domingo, noviembre 26, 2006

Los mejores días de mi vida


Los mejores días de mi vida fueron los que viví cuando estudiaba en la Escuela Nacional de Música de la UNAM. El mejor día de mi vida fue cuando me informaron que fui aceptado en dicha escuela, luego de presentar el examen de admisión unas tres veces.
Ingresé a la carrera de Guitarra en el nivel Propedéutico en agosto de 1996. Para entonces ya conocía el ambiente de la escuela y los planes de estudio pues pasé un año como estudiante “oyente” en algunas clases.
Era 1994 cuando mi padre me preguntó qué haría con mi vida. Tenía la opción de estudiar Arquitectura o Diseño Gráfico, la música parecía un hobbie al que no le podría dedicar todo el tiempo de mi vida, pero no dejaba de soñar con estudiar música. De hecho la música era lo único que me realmente me importaba. Mientras que a mis compañeros les atraía la idea de tener un despacho de arquitectos o dedicarse a la política, a mí me latía más el viajar y conocer gente, tocar, escribir música, interpretar obras musicales, vivir del arte. Está de más decir que no faltó el comentario aquel: “no vas a vivir del arte, te vas a morir de hambre”. Hasta ahora no me he muerto… no de hambre.
Aquel primer año que pasé como estudiante “oyente” en “la Nacional” me sirvió para conocer el ambiente de la escuela. Hice nuevos amigos que dejaron una huella indeleble en mi vida, conocí sonidos nuevos que me parecían familiares pero que por la situación de vivir en una ciudad como Chetumal no tenía la posibilidad de absorber como se debe. También me entregué a la interpretación de la Guitarra Clásica con el maestro Fernando Villanueva de quien guardo gratos y amargos recuerdos (es verdad). Todo esto sucedió entre 1994 y 1995.
No fue sino hasta 1996 que por fin me habían admitido como alumno regular. Entonces tenía una novia a la que tuve que dejar en Chetumal para seguir con mis sueños, dejé a mi familia y me perdí la infancia de mi hermana menor. Toda meta implica un sacrificio.
Me subí a un autobús mágico. El primer compañero de viaje fue Carlos, inseparable y entrañable amigo con quien compartí el amor al cine, la buena comida, los discos, la guitarra y las mujeres hermosas. Luego llegaron Chema, Armando, Agueda y Chalito. Chema, Armando y Chalito también eran guitarristas. Agueda estaba en Órgano y me enamoré de ella, además de ser una mujer inteligente y sencilla era muy guapa. Llegaron muchos nuevos amigos.
La primera clase del día era a las 8 de la mañana: solfeo. Tenía que realizar un viaje en Metro de aproximadamente dos horas para llegar a tiempo a la escuela. La clase era aburrida y si agregamos las horas de sueño descontadas, nos quedaba un grupo de zombies intentando leer notas en claves de sol y de fa. A veces, los viernes no llegaba la maestra de solfeo y mi amigo Carlos y yo nos íbamos a Ciudad Universitaria de paseo (sí, a Ciudad Universitaria). Recorríamos los pasillos de la facultad de Filosofía y Letras (Filosofía y Yerbas le decíamos), comprábamos libros de segunda mano, discos o casets grabados de música del mundo. También nos clavábamos a las funciones del Cine Club de Ciencias Políticas o de Filosofía. En esas funciones conocí el trabajo de Wim Wenders y Reiner Werner Fassbinder, Carlos era un gran admirador del cine alemán.
Otro lugar al que nos encantaba ir era el Cinemanía donde proyectaban los estrenos del cine independiente y una que otra película comercial. Cuando nuestros bolsillos andaban bien solíamos ir a desayunar a un restaurante cercano a Ciudad Universitaria, saliendo del Metro Copilco en el que preparaban una machaca deliciosa, desayunos en los que incluían jugo de naranja y café. A mi memoria vienen esas mañanas frías de fines octubre que anunciaban la llegada del invierno. En días así era común utilizar guantes de lana para mantener el calor de las manos y practicar sin ningún problema.
Había tiempo libre de sobra, aunque lo mejor era los fines de semana en que podíamos escaparnos a cualquier lugar de la ciudad. Carlos es el autor de aquella frase: “Vayamos por rumbos desconocidos en busca de nuevos horizontes”.
Fueron días en que mi cerebro era como esponja, absorbía la música que llegaba desde ultramar, las obras barrocas y renacentistas, la música de vanguardia del siglo XX, el cine alemán, el fado portugués, la poesía y cuerpos angelicales.
En el camino cayeron muchos, la vida como estudiante de música –o de cualquier arte- es difícil. Muchas veces no está la familia presente para compartir los logros y las presentaciones exitosas; tocamos en foros en los que no había paga alguna excepto algunas bebidas o la cena, si se conseguía un trabajo fijo había que dejar la escuela para no descuidar el trabajo. En el camino lloramos, nos enfermamos, nos han ridiculizado y hasta pisoteado el amor propio. Hubo maestros que celebraban nuestras posibilidades interpretativas, otros nos sugerían de la manera poco atenta que nos dedicásemos a narrar fútbol en la televisión. La primera impresión que uno se lleva es la de un maestro a quien no se le satisface con nada, pero la realidad es que el maestro nos veía tanto potencial que quería explotarlo al máximo porque sabía que podíamos dar mucho más que una simple interpretación.
En la música clásica (más bien, en toda la música) se entrega el alma entera o no se entrega, cada nota debe nacer, existir y morir, no únicamente sonar por sonar.
Extraño esos días. Extraño a los grandes amigos que hice, los lugares, los rostros hermosos de los que me enamoré en los vagones del Metro y en el Parque Hidalgo en Coyoacán; los ensayos y las presentaciones, la clase de Armonía del Maestro Esparza (con su breve pausa para leer aforismos) y la clase de Música de Cámara de la Maestra Eunice Padilla con su peculiar forma de saludarnos antes de cada clase: “Bueno chicos, ¿con qué me van a deleitar el día de hoy?”; las maratónicas clases de Estética Musical de la rusa malvada o las juntas de café en alguna banca esquinera del mismo barrio de Coyoacán; las interminables discusiones sobre Pink Floyd y música de Leo Brouwer. Extraño a Erinh, a Agueda, a Citlalli (que fue tecladista del grupo Salón Victoria), a Mónica, a Tzairí; extraño las tardes de otoño en Ciudad Universitaria, las siestas bajo el sauce de la escuela después de la comida, los recitales de fin de curso, las temporadas de concierto en la Sala Carlos Chávez (donde toqué en tres ocasiones).
Si pudiera regresar en el tiempo, sin duda esos serían los días que quiero volver a vivir.

