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miércoles, octubre 26, 2011

El monumento a los caídos por "Hattie" en 1961


CHETUMAL.- Pese a las continuas modificaciones que sufre la ciudad en su imagen urbana y aspecto físico, hay sitios y construcciones que permanecen en pie como mudos testigos de la historia de Chetumal. Las casas de madera, el obelisco de la explanada de la bandera y edificios públicos fueron el escenario de hechos que han marcado al pueblo de esta latitud.
El cementerio municipal, además de guardar los restos de otras vidas, da cuenta de dos sucesos de importancia en la memoria colectiva del pueblo chetumaleño. Se trata de dos huracanes, Janet (1955) y Hattie (1961), fenómenos que debido a la fuerza de sus vientos y a los daños producidos, fueron un parte aguas en la metamorfosis que sufrieran las ciudades de Chetumal y Belice.
Después de todo ambas ciudades están unidas por algo más que una bahía y el “rice & beans”.
El 27 de octubre de 1967 el huracán Hattie azotó a la ciudad de Belice con vientos de hasta 260 km/h, ubicándose en la categoría 5 y cobró la vida de 319 personas.
El huracán se formó en el interior del Mar Caribe trasladándose en dirección norte hacia la isla de Cuba. Desafortunadamente para Belice el huracán se desvió hacia el oeste con trayectoria directa a la Ciudad de Belice.
El ojo del huracán pasó entre la ciudad de Belice y Dangriga provocando alrededor de 307 muertos, únicamente en la ciudad de Belice. Un avión con ayuda humanitaria fue enviado desde Chetumal; la tripulación pereció durante el paso del fenómeno meteorológico. En el panteón municipal se encuentra el motor de la aeronave a modo de monumento, recordando a los fallecidos en aquel huracán en cumplimiento de su deber.
Luego del paso del “Hattie, las autoridades decidieron trasladar la capital a un lugar más seguro, de la ciudad de Belice a Belmopan. La fisonomía de la ciudad de Belice, como sucedió con Chetumal después de “Janet” (1955), también fue modificada pues las casas de madera quedaron totalmente destruidas.
En la placa al pie del monumento dedicado a la memoria de la tripulación que pereció durante el paso del huracán, se lee:
“Murieron en el cumplimiento del deber el (31) de octubre de 1961 al acudir en auxilio del pueblo hermano de Belize, C.A. al quedar devastado por el huracán Hattie.”
Seguido se enlista a la tripulación entre los que se encontraba un presbítero, dos médicos, un profesor de educación física y tres militares. Una hélice con su motor es el monumento erigido para honrar la memoria de quienes acudieron en auxilio de un pueblo no tan ajeno a nuestra identidad y sentir.

miércoles, junio 01, 2011

La Casa de la Crónica difunde la historia de Chetumal

La Casa de la Crónica se localiza en el Parque de los
Caimanes (Foto.- Jaime Rodríguez)

CHETUMAL.- Un pueblo que conoce su pasado es un pueblo que puede enfrentar los problemas del futuro. Conocer la historia fortalece las raíces cultuales y otorga una identidad sólida. Identidad que no puede borrarse con imposiciones humanas.
La Casa de la Crónica se localiza en el Parque de los Caimanes, uno de los más antiguos de Chetumal. El edificio que alberga a la Casa de la Crónica es del estilo colonial inglés que predominaba hacia la primera mitad del siglo XX: una casa de madera de dos plantas y techo de lámina.
En la sala principal se encuentra una muestra fotográfica que abarca diferentes etapas de la historia de Chetumal, fundada con el nombre de Payo Obispo el 5 de mayo de 1898 por Othón P. Blanco. La historia es de todos sabida, pero los hechos son casi desconocidos para la mayoría de los habitantes de Chetumal.
Fundada el 23 de julio de 1998, esta casa ofrece los servicios de biblioteca y fuente de información para estudiantes de todos los niveles hasta académicos universitarios e investigadores.  El profesor Ignacio Herrera Muñoz, cronista vitalicio de la ciudad y encargado de la Casa de la Crónica, ha recopilado mucha información al respecto entre documentos, libros y fotografías que se aprecian en la sala principal.
Estas fotografías están clasificadas en diferentes etapas de la historia de Chetumal, entre las que destacan los espacios dedicados al huracán “Janet”, la fundación de la ciudad y sus protagonistas, y el desarrollo hacia la modernidad.

