos en la madre. Contemplamos la vida y tomamos riesgos o simplemente nos arriesgamos a perderla. Quizá el encanto de la paradoja a la pregunta que planteo al principio de este artículo es que pueden ser ambas: vivimos la vida y la observamos o somos protagonistas de nuestra historia mientras somos observados por aquellos quienes temen arriesgarse a vivir. Por ejemplo, cuando una mujer nos gusta (u hombre, según sea el caso), elegimos una opción de entre cientos, casi siempre terminamos: o nos acercamos y expresamos nuestro sentimiento, o simplemente callamos, contemplamos y observamos cómo esa mujer se va con otro más “aventado”. Lo mismo sucede con las oportunidades en la vida.
Hay que vivir, dejarse observar pero sin que se viole nuestro espacio vital. Observar es tan placentero que nos estimula a buscar más de la vida, de nosotros mismos y de los demás. Ya quiero tomar más riesgos y vivir, observaré un rato más… y luego me iré a volar por el mundo.

miércoles, mayo 28, 2008

Al Anónimo que escribe...

Hay que llamarse anónimo para lanzar una piedra de intolerancia y de una cultura corta, de visión limitada a lo superficial y que obedece a los designios de un dogma o un sistema de gobierno.

Hay que ser anónimo para gritar "estúpido" sin dejar huella de su existencia, porque el nombre te identificará como lo peor que le puede suceder a la raza humana: ignorancia.

Hay que ser anónimo para defender su propia estulticia sin mancharse con la razón científica y social.

anónimo es aquel que lanza golpes sin tener condición física... anónimo es un cobarde disfrazado de intelectual... anónimo eres cuando tus impulsos dominan la razón al momento de criticar toda ideología

lunes, mayo 26, 2008

Y a ti… ¿qué te preocupa realmente?


Seguramente hace unos veinte años, a los niños de mi generación nos aterraba que el fin del mundo en medio de una guerra nuclear o que alguien de nuestra familia fuera a contagiarse de esa extraña nueva enfermedad que, según decían, era exclusiva de los homosexuales. A los niños mexicanos nacidos en la década de los 70 nos tocó ver por la tele las imágenes de muerte y destrucción a causa del incendio en San Juan Ixhuatepec, en noviembre de 1984, y por medio de la tecnología acudimos a ver el panorama de escombros en una ciudad de México que se desprendió desde sus cimientos, una mañana de septiembre de 1985.
Dejábamos de ser niños y la adolescencia hacía sus crueles travesuras abriéndonos los ojos a una realidad a medias. El miedo a una guerra nuclear se convirtió en recuerdo onírico para comenzar a sentir los primeros “ayes” de dolor de nuestro planeta: muerto Cobain, ya no existía el “grunge”. Ahora que recuerdo bien, nuestro temor más grande era terminar haciendo algo que no nos gustaba: dejar de soñar para convertirnos en un Pedro Picapiedra. Nos preocupaba que el verde se secara y que nuestros hijos crecieran en un desierto de dudas y sueños evaporados. Ahora tengo más años que antes y algunos temores pululan alrededor de mi ser; las preocupaciones son distintas, no sólo en mi sino entre el resto de mis amigos y conocidos.
Pero, ¿las generaciones jóvenes tienen alguna clase de preocupación? Se los ve tan sonrientes, despreocupados, posando para vouyeristas anónimos en sus metroflogs y consumiendo grandes cantidades de aire para no engordar. Al parecer a los más jóvenes no les interesa nada en lo más mínimo. Hedonistas e individualistas, a la generación actual le preocupa más qué se va a poner mañana para ir a la escuela, si acaso le llegaron chorrocientos mensajes a su celular; si es mujer se preguntará si acaso el licuado de mamey que tomó en la mañana es bajo en grasas o si leyó el capitulo correcto del “libro de autoayuda para exitosos miserables”. Por el contrario si es hombre: se convierte en artista cibernético en espera de que alguna televisora lo convierta en una celebridad que, más tarde, será desechada como papel higiénico; o decide entrarle a las chelas todos los fines de semana, ensayando la mejor pose en lugar de un buen argumento para justificar la tarea no hecha.
Comprendo que las preocupaciones son relativas en su mayoría, e igualitarias en algunos casos, por ejemplo, ¿lloverá esta semana?, ¿voy a vivir mañana?, ¿qué voy a comer hoy? No creo que todos nos preocupemos por una camisa mal planchada o porque no tenemos el reloj de la marca de diseñador, el último grito. Pienso, más bien, en una marea que nos arrastra si no sabemos aferrarnos a nuestra verdadera esencia humana. A veces las preocupaciones nos absorben al grado de volvernos parte de una masa preocupada, precisamente, en simplemente vivir.
Los tiempos, la sociedad que vive en una época determinada, podrían establecer esas preocupaciones en la vida humana-consumista de principios de siglo. Vivir bien, con el trabajo asegurado, sin pensar qué voy a comer mañana: vivir al día y nada más.
No sugiero para nada clavarse en la textura de los problemas por el resto del día. Carpe Diem, Hakuna Matata. Estoy de acuerdo pero, de vez en cuando, detenernos a pensar en la decisión que tomemos sobre nuestras acciones y sus consecuencias. Es bueno preocuparse en el futuro porque trazamos una serie de objetivos a cumplir, pero matemáticamente, un pequeño error puede influir en nuestro futuro.
Nos hemos vuelto individualistas y hedonistas, valoramos los momentos de la vida y a sus protagonistas con base a la cantidad de ceros en su cuenta bancaria, lo hermosos que se van y porque nos hacen “pasarla bien”, sin broncas. Sin embargo nunca está de más detenernos a reflexionar sobre el mundo y lo que nos rodea. Seguramente no se compara a los temores que tuve de niño: la guerra nuclear entre EUA y URSS, el SIDA, la contaminación ambiental, guerras religiosas en Medio Oriente, dos terremotos y una explosión; pero los tiempos actuales parecen una playa que muestra las huellas bajo las olas, marea baja de reacciones sociales e idearios sociales.
La generación actual está despolitizada, padece del síndrome de “mevalemadre”, prefiere la inmediatez y lo efímero “para no tener que cargar con la culpa ni dar explicaciones” y no se preocupa porque, el mañana no existe. Es cierto, ya no hay futuro seguro en México y no me limito a la violencia sino en todos los sectores: no hay salud ni asistencia social para quienes lo necesitan, no hay empleos dignos ni para los graduados de las universidades ni para el que no llegó más que a sexto grado de primaria.
La verdad es que las preocupaciones acerca del mundo que nos rodea cambian con el paso de los años. Cada generación enfoca sus preocupaciones hacia ciertos elementos de la vida cotidiana o del acontecer mundial; no obstante, se ha perdido el interés por todas las cuestiones humanas y cada vez nos preocupamos por los artículos de consumo, los sueños de opio y los castillos en el aire.