Anoche la luna observó mi cuerpo destrozado




Anoche la luna llena observo mi cuerpo desangrado sobre el asfalto. La pesadez de la carne y los huesos desapareció como la última palabra que salió de mi boca. Una luz al final del túnel me llamó y entonces supe que la hora de la eternidad había llegado. No obstante, antes de perder el peso humano mi vida parecía inalterable.
Perdido en las sombras de vidas pasadas, las tardes se me fueron en un soñar despierto, fumando lunas y bebiendo las gotas destiladas de una pared que guardaba los recuerdos de amores pasajeros.
Lo sé, la sangre es fría en este punto y me resulta difícil comprender por qué las venas se dilataban al observar los cuerpos desnudos. No siento nada ni siquiera mi propia muerte en vida… cada día moría un poco más.
Hoy la sangre no hierve.
Lloré por los corazones ciegos y vacíos, visité los rincones del universo donde las migajas del amor se me ofrecían como dosis de anfetaminas. La adicción más fuerte que experimenté fue la que jamás tuve.
Anoche la luna llena observó mi cuerpo despedazado sobre la mancha de combustible. Las ruedas del reloj determinaron el momento en que mi humanidad sería arrebatada por los ángeles. Dios existe si acaso existe también el principio creador: el Big Bang.
El camino era angosto y la niebla cubría el paisaje nocturno. Los acontecimientos sucedían a toda velocidad pero en mi percepción, las horas parecían expandirse. Ausencia de humedad en mis labios y en mis ojos: ¿acaso mi alma se había convertido en un desierto?
Caminando solo por rutas desconocidas de la vida, acompañado por mi pensamiento, elegí la ruta que no debía: la soledad nihilista.
Anoche mis ojos observaron mi cuerpo destrozado sobre el asfalto. En mi frente había una herida y otras dos en el pecho. Lo que alguna vez fueron mis ojos se tornaron dos girasoles con unas esferas de cristal en el centro. La imagen: una pálida silueta delgada, casi anoréxica con su cabello oscuro.
Unas cuantas palabras distrajeron mi atención: “Sonríe, por favor”. Ella lo sabía, mi sonrisa había desaparecido años atrás. Ladrona nocturna que bailaba en mis sueños diurnos se llevó mi vida a donde nadie pudiese recuperarla.
Anoche la luna observó mi cuerpo sediento de amor y cubierto de un calor asfixiante. Mi alma deseaba salir de un cuerpo deforme, de este montón de huesos que aún sigue vivo y que no es el mismo de ayer. La noche trajo la liberación de mi alma amurallada, su arma fue la voz del deseo nocturno y su medio, un cuerpo recreado en la orilla de mis dedos. Anoche… anoche ya no me acuerdo.

La llama de un ángel que cae del cielo (o el principio de una seducción).