“Esto sirve para exhibirse para el conocimiento de las personas que no conocieron la ciudad como fue, o aquellos que la conocieron y cuando pasó el huracán Janet, o a causa de la urbanización o la modernidad”, cuenta Herrera Muñoz, “la finalidad de la Casa de la Crónica no es solo que tenga la historia gráfica de la ciudad, de la transición desde su fundación, sino también que exista información histórica aparte del Archivo del Estado”.
A este lugar acuden estudiantes de todos los niveles y académicos e investigadores; el cronista los atiende personalmente. También recibe visitas de grupos y turistas. La persona que llega a la casa no necesita de un guía pues la exhibición fotográfica está respaldada con la información contenida en los “pies de foto”.
La Casa de la Crónica no recibe un presupuesto. Como informó el profesor Herrera Muñoz, las necesidades que tiene la casa como algunas reparaciones o cuestiones técnicas, son apoyos que otorga la Secretaría de Cultura, además de otorgarles material de oficina. Los gastos de teléfono los solventa el propio cronista.
La Casa de la Crónica permanece abierta de lunes a viernes y está abierta a todo el público local y visitante. 

lunes, abril 04, 2011

Entrevista con Guadalupe Angeles

[Luego de la presentación del libro “Sobre objetos de madera” en Bacalar, publicado el 28 de mayo en por Esto de Quintana Roo].

BACALAR.- Parece el rincón más alejado del caos citadino. El silencio y la tranquilidad se unen para crear un cuadro pictórico viviente coloreado de azul en la laguna y naranja en el cielo. El Fuerte de San Felipe en Bacalar es el lugar donde sucede la charla con Guadalupe Ángeles, transcurre la tarde y el alma se nutre de palabras e ideas que surgen del goce de la vista al paisaje que ofrece la laguna. 
“Es un verdadero privilegio haber venido desde Guadalajara para estar con ustedes y leer algo, algo que tiene un significado muy importante para mí porque es la segunda edición de un libro publicado hace 10 años. Entonces no sé si es fruto de mi necedad o deveras sigue teniendo vida”, fue como empezó la lectura de su libro “Sobre objetos de madera”. 
            A continuación, la breve charla que tuve con Guadalupe Ángeles posterior a la presentación de su libro. 


J.R.- Me llama la atención la recurrente de la nostalgia y la muerte en tu libro, ¿cómo ha sido la evolución de la perspectiva hacia esas dos ideas? 
G.A.- Yo hablaba un poco de eso al principio, que me parece un libro bastante melancólico, pensar que fue escrito hace 10 años es entender que fue hecho por alguien que se encontraba con nuevas formas de vida, que estaba apostando por la alegría y la apuesta no le salió (ríe). No sé si pueda decir que es amargo, pero vuelvo, creo que hacer el ejercicio de materializar la imaginación aunque sea en páginas, ya que no es tercera dimensión que sea en segunda dimensión. Era una manera de reaccionar ante las circunstancias. La evolución, yo quisiera decirte que ahora pretendo ser una escritora más luminosa, de hecho la novela “Devastación” tiene lugares donde hay mucha luz –a pesar de que también es muy melancólica- quiero reírme más de la vida que seguir pensando que “¡qué triste!”¿no?. Sí, es la evolución que pudiera haber. 


J.R.- ¿Cómo es esa luminosidad? 
G.A- ¿Te cuento el final de la novela o el posible final? (risas). Mira, hablo del mar. Hablo del mar que aquí, el mar que ustedes pueden ver contesta a tu pregunta. Ese mar Caribe te dice con su sola presencia que la existencia es alegría. Yo te aconsejo que te metas (al mar), no te va a arrastrar, aquí en el Caribe no te lleva. Lo que tienes que encontrar en el mar es su caricia. Dicen que tiene que ver tal vez con volver al liquido amniótico, a la madre. Entonces el mar es una madre amorosa y quiero encontrar esa parte de la vida, quiero reírme. En este texto que te comentaba, el contrapunto consiste en que una se desgarra las vestiduras y la otra discretamente se le ríe en la cara porque pues, es que, hay que ser consecuentes con la vida. 