Entre la fidelidad y la lealtad se debate el dulce veneno del amor

“Un bello amor sin un final que olvide para perdonar; es más fácil encontrar rosas en el mar”. Luis Eduardo Aute, Rosas en el mar.

A mí, las cuestiones del amor me pasan sin pena ni gloria. Seguramente se debe a que el amor ha estado ausente en mi vida desde hace algunos años, o más bien, me he tomado un largo año sabático involuntario. Creo que me conservo en buena salud pues el amor es una enfermedad que presenta los mismos síntomas de la locura. Si enlistara las razones por las que he dejado de creer (o vivir) en el amor, la primera razón sería “la infidelidad”. Pero ahora que lo razono, la fidelidad no existe en ninguna relación humana, ya sea de carácter religioso, familiar o amoroso.
La enciclopedia virtual Wikipedia define la fidelidad como “una noción que en su nivel más abstracto implica una conexión verdadera con una fuente o fuentes. Su significado original está vinculado a la lealtad (de una persona para con un señor o un rey) y la atención al deber. La palabra "fidelidad" deriva de la palabra fidelitas (latín), y su significado es servir a un dios.” Yo no le soy fiel a ningún dios o semidios, ni siquiera le he sido fiel a mis ideas primordiales como “vivir del arte por amor al arte”, tampoco profesaría fidelidad por un rey porque aún creo en la democracia republicana.
De la misma manera, la lealtad se describe como “la cualidad de aquellas personas que acatan las leyes o cumplen los acuerdos, tácitos o explícitos. También se aplica a la conducta de ciertos animales que tienen especial relación con los seres humanos, como los perros o los caballos.” Somos animales, racionales dicen unos, pero al final animales, con pasiones. Unos han creado la imagen de un dios para sentirse superiores al resto de los seres vivos.
¿Conviene creer en la fidelidad en las relaciones amorosas? Es relativo. La mayoría cree que la fidelidad se ha roto infinidad de veces, precisamente porque es un compromiso espiritual de respetar a una persona, pero no lleva el peso del respeto hacia la otra parte.
La fidelidad es una capacidad espiritual y, cada vez más, el mundo pierde el espíritu para entregarse al irresistible poder del dinero, de las cosas materiales.
En cambio, la lealtad es un valor cívico y ético que conlleva un compromiso con nosotros mismos y con la otra parte, ya sea pareja hetero u homosexual, no importa. Nos cuesta mucho trabajo cumplir con un compromiso espiritual porque es algo que no tiene sustento lógico ni material, sin embargo, ser leal a una persona con la que comprometemos, no sólo espacio vital, humedades y el espacio corporal donde se lleva a cabo el acto amoroso sino también nuestros valores cívicos y éticos o hasta familiares.
El que es fiel puede sufrir cambios en sus ideas y en su manera de sentir. El ser humano, egoísta y curioso por naturaleza, no puede permanecer atado a un espacio y a un tiempo, necesita de la libertad espiritual y física para crecer. En la adolescencia es impensable una fidelidad porque el adolescente cada vez quiere más de lo que el mundo y la vida le ofrecen; el hombre siempre ha tenido la etiqueta del ser más infiel pero las mujeres no pueden cantar victoria. Hombres y mujeres son tan imperfectos en la medida de su nivel cultural, social u hormonal (recordemos que ambos sexos estamos programados por la naturaleza para reproducirnos y preservar la especie).
Se puede jurar fidelidad a la patria pero muchos estamos dispuestos a vender un pedazo de terreno mexicano con tal de salir de pobres, así que no podemos hablar de valor moral. La moral en estos días es lo que menos importa y nada tiene que ver con dios o cualquier entidad sobre natural, es cuestión de ética, de cómo se maneja uno en la vida.
El amor muta, es egoísta y asesino.
Creo que el espíritu se nutre de las experiencias de vida, habrá quienes crecieron con la fe en Dios, otros crecimos con la fe en la razón. El amor es como uno de tantos exámenes en los que se pone a prueba la experiencia adquirida en la infancia, el pretexto por excelencia para reproducir a la especie humana.
Ser fiel a la pareja es un suicidio seguro del alma humana. Ser leales a los compromisos adquiridos con la pareja es más razonable y sano para una relación armoniosa, dicen los que saben, que ello asegura el éxito en las relaciones.
Pero como mencioné al principio de este texto, me he retirado a un “año sabático involuntario” en las experiencias amorosas. Siempre he respetado a mis parejas sentimentales en su momento, tampoco hablo de ser un picaflor sino de respetar la figura del otro, su lugar y las cosas que ha entregado, su figura humana y espiritual.
Pero ser fiel, amigos míos, como cantaba Massiel: “es más fácil encontrar rosas en el mar”.