Nunca se sabe cuando comienza a formarse la espiral interna. Uno espera demasiado tiempo mientras llega esa extraña especie de marea mental, permanecemos nihilistas ante las situaciones de la vida cotidiana, sonreímos sarcásticamente al pasar frente a dos bocas que se unen o un suspiro se escucha en medio del ensordecedor silencio diurno.
No importa el lugar ni la hora, un ángel de luz –en sentido figurado- te puede fulminar en cuestión de minutos, dejándote electrizado durante horas, tal vez días. En el mayor de los casos, ese ángel incendia los sentidos. Sí, sus ojos reflejan la chispa que mantiene viva a las hermosas siluetas que deambulan por las calles, comparables con un cuadro pictórico de estilo impresionista en una exposición. Brillantes y azules. Así son las mujeres, así comienzan a mover los afectos hasta crear una espiral interna.
Al primer contacto le siguen varios más, intrínsecos y codificados. Intercambio de palabras y frases sin sentido al abrir por primera vez los labios que, más tarde, se convierten en un retrato hablado de nuestra presencia terrenal. Todo transcurre lentamente, cuadro por cuadro tratamos de registrar cada detalle de la piel y su color, del cabello, de los ojos, como leyendo un poema o una partitura musical.
Con poros abiertos guardamos las palabras –música para el alma o canto hipnotizador- y el timbre de su voz. La frecuencia en las ondas aumenta el pulso de las ideas: “besarla, mirarla, pintarla… perdernos”. Lo que provoca en nosotros la llama blanca de un ángel azul cuando cae del cielo, una espiral interna endulzada con miel de girasoles que crecen sobre sus caderas. Ella es la música y yo soy su intérprete.
“Voy planeando frágil sobre el campo desnudo de su vientre. Capturo la imagen curva del camino a la muerte momentánea. Centro magnético atrayéndome hacia el suave ombligo, abismo cósmico interminable donde la luz interna conecta con el núcleo del ángel azul”.
Dibujando constelaciones alrededor de su cabello, ella traza senderos de luz para mis pasos. Los primeros minutos después de la aparición se convierten en horas de paseos por una playa tranquila.
La marea se vuelve interminable cuando la visión se dispersa entre los sueños reales y los cuerpos egoístas. Quedan palabras perpetuadas en una memoria que no recuerda momentos similares.
Es recurrente que al despertar de los sueños de agua, nos esforcemos en no olvidar el rostro del cielo. Se olvida por un instante. Como un destello de luz se revela aquel dulce rostro como una prueba del ángel.
El tiempo se expande mientras que el deseo de volverla a ver no cesa.

La ciudad de los artistas malditos… o malditos anónimos con nombre.




Johnny Rotten, vocalista de los Sex Pistols, cantaba: “There’s no future, I wanna destroy”. Chetumal, muy al pesar de la gente –y sé que me voy a ganar antipatías por lo que escribiré- es una ciudad que se caracteriza por su silencio apático e indiferente a los detalles de la vida. Por lo menos lo he notado en cierta parte de su gente.
La indiferencia que se ha mostrado por todo, desde la educación de verdadera calidad para los niños, su nivel de vida (ya no digamos que tengan todas las cosas materiales posibles sino, un ambiente que estimule su desarrollo humano), las actividades lúdicas, deportivas y sociales. Dentro de las indiferencias, hubo un descontento entre la gente cuando se instaló el corredor escultórico en la ciudad. Por una parte alegaban que “la ciudad no necesitaba esculturas”, que eso “la gente no lo entiende” y que “eran un montón de chatarra que a nadie le interesan”.
Probablemente a la gente no le hacía falta un montón de hierro en diferentes puntos de la ciudad y del boulevard, de la misma manera habrá quien no entienda la forma o el mensaje que cada escultura encierre, algunas obras no tienen más que un color o dos. No profundizaré con cuestiones estéticas en cuanto al arte se refiere, cada obra de arte se percibe de manera diferente. El artista crea e inserta un mensaje codificado que el espectador u oyente traduce. El mensaje es uno solo pero las claves son muchas, el público expresa las claves que encontró en el mensaje. Por diferentes que sean han descifrado el mensaje.
Esto prueba que el arte es para el pueblo.
Pero ¿si el arte es para el pueblo por qué nadie lo disfruta, no tiene acceso a él, no lo entiende y lo rechaza? Tan sencillo como explicar que uno más uno es igual a dos. El sistema educativo no prepara al niño para ser un adulto crítico, sensible, matemático, culto y educado. El sistema familiar como lo conocíamos se ha desmoronado lentamente, con ayuda de los medios masivos de comunicación.
La prueba más grande del deteriorado nivel humano y educativo de un pueblo se refleja en los actos de vandalismo y desorganización social. Para muestra un botón. Hace unos días se publicó una nota en algún medio, denunciando la falta de atención hacia las esculturas del corredor y su conservación. Se culpa a un instituto de falta de atención, éste se deslinda o da la respuesta más sencilla para salir del paso.
Decidí visitar las esculturas, específicamente las que se encuentran en la costera rumbo a Calderas. Zona solitaria, miradores ideales para escapar del bullicio y estar con los amigos y la pareja en turno. Solo de noche se vigila el área, la policía anda a la caza de bebidas alcohólicas y parejas drogadas por sus propias hormonas (por cierto, droga maravillosa, incitadora de la creación humana excelsa). ¡Cierto! Muy buen desempeño… ¿Dónde esta el cuerpo policiaco cuando deben detener a los destructores infragantes?
Los jóvenes son rebeldes. Yo fui un rebelde, hasta la fecha tengo un aire de rebeldía. Pero hasta el rebelde más grande es inteligente y actúa con responsabilidad y consciente de sus actos.
No llamo rebeldía a las pintas que aparecen en las esculturas, lo llamo un acto de ignorancia. No hay más adjetivos. Regreso a lo que Rotten cantaba: “there’s no future, I wanna destroy”. Es cierto que el futuro es incierto y cada vez se cierran las oportunidades, pero la culpa la tienen las escuelas por permitir que pseudo-profesores intenten instruir a los niños; los padres por no saber educar ni tener paciencia con sus hijos. Recuerden, los niños aprenden lo que viven.
Sería una buena idea que se diera una vuelta por las esculturas. Si alguien ya tomó cartas en el asunto, ya no encontrará las pintas ni los garabatos rayados en la superficie de las obras. Si tienen una botella de cloro, también sería adecuado que la lleve pues se encontrará con los indicios de una evolución humana de niveles impresionantes: las meadas territoriales.
Profesores, padres, instituciones, gente… pueblo, si el deterioro de unas obras de arte o de cualquier punto de la ciudad es el reflejo de su desarrollo social, ¿Cuál es su nivel humano interior?
Cualquier deterioro o falta de respeto hacia alguna obra artística o pública es como escupir a la cara de su creador. Sólo queda decir que en sus actos reflejan su gran pequeñez humana.