J.R- Hace un rato mencionabas algo sobre la erótica, como principio creador. Tengo la idea de que el erotismo de una mujer al escribir es más intenso que el de un hombre. ¿Cómo siente la mujer ese principio creador? 

G.A.- La respuesta es la imaginación. Lo que pasa es que las mujeres que escriben tienen más imaginación que las mujeres que no escriben, y tú sabes que el elemento detonante de un erotismo sano es la imaginación. Cuando uno está más abierto a todo tipo de circunstancias es más fácil que encuentres la felicidad en el ámbito del erotismo. Que la encuentres, que la des, que la recibas. 

J.R.- ¿Qué piensas acerca de la soledad? 
G.A.- La soledad... esta es una condición inherente al ser humano, con o sin pareja. Yo tengo una amiga que tiene 4 hijos y dice: “¡uno está solo!. Uno toma sus decisiones solo, puede que comas en compañía de 10 gentes y estás solo. Hay qué revisar qué pasa en tus momentos de soledad. Uno como escritor –como me preguntaban hace un momento- atesora, guarda, analiza, o se pone a crear, incluso te creas una personalidad. Aunque uno quiera huir, uno está solo. ¿Qué pienso de la soledad? Que es inevitable. 

A Guadalupe Ángeles le gusta la música, ella piensa que es una “música frustrada” (sic) a la que a veces no se puede dormir si no oye un ratito a Bach, la música es muy importante así como el silencio para el escritor.

J.R.- Por último, el dar rienda suelta a la imaginación ¿sería como dejar salir al niño interior? 
G.A.- Por supuesto que sí. Suena a lugar común pero, si tú juegas estas siendo un niño y si te dejas ser niño puedes escribir.

“Tuve un sueño: mi música llenaba un espacio donde antes sólo había silencio”.

[Este es el primer texto del Abismo Sónico, del 31 de mayo de 2005, publicado en Por Esto de Quintana Roo... y así fue hasta hace unos pocos días]



“La gente trata de pisotearnos sólo porque andamos por ahí, las cosas que ellos hacen me parecen frías, espero morir antes de envejecer” My Generation, The Who. 


CHETUMAL.- Platicaba hace unos días con un viejo amigo de los tiempos que vivimos cuando estudiábamos en el bachillerato. Entonces teníamos una banda de rock y diez años menos que ahora. En aquellos días las tocadas de rock en la ciudad eran menos que ahora, si no es que igual. Tuvimos muy pocas y aunque la mayoría eran en fiestas escolares o privadas, siempre había un común entre los colegas: falta de equipo, apoyo y difusión. 

En la cuestión del equipo –viéndolo desde la perspectiva actual- uno bien podría ahorrar las “gastadas” y hacerse de un buen amplificador y unos pedales de efectos para las guitarras. En cuestión de guitarras –y de cualquier otro instrumento- es bien sabido que en la ciudad no llegan instrumentos de calidad y costosos, tenemos que salir a Mérida, Cancún o a la Ciudad de México a buscarlos. Ese no es gran problema, de una u otra manera se resuelve, siempre y cuando se cuente con un trabajo y el hábito de ahorrar. 
He aquí la parte agridulce del asunto. El apoyo a los eventos de rock –y demás actividades artísticas y culturales- no ha existido de manera sólida y constante, menos si se trata de artistas independientes y jóvenes. La difusión es una constante ausencia, no hay mantas, pintas o propagandas impresas que, repartidas de mano en mano, informen sobre las “tocadas”. Problema verdadero: no hay dinero para tales fines. 

Hace una semana, vinieron a verme los muchachos de una banda y me platicaron que cuando van a tener una presentación, piden apoyo al gobierno pero éste únicamente les ayuda con equipo de sonido. Bueno... eso es un avance ¿no? Considero que sí, ¿por qué? Porque no podemos ni debemos esperar a que las instituciones o el gobierno nos lo resuelvan todo. Ahora, esto no quiere decir que deslindemos a las anteriores de una responsabilidad que tienen para con la sociedad: fomentar y difundir las actividades culturales. 