martes, mayo 13, 2008

Al maestro… ¿con cariño?

“Cuando crecimos y fuimos a la escuela había algunos profesores que habrían hecho cuanto fuese posible para herir a los niños, derramando su burla sobre cualquier cosa que hacíamos y sacando a relucir todas sus debilidades, por más cuidadosamente que los chicos las ocultasen. Pero todo el mundo sabía en la ciudad que cuando llegaban a casa por la noche sus gordas y psicópatas esposas les madreaban casi hasta matarlos.” Roger Waters, (The happiest days of our lives), The Wall (1979).



Es difícil empezar a escribir una introducción a temas que, por remitirnos a episodios pasados, supondrían un vómito verbal en la cara de ciertos personajes oscuros de la vida de cada uno de nosotros. Podríamos regalar un poco de sinceridad y afirmaremos que a nuestra vida llegan personas que dejan una huella indeleble, influyendo de manera positiva en nuestros hábitos y forma de vida. No obstante, también los hay quienes deseamos que todos los malos karmas del mundo caigan sobre aquellos que, durante horas y horas, asesinaron nuestras mentes infantiles con clases vacías e insulsas: los maestros.
¿Podríamos enumerar cosas buenas que hayan realizado los maestros sindicalizados? Me temo que no, excepto que se ganan una “lanota” inventando enfermedades y accidentes para no asistir a clases, eso sí, cobrando puntualmente cada quincena (todos queremos ganar mucho por hacer nada).
Las opiniones se dividen. Hay maestros comprometidos con la labor magisterial, otros simplemente enseñan; hay maestros que educan, otros disciplinan a palos; los hay quienes impulsan a sus alumnos a razonar con la práctica y la experimentación del método, hay otros que obligan a los alumnos a repetir conceptos cual vil pericos. Ejemplos hay muchos. ¿Tienen idea de a quienes elijo y elogio?
Desde la escuela primaria hasta el bachillerato, los maestros trabajan al servicio de un sistema que no forma seres pensantes sino esclavos al servicio del Estado y las corporaciones; deformadores de consciencias, crueles inquisidores de los sueños de miles y miles de niños que llegan a la escuela con la ilusión de aprender y que, cuando no han provocado aún el daño irreversible en su mente, se dan cuenta de que la escuela y la “educación” recibida, es una porquería. Aún lo es, peor aún más cuando una organización secreta de ultraderecha ideológica y medieval se ha colado hasta el interior de la Secretaría de Educación.
Haré algunos recuentos que mi memoria ha almacenado durante años. Fue en quinto grado cuando, en una primaria de Chetumal a la que asistía (horrorosa, por cierto) en los años ochenta. Llegó un maestro asignado a la “educación cultural” a mi salón, acompañado de la directora; tenía el aspecto de un psicópata, moreno, de bigote y con una mirada fría, semejante a los ojos de Michael Myers, el asesino de la película “Halloween”. Una vez que la directora salió del salón, todos comenzamos a brincar y a lanzar preguntas al maestro, cosa natural en los niños porque se entusiasman al ver a una persona nueva en un territorio que cree “suyo”, y lo es. Pero, fue grande nuestra sorpresa cuando el tipejo azotó la mano sobre el escritorio y nos gritó “¡ahora se callan o van a saber lo que es bueno bola de mocosos!”. Pasmados, sorprendidos, yo me llené de pánico y desee salir corriendo del salón. De inmediato, tres o cuatro chamacos –que ahora son delincuentes reincidentes- se pusieron al servicio del remedo de profesor, haciendo las veces de “policía del salón”. Hubo niños que no se dieron cuenta de la magnitud de la situación y continuaron con sus bromas, propias de la naturaleza infantil, y uno hizo un chiste inocente; el tipo le ordenó a los “compañeros traidores”: “¡tráeme a ese baboso!”, obedeciendo al “maestrillo”. Una vez que el niño estuvo cerca de aquel, lo tomaron de la cara, apretó su boca con tal fuerza que el niño se quejó y le dijeron “ahora vas a entender quien manda aquí, mocoso insolente”. Y existen casos peores que la opinión pública debe saber pero que nadie, como siempre, hace nada al respecto.
Suspender a los maestros violentos no es una solución, yo propondría, más bien, colgarlos de los dedos a pleno sol. La educación en México es de estilo medieval, recuerden la humillación a la que constantemente nos sometieron en las aulas, mirando a la pared en una esquina. La lista de humillaciones es extensa y la educación muy corta de visión y misión. Los maestros se venden al mejor postor, son capaces de romper páginas importantes de los libros de biología –bajo las órdenes de la Iglesia Católica- para que los alumnos no reciban la educación sexual completa y adecuada.