miércoles, noviembre 22, 2006

El primer Festival Internacional de Arte Chetumal Bahía, después de una semana, ¿se cumplieron las expectativas? (Segunda y última parte)

CHETUMAL.- A pesar de la cancelación de la mesa redonda de “Periodismo Cultural” a cargo de reconocidos periodistas nacionales, las exposiciones pictóricas y fotográficas

inauguradas en las salas del Museo de la Cultura Maya fueron un éxito. Rodrigo Siller expuso su obra pictórica llena de símbolos y elementos oníricos que describen su muy personal perspectiva del mundo; Gerardo Pineda trajo una exposición fotográfica sobre la costa chiapaneca. De igual manera se montaron las exposiciones del maestro Othón Téllez en la sala 2 y “Trazos del Caribe” en la sala 3 a cargo de varios pintores quintanarroenses. En la plazoleta del Museo de la Cultura Maya también se montó una instalación artística titulada “Machitos a la mexicana”, de Noris J. Rodríguez. Dicha instalación abordó el tema de la violencia contra las mujeres.
En lo que se refiere al teatro, no hubo una respuesta favorable por parte del público, tan sólo la asistencia de algunos grupos escolares y en número reducido. En el Teatro Constituyentes del ’74 se presentó una obra que escenificó los últimos días de Sor Juana Inés de la Cruz con una asistencia paupérrima a pesar de la excelente puesta en escena y actuación. El grupo de Teatro Guiñól de Holguín, Cuba, no se presentó y fue uno de los grupos esperados. La danza tuvo una incomparable representación a cargo de compañías de danza contemporánea como “Contradanza”, “Ballet Teatro del Espacio”, y de baile flamenco con Leticia Cosío y Elia Domenzain.

Ésta última nos trajo una adaptación teatral del poemario “Y ahora, soy yo la torera”, dividida en tres partes con una óptica muy femenina sobre el desamor y la tauromaquia (sin toro). Sin duda, estos dos últimos espectáculos resultaron ser los más excitantes pues además del virtuosismo de los músicos que acompañaron a Cosío y Domenzain, el cuadro de bailaoras inyectó energía y sensualidad al festival con su energía sobre el escenario.
Algo nunca visto durante un festival musical –y sólo presenciado durante la ceremonia del grito de independencia- fue una Explanada de la Bandera repleta. El viernes 17 de noviembre se presentaron varios grupos de reggae, pop y música electrónica. Desde las cuatro de la tarde, cientos de jóvenes se reunieron en torno a un mismo fin: la celebración musical. En esta ciudad donde impera la “doble moral” de las autoridades municipales, siempre en el afán de cerrar espacios de expresión alternativa para jóvenes –argumentando la degradación, faltas a la moral y centros de vicio-, la reunión de jóvenes resultó ser la más alegre, llena de vitalidad y de verdadera expresión cultural pues acudieron amantes del reggae, la música alternativa y el pop, sin que pudieran faltar los “skaters” (deportistas de las tablas de patinaje). Todos ellos convivieron en torno a la música, sin hacer daño a nadie ni consumiendo drogas ni mucho menos vendiéndolas, bailando frenéticamente. Esto es un detalle que las autoridades municipales deben tomar en cuenta a la hora de negar espacios para la expresión juvenil quienes son uno de los semilleros de la cultura y las manifestaciones artísticas.
La nota desagradable fue el pésimo comportamiento de los argentinos. Esos que se hacen llamar “Los Pericos” se negaron a compartir el escenario con las bandas mexicanas, amenazando con cancelar su presentación si nuestros compatriotas subían a tocar a “su escenario”. Debido a esto, los organizadores decidieron no volver a invitar a dicha banda. Parece una constante el comportamiento de los argentinos en tierras mexicanas, la actitud racista que adoptan al no querer compartir escenario con las demás bandas, siendo los invitados a un festival de carácter internacional. Los foros artísticos son espacios de expresión para todos y no el monumento al ego de unos extranjeros como los argentinos.
Pablo Milanés cerró el primer Festival Internacional de Arte Chetumal Bahía con su presentación el sábado 18 de noviembre, y que deleitó a los asistentes, a pesar del frío y del retraso. Dos detalles: (bueno) el sonido estuvo de lo mejor, sin fallas ni ruidos molestos; (malo) la larga intervención de la alcaldesa que, una vez más, convirtió un escenario artístico en un foro político donde nada tienen que hacer los logros del ayuntamiento. Y las rechiflas no se hicieron esperar, calculando una asistencia de casi 1500 personas, la rechifla sonó más fuerte que la Orquesta Sinfónica de Campeche.