Si bien es cierto que algunas bandas empiezan con un sonido muy malo y con una calidad musical y lírica pésimas, esto no es para siempre (The Beatles eran una banda mediocre antes de 1962 y no creo que Silvestre Revueltas haya escrito obras de la magnitud de Sensemayá antes de llegar a hacerlo). Considero muy importantes dos puntos a solucionar: el crear incentivos y espacios para las bandas o proyectos alternativos, y, dejar de lado las ideas jurásicas y snobs y abrir más la mente y el corazón. 

Al tener un incentivo, las bandas trabajarían más en la depuración de su sonido, leerían más libros para acrecentar su lenguaje y dar rienda suelta a sus ideas. De crear espacios de lectura e intercambio literario entre ellos, tal vez no se pasarían las horas recibiendo una “educación” frente a la televisión. Es cierto, todas las ideas son válidas pero para manifestarse hay que ser inteligentes. El rock es cultura como lo es la pintura abstracta, la impresionista, el art decó, los bordados, la música del maya pax, el danzón, la sinfonía, la ópera, la canción ranchera, la música caribeña, la trova, la música electrónica, las tradiciones, los cuentos, las letras en general y un largo etcétera. El punk se caracteriza por la esencia del “hágalo usted mismo” pero jamás ha sido “happy” en su lírica. El ska toma fuerza y aunque las letras hablen de temas cotidianos, la música es rica en arreglos para metales; la música electrónica no deja de ser humana puesto que es necesario el corazón humano para sentir el beat y saber crear atmósferas sonoras, únicamente concebidas por el alma; los sonidos retro, la música surf, el dark, el electropop, el rock urbano y demás ramificaciones de la música popular aún faltan por explorarse. 

Hay que crear espacios. Luego de una larga tradición de grupos de música caribeña y dado que la ciudad crece y se llena de nuevas ideas y nuevos aires, es tiempo de abrir las puertas a las generaciones actuales, sin miedo y sin prejuicios. De lo contrario, a cada uno de los artistas –jóvenes y adultos- nos sucedería como en el cuento de Augusto Monterroso: 

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.

De vida, muerte y otras soledades.

A la memoria de mis amigos muertos


Vida y muerte. Dos palabras que provocan sentimientos encontrados, diferentes perspectivas, aunque a la última temamos llamarle por su nombre y nos provoque angustia. A la vida la gozamos como si nunca fuera a terminar; a la muerte le tememos porque no sabemos cómo nos sabrá en una piel ausente. Ambas son como la novia y la amante: dos cosas inevitables, seductoras. En vida cantamos, reímos y lloramos, gritamos hasta más no poder, hacemos el amor… son la música de la vida. La muerte se nos presenta como un silencio profundo y oscuro, ya no hay llantos ni risas pero hasta los silencios son parte de la música. A la vida y a la muerte le cantamos; a ellas escribimos poemas como si lentamente nos fuéramos quedando solos en este mundo. El miedo a la muerte podría traducirse en un miedo a la vida, tan breve y tan larga al mismo tiempo.
            Es entonces cuando el concepto del tiempo se nos vuelve un eterno enemigo: no hay tiempo para caminar lentamente, no hay tiempo para amar, no hay tiempo para ver atardeceres, necesitamos tiempo para más de todo lo que no podemos tener. Hay un romance anónimo que refleja esta situación, el “Romance de la Muerte y el Enamorado”
“Un sueño soñaba anoche, soñito del alma mía,  soñaba con mis amores, que en mis brazos los tenía.  Vi entrar señora tan blanca, muy más que la nieve fría.  —¿Por dónde has entrado, amor? ¿Cómo has entrado, mi vida?  Las puertas están cerradas, ventanas y celosías.  —No soy el amor, amante: soy  la Muerte que Dios te envía.  —¡Ay, Muerte tan rigurosa, déjame vivir un día!  —Un día no puede ser, una hora tienes de vida”.
En el poema de Mario Benedetti, “Última noción de Laura”, se presentan dos sentimientos atroces que nos han preocupado en algún momento de la vida: el tiempo –una vez más- y la soledad:
Usted Martín Santomé, no sabe cómo querría yo tener ahora todo el tiempo del mundo para quererlo pero no puedo convocarlo junto a mi… los nombres se me caen, yo misma estoy cayendo, usted de todos modos no sabe ni imagina qué sola va a quedar mi muerte sin su vida”.
Y en la música ¿cuantas canciones se han escrito sobre la muerte? Son tantas que no terminaríamos en este breve espacio –como la vida misma- pero su presencia ha estado latente en cada descarga de sonido. Recordemos a Jim Morrison coqueteando con ella y aceptándola como el único fin y mitigador del sufrimiento en la Tierra (The End) porque al final de cuentas “nadie sale vivo de aquí” (Five to One). Otros, son nihilistas al respecto como Robert Smith al afirmar que “no importa si todos morimos” (One Hundred Years). Realmente, ¿qué es lo importante aquí y ahora? Nada es tan importante si no le damos su justo valor: al amor, a la música, a las letras, a la familia, a nuestros amigos, a nuestros sueños y un largo etcétera.
No hay peor vida que la que se deja escapar, no hay peor muerte que vivir con miedo a vivir.
Un paseo por los cementerios, en medio de sus calzadas, es la alegoría que representa el camino de la vida que nos queda por recorrer mientras que aquellos que se fueron cuidan de nuestros pasos. Nosotros mantenemos viva la memoria de sus días, la memoria de sus nombres y sus acciones. Los recordamos porque no queremos que ellos se sientan solos a donde quiera que estén.
Como dijo un amigo en alguna ocasión, que la angustia más grande que ha sentido en sus momentos de soledad ha sido la muerte porque “cuando te mueres se acaba todo y cuando te mueres nadie te va a acompañar”. Tal vez por eso le cantamos a la muerte y a los muertos, para que en el más allá no se sientan solos.
Nos quedan muchos años por vivir, los necesarios y los que nos hayan tocado. El aprendizaje es difícil pero cada vez lo iremos aceptando como algo natural e inevitable. Lo mejor de la vida está en lo que descubrimos y construimos, las cosas que compartimos con nuestros semejantes.
Mañana nunca se sabe.   