De nuevo, ejemplos dentro de la obra de Pink Floyd
La segunda y más famosa de la trilogía de los "Brick In The Wall". Esta parte continúa describiendo los días de escuela de Pink, continuando la historia donde "The Happiest Days Of Our Lives" termina. Contrario a la creencia, esta canción no es en contra de la educación sino más bien, es en pro de la individualidad. Cuando los niños cantan "We don't need no education" (Nota: en ingles no existe la doble negación, así que una doble negación se convierte en una afirmación, cosas del idioma) en realidad significa "We need education". Ellos no hablan de la educación como un todo, sino del tipo de educación que están teniendo en sus vidas. No necesitan maestros que les digan cómo pensar, que controlen sus pensamientos ("No thought control", ellos no necesitan ser ridiculizados por sus errores ("No dark sarcasm in the classroom"). La idea básica es que los maestros deben enseñar no fabricar conformistas, y esto puede ser mejor visto en la película. Todos los niños marchan por los salones llevando máscaras iguales, caminando al mismo paso. Básicamente, los niños no tienen individualidad, ellos caminan sin mirar hacia su infortunio (la moledora de carne al final de la cinta transportadora). En la película hay una revolución contra los maestros opresores, no contra la escuela o la educación. Debido a los maestros Pink pone otro ladrillo en la pared.
El punto es que Roger quería demostrar cómo la conformidad está siempre aún cuando seamos unos niños y aún cuando nos estemos revelando. "Esos niños hacen lo que se les dice que hagan". Este punto es definitivamente poderoso. Una de las grandes frases de la película se menciona durante esta canción: "If you don't eat your meat, you can't have any pudding" (“si no te comes la carne, no hay pudín”). Puede haber mucha interpretación en esto. Primero se puede pensar que significa que si uno no se esfuerza en los tiempos difíciles de la vida, entonces no obtendrá ninguna recompensa, pero también hay otra interpretación, como la de ser sodomizado por el sistema. Por supuesto Pink no quiere el "pudín" que el sistema cree que todos deberían tener y ciertamente no quiere "comer la carne" (eat your meat) para obtenerlo. Todo se enlaza en el anti-individualismo y conformismo a ser "condenado", tema que fluye durante todo el álbum.
Y así, estimados lectores, hay muchos maestros de tal calibre. Personalmente guardo recuerdos entrañables de muchos profesores de tuve en la universidad y de quienes aprendí valores, me formaron una crítica y hábitos que hasta la fecha forman parte de mi vida. Pero de los maestritos del sistema, no guardo más que un amargo recuerdo y me declaro, sin pena y con ética en pro de la educación de calidad, científica, humana y socialista, en contra de ellos.

lunes, mayo 05, 2008

Hay mamás a toda madre, y las hay con poca…

"Mamá va a hacer que todas tus pesadillas se hagan realidad, Mamá va a poner todos sus miedos en ti, Mamá te va a tener aquí bajo sus alas, No te dejará volar pero quizás te deje cantar; Mamá va a mantener a su bebé cómodo y cálido." Mother, Pink Floyd (1978).

Madre, el primer amor en la vida de todo ser humano. Cómplice y a veces delatora ante nuestros padres. Las mamás son ese rincón secreto donde nuestros primeros años de vida se envuelven con la calidez y el amor que nadie, nunca más, volverá a brindarnos. Hay madres que son “la neta”, algunas tan consentidoras que “se pasan de la raya” y otras que son tan frías como un museo antiguo. Tengo amigos que aún se dirigen a sus “jefas” con total respeto, de “usted”. Yo le digo “mami”, “jefa”, “mamá”; otros llaman a la suya por su nombre. Hay quienes nos la recuerdan a diario.
Lo cierto es que los seres humanos llegamos al mundo gracias al esfuerzo de nueve meses que se avientan nuestras mamás.
Sin entrar en el cliché del diez de mayo, a ellas no hay que festejarles una vez al año sino todos los días. Ahora bien, así como hay progenitoras que han influido de manera positiva en nuestra personalidad, las hay quienes han creado verdaderos monstruos, casi como una extensión de lo que ellas son. Con el debido respeto que se merecen, haremos una “breve” exploración al mundo de las “mamás malvadas” (o como diría mi “jefa”: “una mamá ruin”).
Yo creía que una mamá malvada era aquella que nos obligaba a comer cereal, sopa y los hígados encebollados simplemente para castigarnos y no dejarnos salir a jugar con los amigos, pero después me di cuenta que lo hacía por nuestra buena salud. También creí que las mamás perversas eran aquellas que nos torturaban con las tareas de las “decenas y centenas de manzanas” cada tarde de nuestra niñez, pero tampoco se trataba de eso, sólo nos inculcaban el razonamiento matemático de manera práctica y divertida (como cuando nos enseñaban a sumar en el ábaco).
Sí hay madres verdaderamente malvadas. Son esas que abandonan a sus hijos a la suerte, cuando se olvidan de su obligación educadora y formadora de valores humanos, de brindar amor y respeto. Madres que, obsesionadas con la belleza física, viven en la carrera infernal contra el tiempo y viven la vida desenfrenadamente, olvidando a sus hijos ante la “nana televisión”.
La madre ha estado más que cuidada por los mitos, leyendas y narraciones populares. Si revisamos la bibliografía literaria vemos como no ha habido una figura real de madre malvada, únicamente se nos muestra la imagen de una madre no biológica, de la vil madrastra, que es la que simbolizaría realmente a la mala madre. Parece como que la madre benévola, sacrificada por su casa, sus hijos, su marido, con un cariño sin reservas, una madre que traga, que se guarda la pena y la pesadumbre, fuese la imagen segura que aguarda en nuestra idea de maternidad, y más que un ideal, resultase ser una verdad absoluta, incuestionable, natural e instintiva.
Los relatos de autosacrificio dejan entrever un cierto resentimiento y se mezclan paradójicamente con las narraciones que apuntan hacia ese amor desinteresado de las madres hacia sus hijos y de los esfuerzos de éstas, fruto de ese amor desmesurado. Parece como si, seguidamente a la descripción de dicho sacrificio, no se asumiese como tal, sino que fuese un empeño por verbalizar la "creencia de que ese sacrificio es fruto del amor", es decir, el "mito del amor sacrificado", y no fruto de una exigencia social, un esfuerzo que pesa y que no se asume con la resignación que parece asumirse. Este esfuerzo soberano está unido a la "creencia de que todo amor pasa por un sacrificio", que si se ama se sufrirá y que para amar hay que sacrificarse, entendiendo aquí por sacrificarse la reducción de un espacio para la propia realización personal, a favor del beneficio y la dedicación del otro. Esta creencia en el sacrificio puede haber servido para mantener dentro del hogar a las madres, ya que este acto no estaba rodeado de una connotación de castigo, sino que más bien se abrigaba bajo argumentos que premiaban dicho sacrificio.