Ahora, la pregunta obligada: ¿se cumplieron con las expectativas del festival? Pienso que sí se cumplieron en el sentido de que por fin se está haciendo algo por recuperar los espacios de expresión artística y el estímulo al desarrollo de los artistas –interpretes y creadores-, la apertura a nuevas formas de expresión y técnicas de creación. Que si no hubo la cantidad de público esperada se debió a la poca difusión que se dio en la ciudad y el resto del estado. Pero de igual manera no es suficiente con la asistencia de la gente que gusta completamente de este tipo de eventos. Muchos se preguntaron ¿Dónde está la comunidad universitaria? Personalmente, vi algunos amigos y conocidos de la Universidad de Quintana Roo, aunque el ideal es que la universidad sea uno de los espacios de difusión cultural más grande. Sin embargo, la reforma educativa no contempla en absoluto a las manifestaciones artísticas, relegándolas a la mera tarea de entretener. Una difusión de las actividades del festival en las escuelas y en los tres niveles de educación habría sido un éxito de haberse realizado con mucho tiempo de anticipación. La gran ausente en este festival fue la directora general del Instituto Quintanarroense de la Cultura, quien jamás presenció una sola presentación. Una persona a cargo de una institución que se jacta de ser la “guardiana” de la cultura, no debió dejar pasar un evento así, por lo menos para tener un panorama de lo que significa cultura y arte.
Seguramente hubo artistas locales consagrados a los cuales no se les invitó a participar. Estoy de acuerdo, merecían un espacio de participación en el festival debido a su trayectoria pero, ¿no es tiempo de darle cabida a las nuevas generaciones? ¿No tienen suficiente con acaparar becas, publicaciones y foros que a muchos creadores e intérpretes jóvenes nos niegan actualmente?
En cuanto al comité organizador, ellos trabajaron incansablemente, sorteando las dificultades que surgieron de último minuto, tratando de correr horarios en la programación y todas las tareas que se le asignó a cada elemento. Algo muy importante es la calidad humana que la comitiva encargada debe poseer. La persona a cargo de la organización debe ser una persona conocedora al máximo de las manifestaciones artísticas, tener conocimientos de cultura general y por lo menos, una trayectoria sobresaliente dentro de alguna de las áreas del arte. No es lo mismo montar coreografías para comparsas carnavalescas y bailes de quince años, que preparar la coreografía de “Don Quijote” o interpretar las “Variaciones Goldberg” de Bach. También debe poseer humildad y sencillez en cuanto al trato con las personas que formarán parte de su equipo de trabajo, con los medios de comunicación y con la gente en general. Es incongruente hacerse cargo de un evento que exalta a las manifestaciones humanas y comportarse como un burgués fantasioso, o el practicar el más espantoso clasismo elitista que únicamente ayuda a resaltar las inseguridades de una persona que no tiene el menor ápice cultural. Si el festival es para el pueblo ¿por qué hacer de él un foro para el protagonismo “yuppie-burgués” y la segregación clasista? Lo anterior también aplica para las personas que vayan a formar parte del equipo de producción, staff y relaciones públicas. Hubo personas del comité organizador que estuvieron presentes en todo momento y en todos los eventos, siempre al pendiente del desarrollo de las presentaciones y las ruedas de prensa. Jorge Pantoja, promotor cultural y fundador del tianguis Cultural del Chopo de la Ciudad de México, mantuvo una relación estrecha con los medios de comunicación; lo mismo que Xóchitl Mingüer, quien se aventó a asistir a cada escuela de la ciudad como fuera posible, para invitar a los estudiantes a que asistieran a las actividades.
En cuanto a los medios de comunicación –con excepción del Sistema Quintanarroense de Comunicación Social- sólo algunos seguimos de cerca el desarrollo del festival desde todos los aspectos. Un detalle importante que los jefes de información deben tomar en cuenta es cuidar de quién es la personan que mandan a cubrir una rueda de prensa. No es lo mismo entrevistar a un artista –de la categoría que sea- que entrevistar a un diputado o cualquier funcionario público, no falta aquel que pregunta sobre la megaescultura (como si la megaescultura fuera el ombligo del mundo artístico) a un artista como Oscar Chávez, al que no le ha de interesar en lo más mínimo la obra de Sebastián. Cronistas, periodistas culturales y reporteros que siempre han estado al pendiente del desarrollo cultural de la ciudad también estuvieron presentes para documentar los sucesos y muchos de ellos intercambiaron impresiones, de manera cordial y tolerante, como debe ser.
Regresando a los resultados del festival, este dejó un grato sabor de boca ¿por qué? Porque por fin se está haciendo algo para el pueblo y para la comunidad artística, no sólo la del estado sino también para los artistas del interior del país. Este festival debe realizarse de manera permanente, los futuros gobernantes no pueden ni deben hacerse oídos sordos ante la demanda del pueblo, de satisfacer la sed de conocimiento y entretenimiento que eduque. Antes de tirar el dinero en monumentos al ego falócrata, antes de abrir las puertas a la inversión extranjera, antes de construir Wal Marts, McDonalds y demás franquicias yanquis, hay que reforzar y reafirmar la cultura de nuestro país.
El Festival Internacional de Arte Chetumal Bahía es una excelente idea, con detalles positivos a superar y negativos por mejorar. Los artistas creadores e intérpretes necesitamos más espacios como estos. Pero sobre todo, el pueblo necesita más espacios para reafirmar su identidad cultural y sus manifestaciones artísticas. Esperamos por la segunda edición…

