domingo, diciembre 24, 2006

Por qué no soy fan de la Navidad (y sí lo soy de la ensalada de manzana)


CHETUMAL.- No soy fan de la navidad. Vaya, ni siquiera soy de los que se entusiasman demasiado con el espíritu navideño (¿quién inventó eso del espíritu navideño?). Para empezar la temporada de invierno me pone demasiado nostálgico, la pereza me invade en las mañanas cuando llega a haber temperatura fría. Cuando vivía en la Ciudad de México solía quedarme en la cama hasta pasadas las diez de la mañana, luego encendía el radio mientras preparaba el baño. El resto del día no me apetecía nada más que mirar la tele un rato o leer demasiado.
A veces me gustaba salir a caminar por algunos parques de la ciudad como Coyoacán o el Parque México. En La Alameda Central es común encontrarse con un coro del Ejército de Salvación con sus ollas colgando de un trípode en el cual uno deposita un donativo. Hay otros que contribuyen al gran robo nacional del Teletón. Me gustaba contemplar los árboles de las avenidas, secos y tristes pero hermosos, la tristeza puede llegar a ser hermosa como la alegría. La alegría es sólo un pretexto para tratar de unificar a las personas en estas fechas. No todos caminan felices por el mundo pero tampoco hay excusa que valga para permanecer en el fondo del pozo.
De repente todos se vuelven locos comprando regalos para el intercambio en las oficinas. Esas comidas corporativas en las que uno se reúne con los compañeros de trabajo y con los cuales nunca llega a haber una conexión real. Un simulacro más de la unión entre amigos y altos directivos. A veces se gana en las rifas que se organizan y otras veces se pierden los sentidos en mareas etílicas. Lo mismo ocurre en las fiestas de la escuela –aunque sin el respectivo alcohol si se trata de las secundarias- cuando todos se sienten “muy unidos” y se intercambian regalos. A veces uno recibe algo que no sirve más que para poner mala cara o tirarlo a la basura, ¿qué hay del afecto, la amistad y los buenos momentos? Esos ingredientes son el condimento de la vida y son insustituibles. Una frase resuena en boca de todos: “en verdad deseo lo mejor para todos en esta navidad”… ¿sólo se desea eso en esta Navidad? ¿Qué hay de las otras navidades o del resto del año?
Pienso que los buenos deseos deben ofrecerse cada día, un abrazo cae bien en cualquier momento así sea entre semana, en “no cumpleaños” o por el simple gusto de reencontrarse con un buen amigo.
Hay algo que detesto (así como lo leen, detesto) de la navidad y son las malas caras. Además de las malas caras, las actitudes nefastas que contribuyeron a que la navidad no sea de mi agrado. Tampoco soy un “grinch” (recuerdo a un compañero de la universidad que sí tenía cara de grinch) arruinando la navidad, a decir verdad me limito a esperar mi regalo, la cena con la familia y a dormir. El peor enemigo de la navidad está en cualquier parte, incluso, hasta dentro de la propia familia. O ¿a quien no le ha tocado ver a un padre de familia con el ceño fruncido, el semblante serio y hasta “misteriosamente callado” en la víspera o en la cena de navidad? Esas son cosas que, definitivamente, echan todo a perder y queda la idea ¿para qué diablos sirve la navidad si hasta en casa se percibe solamente un ambiente gris y apático provocado por una sola persona en la que confiaba uno desde la infancia?
Hace una semana se publicó un sondeo en donde los jóvenes opinaron sobre la desunión familiar durante la celebración de la navidad. Las opiniones coincidieron en que no hay desunión familiar en su celebración pero de igual forma, les parece lamentable. En mi familia no hay desunión… aunque ya me acostumbré a la idea de ver una mala cara. Por eso no me gusta la navidad.
En cambio, soy fan de la ensalada de manzanas con nueces, piñas en almíbar, cerezas y crema. Delicioso, definitivamente es un postre que me fascina. Mi madre la prepara únicamente en estas fechas, aunque el sabor perdura el resto del año. Sí, es un postre frío pero que lleva el cálido corazón de quien lo preparó. Además, me recuerda momentos gratos de mi vida (me reservo los recuerdos, son sólo míos) y siempre ha sido un gusto levantarse temprano en la mañana y servirse un vaso con ensalada. Cuando venía de la ciudad de México para pasar las fiestas, el hecho de tener un vasito con ensalada de manzana en mis manos, me recordaba que estaba en casa, lejos de la locura de la capital del país.
No soy muy fan de la navidad. No como solía serlo en mi niñez, como cuando esperaba a la piñata de las posadas que viví de niño, antes de cumplir los 6 años. Extraño esas navidades que pasé con mis abuelos paternos y maternos, las navidades cuando creía que todo era posible con solo ver una estrella. Extraño a la persona que una vez fue aquel que frunce el ceño en nochebuena y extraño más las posadas universitarias y mis paseos bajo los árboles secos de Coyoacán.
Sólo puedo agregar que todos ustedes, estimados lectores del abismo, lo pasen bien siempre y que coman mucho de todo, reciban algo más que regalos comprados en una tienda departamental. Pero sobre todo, que tengan su espíritu en paz.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

oLaa Jaimee..


Muy buen articulo, la verdad muy interesante.
Fijate que yo he pensado lo mismo, y coincido contigo en muchas cosas...

hehe ta chida la imagen ehh...asi voy a hacer uno en mi cuarto con aerosool..hehe eee t engañee

Bsos...Mónica

Nilvia dijo...

hola hola...la verdad no todas las navidades son iguales...y yo tambien soy de ese tipo de personas que no es muy de su agrado la navidad..claro sin caer en el "Grinchismo"...la verdad lo unico que me gusta es estrenar jajaja...y pues el regalo y la rikisima cena que hace mi abue junto con mi mama...

me dio un gusto regresar por aki...ya tienes un buen de post que no he leido jejeje...prometo leerlos todos...byeee..cuidate y pues te deceo FELIZ AÑO¡¡