Un ejemplo contemporáneo: Mother (Pink Floyd, The Wall)
La película The Wall es una historia semi autobiográfica acerca de un niño que pierde a su padre en la guerra y es criado por su sobreprotectora madre. El niño crece con una soledad que lo hace no acomodarse en la sociedad. Se siente atrapado por un ambiente protector mientras es evitado por los hombres alrededor de él. Roger Waters opina al respecto: "Si tu puedes elevar una acusación contra las madres, es que ellas tienden a proteger a sus hijos demasiado. Mucho por mucho tiempo. Esto no es un retrato de mi madre, aunque una o dos de las cosas que ahí aparecen se le pueden aplicar a ella así como a un montón de madres de otras personas"

Mother, si bien no es un tema que acompañe la ternura en la letra, si lo hace en la música. La letra es bien cercana a la crítica a la sobreprotección de las madres, específicamente la madre de Pink. Abstrayéndonos de la concepción convencional de la madre, puede ser provisto este mensaje de una connotación social mayor, respecto al gobierno, religión, sociedad en general como entes de represión a los individuos, controlando y regulando la libertad de ser de los jóvenes, tema manejado mas claramente en Another Brick In The Wall, y argumentando tácitamente lo que es cada ladrillo en la pared, definiendo en Mother un ladrillo más.

La sobreprotección provoca daños irreversibles a largo plazo en cada niño (o niña), pero también la falta de atención y el maltrato psicológico que una madre joven (soltera la mayor de las veces) ejerce sobre la criatura. No quiero desmitificar el papel de la madre, conciente de que muchos grupos feministas arremeterían contra mí (sin fundamento lógico), pero les invito a investigar sobre casos de maltrato de madres hacia hijos no deseados, deseados y hasta ajenos.
Y repito, hay madres muy chidas, esas merecen un día especial durante toda su vida. No hay amor más grande ni más desinteresado que el de las mamás.

martes, abril 29, 2008

El arte al alcance de todos: reflexión sobre una iniciativa institucional

CHETUMAL.- La iniciativa del Secretario de Cultura de instalar y exponer las obras de los creadores del estado en diversas áreas de dependencias de gobierno y, de manera permanente, en los corredores del Centro Cultural y de Bellas Artes de Chetumal, resulta buena si con eso se incentiva el trabajo de los creadores, al mismo tiempo que la población se le brinde el acceso a las diferentes manifestaciones de la plástica y las artes en general.
No obstante, las reacciones del sector burocrático serán las mismas de toda la vida (esos que exigen cuentas claras del dinero que se gasta y que, como es de esperar, desean llevarse tal dinero a sus cuentas personales en lugar de beneficiar al pueblo) como es de esperarse: “es un gasto innecesario que no beneficia al pueblo que exige mejores viviendas y trabajos bien remunerados, el pueblo no sabe de arte ¿cómo podrán apreciar las obras?, en las comunidades alejadas no tienen qué comer”.
Veamos, a las comunidades alejadas se les mal acostumbró a recibir todo regalado durante 75 años y jamás les llevaron una educación de calidad; el gasto innecesario lo genera un seudo-artista que deja fierros en cada ciudad del mundo y, lo más fácil es que para que una persona común (entiéndase “común” como una persona que no se dedica al arte) comprenda las obras de arte es que reciba una educación de calidad, con una orientación artística sólida y no se limite a los trabajos manuales que tanto incentiva la Secretaría de Educación Pública.