martes, noviembre 21, 2006

El primer Festival Internacional de Arte Chetumal Bahía, después de una semana, ¿se cumplieron las expectativas? (1ª Parte)


CHETUMAL.- Del 10 al 18 de noviembre, Chetumal se convirtió en la capital cultural del estado… aunque sea por una semana. En los medios locales se dedicaron espacios para dar cobertura a los eventos artísticos, algunos otros cuestionaron ciertos detalles financieros, pero pocos se enfocaron a la verdadera esencia del festival: la calidad artística y las propuestas. Lo cierto es que el festival se desarrolló bien pero con algunos tropiezos que no deben pasar desapercibidos por los organizadores. El festival no brilló de manera esplendorosa como aquél otrora festival de 1988 (el Festival Internacional de Cultura del Caribe). Quizá por tratarse de un festival organizado por jóvenes despertó el más grande escepticismo, pero también es cierto que en esta tierra hay escépticos de todas las tallas, desde periodistas, profesores, seudo intelectuales, artistas y pueblo en general, y jamás van a estar satisfechos con nada que se haga en la ciudad y el estado (excluyo a la mega escultura, la cual sí es un mega desperdicio).

En todo festival, bienal, muestra cinematográfica o cualquier evento artístico y cultural, las únicas figuras principales son los artistas. Aunque el evento haya sido auspiciado por el gobierno del estado o el ayuntamiento, y que las autoridades sean las encargadas de inaugurar o clausurar el evento, jamás deben robar cámara a los artistas ni convertir un acto de manifestación cultural en un podio de carácter político, lleno de slogans alejados de la realidad. Pero aún, hacer esperar al público asistente con la impuntualidad, ya que el público no es el único que espera, también los artistas son los que ven reducido su tiempo de participación.

Es innegable la calidad del trabajo artístico presentado por los participantes al festival, desde el Ballet Nacional Folklórico Garífuna de Honduras hasta el espectáculo de Elia Domenzain; desde la propuesta electrónica de Alter Mutz –incomprendida por algunos y gustada por otros- hasta el reggae de grupos como Antidoping y Los Pericos. Tampoco se quedan atrás los artistas locales como Korto Circuito, Skuadron 16 y los pintores locales que expusieron su trabajo en el Museo de la Cultura Maya. También hubo montajes coreográficos que pocas veces se ven en la ciudad como la danza contemporánea (Contradanza, Teatro del Aire), el baile flamenco (Leticia Cosío,) y el teatro.
El público chetumaleño ya exige espectáculos y artistas de calidad en foros adecuados para tal fin. Resulta desagradable, molesto –para el público y artistas, principalmente- y desesperante que el sonido local funcione de manera pésima, que no se cuente con verdaderos profesionales de la producción en audio y luces. Tal vez se ahorren unos cuantos pesos pero lo mejor es contar con mejores técnicos en ese aspecto.
He aquí un breve recuento de los espectáculos.