viernes, septiembre 05, 2008

A 20 años del lanzamiento del primer disco de Caifanes (Primera parte)


“Cuando me muera y me tengan que enterrar, quiero que sea con una de tus fotografías para que no me de miedo estar abajo, para que no se me olvide cómo es tu cara, para imaginar que estoy contigo y sentirme un poquito vivo”. Primer verso de la primera canción (Mátenme porque me muero, 1988) del primer disco de Caifanes.

Hay quienes no recuerdan lo que sucedió en 1988, ni siquiera los que pertenecen a mi generación. Hace 20 años, en Inglaterra, aparecía el primer disco de The Stone Roses, sembrando la semilla de lo que más tarde florecería como Britpop, mientras que Margaret Tatcher se convertiría en la Primer Ministro más longeva en su puesto. En el resto del mundo se realizaban los juegos olímpicos de Seúl, Greenpeace alertaba al mundo sobre el daño en la Antártida y, en México, Carlos Salinas de Gortari se robaba la elección para la presidencia de la república y que sumergiría al país entero en un sueño de opio. Desde España nos llegaba el Descanso dominical de Mecano, los Hombres G escandalizaban a la sociedad mexicana con el Sufre Mamón y cientos de adolescentes calenturientos encontramos un soundtrack durante las tardes de verano cuando espiábamos, a través de una persiana, a la vecina bonita de la casa de enfrente. Bleach sería el primer disco que una banda desconocida de Aberdeen, Washington, grabaría para el sello Sub Pop; más tarde, esa misma banda modificaría el panorama musical de América.
Después de los terremotos de 1985, las viejas estructuras de México cayeron para dar paso a un panorama que pocos conocían y muchos se negaban a admitir. En este no había cabida para el rock hecho en México, a menos que fuera de manera clandestina. Pero a mi generación sólo le importaba una cosa: vivir y pasarla poca madre. Al menos esa era la idea de vida para los adolescentes de Chetumal, tan alejados del centro del país y su capital, nosotros ajenos a lo que se movía en sus arterias y rincones metropolitanos. Según cuenta la leyenda, todo comenzó con un concierto de Miguel Mateos en el entonces Hotel de México (ahora World Trade Center), donde la banda “telonera” se había robado la tarde gracias al entusiasmo de sus más fieles seguidores desde los días en que se hacían llamar Las insólitas imágenes de Aurora. Esa banda cambió de integrantes y de nombre, y en 1987 comenzó a llamarse Caifanes.