En este país y en el resto del mundo globalizado y estandarizado en el mismo estilo de vida, las artes y la cultura son lo que menos importa a la clase burocrática. Encontrar un burócrata realmente interesado en impulsar el desarrollo artístico de una localidad, sería como hallar un garbanzo de a libra, así haya tenido formación artística o sea un amante del arte. Supongamos que sí lo hay pero el aparato gubernamental se encargara de acabar con su espíritu. La burocracia, como se dice popularmente, “no picha ni cacha y ni deja batear”.
Hay algunas cuestiones que deben tomarse en cuenta para llevar a cabo la exposición de obras al aire libre y en los diversos espacios que se presten para tal fin. Primero, garantizar la seguridad de las obras de arte en su totalidad. En Chetumal hay demasiada ignorancia traducida en vandalismo y no hablo de los “graffiteros”. La misma ignorancia impide tener conciencia de las horas de trabajo que toma crear una obra de arte, porque no se trata sólo de inspiración sino también de horas en vela y la conceptualización de una idea. Para acabar con ello, los profesores deben hacer su trabajo correctamente (dejen de inventar enfermedades y cobrar cada quincena haciendo nada), pero sobre todo, hay que crear un cuerpo de guías capacitados en la apreciación artística que pueden ser los mismos estudiantes de las escuelas de arte. También hay que sancionar el vandalismo, a la vez que la vigilancia de las obras se realice con personal de la misma secretaría de cultura y no de cualquier vigilante empresarial o un policía.

Segundo, estimular en las escuelas públicas la visita guiada a las exposiciones, desde los niños de preescolar hasta los estudiantes de bachillerato, de manera gradual y didáctica. Los niños son esponjas que absorben toda la información que reciben, tampoco son tontos, tienen la sensibilidad para apreciar el arte con la guía adecuada a su edad. En lo que respecta a los estudiantes de secundaria y bachillerato, demostrar que el arte puede ser divertido es un reto que hay que enfrentar y vencer. Las escuelas de arte de la secretaría deben ser verdaderas incubadoras de artistas y creadores intelectuales y no una fábrica de obreros del entretenimiento al servicio de la realeza (inexistente).
El arte es vanguardia en todos los sentidos; es como la energía: no se crea ni se construye, sólo se transforma. Trasciende en el tiempo convirtiéndose en el eco de un momento histórico de la sociedad, su identidad cultural y de la visión personal de hombres y mujeres sobre el acontecer social. Pinceles y lienzos seguirán siendo el elemento análogo por excelencia de la plástica, como lo es el barro, el hierro, la piedra y la madera. La fotografía digital y el empleo de las nuevas tecnologías deben tener cabida en la comunidad artística, lo cual ya es un hecho en otras entidades del país. Un artista anacrónico es como una mosca frente a la ventana cerrada: no avanza porque no se da cuenta que un elemento no la deja avanzar hacia el exterior.
Asimismo, el arte debe estar al alcance de las masas, no limitarse al mero círculo social de la clase alta y “snob”, y esta iniciativa beneficiaría a la formación humana de los ciudadanos. Más de un intelectual pondrá el grito en el cielo pero el arte no se limita a colgarse de una pared ni a los cócteles en fríos museos; yo no le llamaría “populismo” al hecho de poner el arte al alcance del pueblo.

Los edificios gubernamentales y centros de convenciones sólo son un montón de piedras erigidas en memoria del ego, intrascendentes como la existencia de seres sumidos en el sofismo (a la manera en que Platón calificaba a los sofistas), recintos donde sólo unos cuantos acceden. Los espacios artísticos y culturales son una necesidad más que un lujo.
Hay muchos artistas jóvenes a la espera de la apertura de espacios y foros en donde mostrar su trabajo, creadores subterráneos independientes y que sólo encuentran puertas cerradas por aquellos nativistas conservadores y anacrónicos que mucho daño provocan en la sociedad. El futuro cultural del estado está en las nuevas generaciones y en la oportunidad que se les brinde en esta nueva etapa. La burocracia y los intelectuales de café pueden seguir leyendo en el fondo de sus tazas, sólo encontrarán la cuenta de lo que se bebieron durante tardes enteras.

lunes, abril 28, 2008

Ecos de hace cuarenta años: Serrat y el conflicto de Eurovisión



Los años pasan y el mundo gira sin detenerse. El siglo XX se fue como llegó, dejando cicatrices de guerras, huellas de pasos revolucionarios y el aroma a hormonas, marihuana y flores en el pelo, sin olvidarnos del avance tecnológico hacia fin de siglo. 1968, sin duda, es el año que marcó a occidente, a México y los acontecimientos de ese año turbulento dejaron una marca indeleble en la memoria colectiva de una sociedad que corre el grave peligro de caer en las mismas atrocidades. Este es uno de muchos recuentos de aquél 1968.