Iraida Noriega presentó un selecto repertorio de jazz y piezas de bolero arregladas para la ocasión, su maravillosa técnica de “scat” –técnica propia de Ella Fitzgerald- impresonó a propios y extraños. Un deleite para el oído, su voz y su Big Band. Sin embargo, el más esperado de la noche fue el “caifán mayor”, el maestro Oscar Chávez acompañado de Los Morales, interpretando sus temas clásicos.
Todo un paseo por la historia del pueblo Garífuna resultó la presentación del Ballet Nacional Folklórico Garífuna de Honduras, quienes fueron acompañados por el grupo Aisha con un excitante y frenético set de música percutiva. La combinación de voces y los ritmos de origen africano nos remontaron al siglo XVIII. Yukka ofreció un cuadro coreográfico cargado de erotismo y de música de cumbia en su estilo más puro, que fue del completo agrado de los asistentes. Para la segunda noche (domingo 12 de noviembre), dos escenarios simultáneos albergaron artistas de excelente calidad. La Orquesta de Marimbas y la Danzonera Aragón se presentaron en el Teatro Minerva, lugar de excelente acústica y adecuado para albergar todo tipo de conciertos.

La Danzonera Aragón dedicó una pieza musical al festival y los asistentes subieron al escenario a bailar. Mientras tanto y en el mismo, la banda Wamazo abría el escenario con un excelente concepto de percusiones.
La reina de la noche fue Astrid Hadad con su espectáculo cabaretero, irreverente, cargado de ironía y feminismo. Su producción estuvo adecuada con el concepto al que nos tiene acostumbrados y una banda de apoyo muy precisa y acoplados entre si, lo que habla de un trabajo musical depurado. Jorge Reyes no estaba programado para esa noche. Fue una presentación de último minuto que llevaba una propuesta interesante: danza prehispánica, poesía de Nezahualcóyotl leída por una excelente actriz (Arianne Pellicer), música electrónica y recreación de la música autóctona. Reyes también fue uno de los artistas esperados por el público que, debido a su participación anunciada para el sábado 11 de noviembre, muchos se quedaron esperando a que apareciera. Debido a lo precipitado de la presentación de Reyes, ésta dejó ver las deficiencias del personal técnico de audio; durante el desarrollo del espectáculo de Jorge Reyes era constantes las retroalimentaciones y zumbidos de los micrófonos, molestando a Arianne Pellicer más de una vez. Este fue el número que tuvo poca audiencia debido a lo tarde que empezó, pero también porque no estaba programada. Muchos se quedaron sin ver a Jorge Reyes, otros corrieron con suerte pues fueron avisados por medio de sus amigos.
Hasta entonces, el programa fue desconocido completamente por la ciudadanía: a alguien no se le ocurrió distribuir los calendarios con mucho tiempo de anticipación, olvidaron que no todos tienen acceso a Internet como para consultar las fechas en línea a través de la página. De modo que el día de la inauguración se repartió el calendario al público en general.
El primer evento cancelado, y que a mi consideración le habría dado una importante difusión a nivel nacional, fue la conferencia y mesa redonda de “Periodismo Cultural” (11 de noviembre) a cargo de periodistas nacionales como Víctor Roura (El Financiero), Humberto Mussachio (Nuevo Excelsior), Maria Elena Matadamas (El Universal) y Myriam Audifred (Nuevo Excelsior), y que estaba programada en la Sala de Rectores de la Universidad de Quintana Roo. Una persona de la UQROO esperaba a los periodistas en el aeropuerto y al ver que no llegaron, éste se puso en contacto con Víctor Roura quien se encontraba en el aeropuerto con el resto de los periodistas. El motivo por el cual no asistían al festival fue porque no le aseguraron su pasaje a uno de ellos –según contó Roura, vía telefónica con el contacto de la UQROO- y en solidaridad con su compañero, decidieron cancelar su participación, no sin antes quejarse de la mala organización por parte del personal del festival. No era la primera noche del Festival Internacional de Arte Chetumal Bahía y ya comenzaban las malas noticias. No todo estuvo mal, muchas cosas estuvieron bien y en la segunda parte las abordaremos…

domingo, noviembre 19, 2006

“Camas con historia” del grupo de danza contemporánea “Contradanza” dirigidos por Cecilia Appleton








CHETUMAL.- La alcoba y la cama son esos espacios en los que el ser humano teje historias entre las sábanas –y sin ellas- o se encuentra a sí mismo dentro de un cosmos repleto de fantasías, temores y sueños húmedos. Así fue el montaje coreográfico “Camas con historia”, que el grupo de danza contemporánea “Contradanza” presentó en el Teatro Constituyentes del ’74 al mediodía, y en la Plaza Cívica por la noche.
La presentación en el Teatro Constituyentes fue la más atractiva y emotiva pues el juego de luces, la oscuridad de la sala y el silencio envolvente transporto al público hasta ese cosmos erótico y existencial que es la alcoba. Sobre una cama, seis personajes nos contaron distintas historias construidas sobre sensaciones, temores, fantasías y recuerdos de viajes oníricos. Cabe destacar la belleza de las bailarinas y los cuerpos estéticos de los bailarines que, en armonía con la música compuesta por artistas del circuito roquero –como Rocco, de la Maldita Vecindad- y bluesero ­–Betsy Pecanins-, y la perfección del cuerpo en movimiento, contaron en silencio las historias que muchos de los presentes nunca se han atrevido a contar. La versión interpretada al mediodía tuvo dos desnudos, parciales y totales, con muy buen gusto y estética artística, ad hoc con el concepto de la obra, y que sorprendió a los asistentes sin escandalizarlos.
En la Plaza Cívica se presentó la misma obra pero con las modificaciones propias para presentarla ante el público asistente. Esta resulto excelente aunque no con la esencia de la versión anterior.