“Aquí vendemos discos, no ataúdes”
Caifanes, surgió de entre lo que fue el desastre del terremoto de 1985 en la Ciudad de México tras el deceso de Rodrigo González, y junto a grupos como Neón, Maldita Vecindad, entre otros. La historia previa a Caifanes es, por todos, conocida; sin embargo aquel primer disco parece perdido en el tiempo y sólo recordado por los que se dejaron seducir por el sonido oscuro y desesperado, al puro estilo europeo de la época y que aún no mostraba signos de lo que más tarde se conocería como “el sonido caifanesco” (sería hasta la entrada de Alejandro Marcovich a la banda, que el sonido mutaría).
Caifanes originalmente fue conformado en enero de 1987 por: Saúl Hernández (voz y guitarra), Sabo Romo (bajo), Diego Herrera (teclados y saxofón), Juan Carlos Novelo (bateria) y Salvador Ojeda (guitarra). Su primera presentación fue el 11 de abril de 1987 en el legendario Rockotitlán. La expectación creada en el underground rockero mexicano fue tanta que mucha gente se quedó fuera del recinto.
Después de su presentación aquel 11 de abril, Juan Carlos Novelo decide abandonar la agrupación, y en su lugar entró como soporte para la segunda presentación en Rockotitlan, Jorge "El Gato" Arce, (baterista de Ritmo Peligroso), pero por incompatibilidad con los tiempos de ambas agrupaciones, Arce vuelve a abandonar a los recién formados Caifanes. Alfonso André (batería y percusiones) se uniría a la banda a partir de su tercera presentación en vivo, Santiago Ojeda se integra a Botellita de Jerez reduciendo al grupo en un cuarteto integrado por Sabo Romo, Saúl Hernández, Alfonso André y Diego Herrera.
La explosión de grupos originarios de España y Argentina, y la etiqueta de "Rock en tu idioma", hicieron que las casas disqueras comenzaran a dar apoyo a las agrupaciones que llevaban tiempo pululando en los bares y "hoyos funky" de México. Rock en tu idioma, fue lo que marcó el renacimiento de un movimiento que se encontraba sepultado gracias a las disposiciones de un gobierno autoritario que reprimía a la juventud y a las generaciones posteriores a la Matanza de Tlatelolco; los artistas que sobrevivieron a Avándaro, poco a poco perdían frescura, y la escena rockera mexicana poco a poco se dirigía al estancamiento.
En 1987, Caifanes comenzó a crearse una base de admiradores, un plus que comenzaron a forjar y que fue adicional al culto que habían provocado Las Insólitas Imágenes de Aurora. El trayecto no fue fácil, la banda había juntado un presupuesto, y tenían en mente grabar un disco bajo el cobijo de algún productor español; pero lamentablemente, el dinero comenzó a escasear y solo alcanzó para grabar un demo de cuatro canciones. Las canciones elegidas habían sido: Mátenme porque me muero, Nada, Será Por Eso, y Amanece.
El primero de estos temas fue enviado a la extinta estación, Espacio 59, en donde se programaban los demos de las agrupaciones que querían darse a conocer; y en donde comenzaron a ganarse el gusto del público "radioescucha".
La primera parada en una casa disquera fue en la desparecida CBS México, y en donde el director general de aquella casa disquera (de nacionalidad brasileña hasta donde se cuenta); al ver su aspecto "Gothic", similar al de The Cure, no tuvo otra descripción de ellos y sus palabras solo alcanzaron para decirles: "Parecen putos".
El gerente de la sucursal mexicana de CBS escuchó con atención aquella cinta que la agrupación llevó, el trabajo fue de su agrado, pero por su aspecto les negó algún contrato en firme, argumentando lo siguiente:
"En CBS, nuestro negocio es vender discos, no ataúdes".
Se dice que Saúl aún cuenta aquello como anécdota y no lo olvida.