Entremos en materia… el conflicto de Serrat
En 1968 se anunció que Serrat sería el representante de España en el Festival de Eurovisión. En cuanto a la canción a interpretar, se barajaban dos: "El titiritero", del propio Serrat, y "La, la, la". Al final se decidió que la representante de España fuese esta última, al considerarse más festivalera. El tema no fue compuesto por Serrat, sino por Manuel de la Calva y Ramón Arcusa (el Dúo Dinámico), quienes, sin embargo, al componerla tuvieron en mente algunos temas y el estilo poético por los que se habían destacado las letras de Serrat: el canto a las cosas sencillas de la vida: la madre, la tierra, el despertar de un nuevo día, la naturaleza...
Serrat comienza a recibir muchas presiones de algunos miembros de la Nova Cançó y de otros sectores catalanistas por cantar en castellano. Ante este clima de quejas, Edigsa decide posponer el lanzamiento de su segundo disco .
El 8 de marzo se emite un programa especial en Televisión Española titulado "Así es... Así canta... Así compone... Joan Manuel Serrat", para promocionar en televisión al recién nombrado representante en Eurovisión. Canta cuatro temas en catalán y los tres que hasta el momento había grabado en castellano: "Cançó de matinada", "Paraules d'amor", "El titiritero", "Me'n vaig a peu", "Mis gaviotas", "Poema de amor" y "Ara que tinc vint anys".
Tras grabar la canción en estudio en varios idiomas (y hacer el equivalente de entonces a los vídeo clips actuales) destinadas a distintas cadenas de televisión europeas, el 25 de marzo se anuncia que Serrat no iría a Eurovisión si no es cantando el "La, la la" en catalán. La versión más extendida —y que Serrat nunca ha negado— sobre a qué se debió este insólito hecho es que Serrat había decidido no cantarla si no podía hacerlo en catalán, a modo de plante que pretendía llamar la atención sobre la situación marginal en la que se mantenía a la lengua catalana. Para otras personas, sin embargo, fue una maniobra publicitaria. Así, según indica Ángel Casas en su libro 45 revoluciones en España, lo que realmente pasó es que su representante, José María Lasso de la Vega, decidió hacer un intento para que el cantante recuperara su público más catalanista, que estaba, poco a poco, perdiendo. Se trataba de que Serrat cantara un verso de la canción en catalán durante el festival. El audaz manager pensó que la mejor manera de conseguir eso sería decir que el cantante exigía cantar toda la letra en catalán para, más tarde y tras una supuesta negociación con las autoridades, llegar a un acuerdo que le permitiera al menos cantar el ansiado verso y contentar así a la audiencia «de casa». Sin embargo, este plan falló.
Parece ser que al régimen franquista no le gustó nada la idea, lo que le valió a Serrat un prolongado veto en la radio y la televisión nacional. Su puesto en el festival fue cubierto por una jovencísima Massiel, que sólo tuvo unos pocos días para ensayar y promocionar la canción y que además se llevó el premio con el mismo tema.
Cuando Joan Manuel empezó a cantar, por 1965, como todos los cantantes que se expresaban en catalán, estuvo señalado por el dictador dedo franquista. Era entonces un Joan tierno, adolescente, inocente, arrullador, todavía con sus pecas y con el inconformismo y la lindura propia de los pocos años.
Cuando más tarde decidió cantar en castellano y firmar sus discos como Juan Manuel. El mal llamado charnego, también estuvo señalado como "esquirol", por algunos de sus compañeros de "La Nova Cançó" y por los sectores mas catalanistas (que no catalanes) de la época. Cantar en castellano hizo que mucha más gente, no sólo los catalanes, pudiesen disfrutarle. Y se abrió la antigua veda del mercado nacional a sus discos.
Sin embargo, y debido al conflicto con Eurovisión, el régimen franquista se encargó de desprestigiar a Serrat a través de la Televisión Española y la Radio Nacional Española, además del intento de borrar su nombre del panorama musical.

Y más tarde, el exilio
En 1975, a raíz de unas declaraciones suyas (acerca de los últimos fusilamientos del régimen franquista), tuvo que exiliarse durante un año en México, debido a la orden de busca y captura que se emitió contra él. Además, tal y como ya había ocurrido en 1968, sus trabajos fueron retirados y censurados por el régimen. Especialmente afectado se vio su recién estrenado disco Para piel de manzana, el primero que grabaría para la casa discográfica Ariola. Durante su estadía en México no pudo componer canción alguna. De hecho, el disco que editaría al año siguiente no es más que el término de un proceso ya anterior. Realiza una gira con sus músicos por todo el territorio mexicano arriba de un autobús bautizado como La Gordita, ofreciendo recitales a bajo costo. Serrat ha confesado que aquel fue un periodo muy duro de su vida, pues vivía en la constante desazón de no saber si mañana volvería a su tierra o nunca ocurriría el retorno. También de esta época son sus canciones más combativas.

A Massiel la sacaron literalmente de una gira que estaba haciendo en México y la obligaron a ir a Europa a cantar el “La la lá”, que se tuvo que aprender en menos de una semana. Pese a que el régimen la apreciara, no escondía sus simpatías por una cierta, si acaso tenue, izquierda: suya es una de las primeras canciones protesta españolas "Di que no", y también a finales de los 60 era amiga de gente como Auté o Milanés, e interpretaba obras de Bertold Brecht. España es el país más anticatalán del universo. Desean la total exterminación de la sociedad, la cultura, la lengua y la economía de este maravilloso pueblo, en una locura sin precedentes, comparable a la Alemania nazi contra los judíos.

domingo, abril 27, 2008

Niños de antes y niños de hoy, ¿han cambiado de estilo de vida todos o sólo unos cuantos?