viernes, noviembre 17, 2006

“La Torera, la cogida y la muerte” de Elia Domenzain encendió los ánimos en la séptima noche del Festival Internacional de Arte Chetumal Bahía.








CHETUMAL.- Poesía, música y baile flamenco fueron los ingredientes del espectáculo “La Torera, la cogida y la muerte”, presentado la noche del jueves 16 de noviembre, dentro del Primer Festival Internacional de Arte Chetumal Bahía. El espectáculo dirigido e interpretado por Elia Domenzain y un cuadro de bailaoras, actrices y músicos, está definido como un “espectáculo taurino sin toro, con poesía, guitarra, flamenco y sangre”.
Este montaje escénico es la versión teatral del poemario “Y ahora, soy yo la torera” de elia Domenzain, estructurada en tres tercios sobre la base de dieciséis poemas taurinos de esta poesía erótica, amorosa y romántica; y uno del “Llanto por Ignacio Sánchez Mejías” de Federico García Lorca. Cada tercio incluye cuatro o cinco poemas, coreografía flamenca y un solo de guitarra.
A pesar del frío que envolvía la noche, el fuego de la fiesta brava encendió los ánimos del público asistente quienes vivieron intensamente cada verso interpretado por las actrices y bailaoras Lety Cosío y Ana Arenas. Mención especial para sus coreografías y el virtuosismo del guitarrista.

Fuego, gracia y erotismo en el espectáculo “¡Viva Flamenco!” de Leticia Cosio dentro del Primer Festival Internacional de Arte Chetumal Bahía.








CHETUMAL.- Fuego, gracia y toda la energía del baile y cante flamenco fue lo que el público chetumaleño asistente al primer Festival Internacional de Arte Chetumal Bahía. El miércoles 15 de noviembre se presentó el espectáculo “¡Viva Flamenco!” de la bailaora Leticia Cosio, en el Teatro Constituyentes del ’74.
El espectáculo “¡Viva flamenco!” está formado por bailaores, músicos y actores profesionales de gran talento y experiencia, egresados de las mejores escuelas de música, actuación y danza flamenca, tanto de México como de España y Estados Unidos.
Cada bailaora tuvo su participación solista, así como los guitarristas y la cantaora. Este fue un espectáculo que gustó mucho al público pues siempre atrapa la energía y el fuego del baile flamenco. El ensamble musical también contó con percusiones y el violín de Israel Torres. Una delicia para los sentidos pocas veces presenciado en Chetumal.

lunes, noviembre 13, 2006

Astrid Hadad y Jorge Reyes, presentes en el Primer Festival internacional de Arte, Chetumal Bahía.





CHETUMAL.- Danzón, show cabaretero y música prehispánica fueron los ingredientes de la tercera noche –domingo 12 de noviembre- del Festival Internacional de Arte Chetumal Bahía. Desde las seis de la tarde comenzaron las actividades artísticas con una respuesta entusiasta por parte del público chetumaleño que rescató del letargo dominical a la ciudad. El Teatro minerva albergó a la orquesta de Marimbas de Quetzaltenango Guatemala quienes interpretaron un selecto repertorio de música popular y arreglos de piezas de compositores europeos como Jerónimo Jiménez y Rigoletto. También el mismo foro se presentó la Danzonera Aragón y la Nueva Generación de Danzón, un grupo de baile de danzón de Bacalar.
En el escenario principal de la Plaza Cívica se presentaron grandes figuras de la música mexicana. Astrid Hadad cantó para su gente con su espectáculo lleno de música mexicana e irreverencia, performance y humor, interpretando “La Tequilera, “La muerte chiquita” y “el calcetín”, entre otras piezas. Una delicia de show que encantó a los presentes. También estuvo el dueto Guardabarranco, interpretando música de trova. De último minuto –porque no estaba programado para esa noche- se presentó Jorge Reyes y un grupo de danzantes prehispánicos. Éste músico cuenta con una larga trayectoria dentro de la interpretación de música de estilo prehispánico, combinada con música electrónica. Para completar la participación, la actriz Arianne Pellicer leyó poemas complementados con una interpretación corporal, así como un pintor realizando su obra con el fondo musical de Jorge Reyes.