“Cuando era niño, todo estaba bien”. She said, she said (1966). Lennon/McCartney

Cuando fui niño se me hacía muy fácil pensar que podíamos sentarnos sobre las nubes y observar el mundo desde donde sólo alguien superior podría hacerlo. Utilizaba un viejo paraguas a manera de “antena parabólica” con el fin de establecer contacto con “los marcianos” y mi vida en tiempo real era un cuento surrealista con la escenografía diseñada por Dalí. Ahora sigo en las nubes mientras camino con los pies sobre la tierra, no he hecho contacto con los extraterrestres y cada vez me siento más alejado de la raza humana. La escenografía surrealista aún existe y sólo yo la puedo modificar, no un ser superior.
Estoy seguro que muchas personas de mi generación (nacida en la década de los setenta) recuerda su infancia con mucho cariño; entonces éramos más inocentes, aún salíamos a jugar en grupo en la calle hasta pasadas las diez, compartíamos juegos y no importaba que hubiese niñas aunque aún persistían los niños “machines” (que seguramente hoy son golpeadores de esposas), intercambiábamos estampas por juguetes, veíamos caricaturas en la televisión, lo mismo que películas de “Pily y Mily” o “El Santo”. Lo “fashion” no importaba hasta que, lentamente, fuimos “conejillos de Indias” de las televisoras y las empresas transnacionales como McDonald’s, la juguetería Mattel y las diversas compañías cigarreras. ¿Cuántas niñas crecieron con el sueño rosa de ser “Barbie eternamente”, a la espera de que su materializado “Ken” llegara por ellas en un auto deportivo del año para ir a retozar en las sábanas de la banalidad para, después de unos años de “relación perfecta”, vivir en una gran mansión? Y ya no digamos de los desafortunados niños a los que se les obligó a trabajar desde temprana edad y hoy: algunos hicieron carrera exitosa en negocios y otros, simplemente, son autómatas del sistema, esclavos del “Big Brother”.
Pero no todo es amargura. Mi generación también fue condicionada para los “tiempos modernos” con el Atari 2600 y las siguientes generaciones consolas de videojuego; tener una computadora personal parecía un lujo para “niños ricos”. Ser niño en la década de los ochenta fue divertido aunque vivimos la carrera infernal hacia la peor crisis de México en su historia, el nacimiento del SIDA, la pesadilla de una guerra nuclear y demás tragedias. La computadora y la televisión son ahora los mejores amigos de los niños, ya no hay peligro de una guerra nuclear pero el planeta Tierra se está muriendo y nos pasa la factura.
La niñez es la etapa en que nuestros padres nos educan –o moldean a su antojo- para ser ciudadanos responsables y personas de provecho. Sin embargo, si una parte de los niños crece con habilidades, valores y responsabilidades bien inculcadas y hoy son personajes ejemplares, la otra parte creció sin saber leer ni escribir, llenos de “basura mental” y con demasiados complejos –producto de la mala influencia paterna- con un perfil psicológico que raya en la demencia, casi pendencieros y con poco valor de sí mismos.
El panorama social, de salud y educativo de los niños en México no es nada alentador (y peor si se les deja a merced de esa orden religiosa retrógrada y medieval como los Legionarios de Cristo). Según la página web de la UNICEF, de todos los países donde se habla español, México es el más poblado. Alrededor de un 43.5 por ciento de la población son niños y niñas menores de 18 años. Debido a la pobreza, muchos niños y niñas emigran, con o sin sus familias, dentro de las zonas rurales, desde las zonas rurales hasta las zonas urbanas, dentro de las zonas urbanas y a los Estados Unidos. La consecuencia de este proceso es la inestabilidad de la familia y la existencia de un gran número de niños y niñas que trabajan. Según las estadísticas de 1996, 3.5 millones de niños y niñas de 12 a 17 años forman parte de la fuerza laboral oficial o no oficial. El crecimiento económico durante los últimos 10 años ha transformado México en un país de medianos ingresos altos, pero todavía persisten enormes disparidades y una gran exclusión social. Aproximadamente 24 millones de mexicanos viven en la pobreza extrema. (Fuente.- http://www.unicef.org/spanish/infobycountry/mexico.html, consultar la misma para indicadores básicos).
Es cierto que los niños de ahora están más despiertos de nuestra generación o nuestros padres y abuelos. Los niños están expuestos a una sobredosis de información que, si bien no está mal recibirla, todo depende de la calidad con que se absorba. Muchos niños despiertan a la sexualidad por medio de las páginas web y no por las pláticas con sus padres, manipulados por la Iglesia Católica mutiladora de libros de texto; hoy los niños encuentran más placentero jugar demasiadas horas en el X-Box que leer un libro que despierte su interés por el mundo real y no por experimentar viajes virtuales a Europa. Con la pena pero, estamos generando niños insensibles y con alto grado de estupidez, misma que se refleja en el bajo aprovechamiento escolar y el posterior desempeño laboral. Si antes los niños querían ser astronautas, ahora quieren ser narcotraficantes y estrellas de “reality shows”.
A un niño jamás se le debe tratar como tonto ni mucho menos ocultarles la verdad de las cosas más básicas de la vida. Es cierto, cada padre es libre de inculcarle una educación espiritual que influya positivamente sobre su condición humana, pero no es justo someterlo a los designios de una doctrina que no respeta libertades. Hasta ahora sólo puedo decir que los niños tienen derecho a crecer en un mundo más saludable, social, lleno de sonidos en stereo e historias en Technicolor. No tengo hijos y aún no puedo hablar de lleno sobre su educación. Si llegase a tenerlos, quiero que vivan en un mundo mejor, igualitario, sano, sin fascismo religioso ni político, democrático, con alfabetización y libertad, sin sacerdotes violadores ni empresas transnacionales que los utilicen como ratas de laboratorio ni patrones que asesinen sus sueños ni pisoteen su dignidad.
A todos los niños y niñas (“y no tan niños” como reza el slogan de la banda de rock “Qué payasos”), les deseo mejores días siempre. Creo que uno no deja de ser niño, es sólo que el mundo está lleno de “lobos feroces”.