Por un momento, el grupo, frustrado de tanta búsqueda, recibieron el soporte temporal de CBS, pero después recibirían su "carta de retiro". La verdadera oportunidad llegó cuando Ariola convocó a las dos bandas que estaban provocando "eco" en la escena "underground" de la época en la Ciudad de México, a abrir el concierto de Miguel Mateos en el desaparecido Hotel de México el 31 de Octubre de 1987. Caifanes y Neón eran esas bandas. En ese lugar se encontraba Oscar López, productor de Miguel Mateos, quién a su vez, estaba midiendo el poder de convocatoria de ambas agrupaciones, y en donde Caifanes salió triunfante sobre Neón y Miguel Mateos, no vaciló en darles su apoyo incondicional. El resultado, la grabación de un primer LP bajo la dirección y realización del productor Oscar López, también productor del argentino.
Caifanes accedió a firmar con RCA Ariola, a cambio de que también Maldita Vecindad firmara y así ocurrió. Para noviembre de 1988 Maldita Vecindad se encontraba grabando en los Estudios PolyGram lo que sería su primer material.

¿Será por eso? A 20 años del lanzamiento del primer disco de Caifanes (Segunda parte)

“Desde aquel día me trajeron para acá, será porque no me dejaba rasurar”. Primer verso de la primera canción (¿Será por eso?, 1987) que Caifanes tocó en el concierto de Miguel Mateos, el 31 de octubre de 1987.

Desde aquél día me trajeron para acá…
Regreso a 1988 en un abrir y cerrar de ojos. Elijo el soundtrack adecuado para el viaje en el tiempo: el sencillo de “La negra Tomasa”, el único que, en el Chetumal de entonces, nos llegó a través de la radio en amplitud modulada. Las ondas se ampliaron hasta los rincones más oscuros de nuestros corazones que dejaban la niñez para iniciar el terreno minado de la adolescencia. Las ondas sonoras eran producidas por una lánguida voz poco usual para un grupo “cumbianchero”; una articulación de las palabras tan lánguido que bien podríamos pensar en una fiesta funeral llena de alegría, justo de la manera en que los mexicanos celebramos el Día de Muertos. Según en una entrevista realizada a Saúl Hernández por el programa “Verdad y fama”, él mismo declara que “Mátenme porque me muero” está inspirada en la muerte de su madre, ocurrida cuando Saúl tenía 9 años. “Creo que tenía como la necesidad de explotarlo”, dijo al programa, “porque ‘Mátenme’, pues, es como un himno a la reencarnación, es decir, cuando me muera me voy a llevar tu foto porque la voy a ver y sé que nos vamos a ver. Yo lo sentí desde la muerte de mi madre, fue la primera presentación”.
La música parecía ser el sonido que, para muchos de los que crecimos en los ochenta, imaginamos como la banda sonora de la situación social y económica de nuestro país: un interminable cuento de colores grises y rojos atardeceres.
El sonido que Caifanes nos trajo desde un lugar del sur de la Ciudad de México (más alejada de Chetumal que ahora), se debe mucho a las influencias que los músicos traían en su bagaje musical: la Sonora Santanera y toda la música afroantillana que le gustaba a la mamá de Saúl, XTC, The Cure, The Beatles, Tin Tán, Atahualpa Yupanqui, José Alfredo Jiménez, Pink Floyd. Toda esa amarga amalgama de dulces sonidos arraigados en el alma del mexicano. Por eso el primer tema del disco nos parece tenebroso y romántico a la vez, desesperado, lleno de miedo de enfrentar a la muerte, quedarnos solos, perder lo que más amamos en vida.
Es así que seguimos escuchando la voz de Saúl dentro de una maravillosa música producida por tres músicos experimentados en el quehacer musical; cada uno de los “caifanes” pasó por los mismos artistas y grupos plásticos, muy gustados y explotados en México durante los 80, pues el rock no pagaba las rentas. Claro que en Chetumal se vive en una continua línea hacia atrás y esos sonidos siguen gustando; esa es la razón por la cual muchos que no son fanáticos de la banda se espantan al escuchar una canción como “¿Será por eso?”.
Mi recuerdo inmediato de esta canción siempre fue una persona demente, atada con camisa de fuerza y con el cabello alborotado, pero la mirada serena y nostálgica, abandonado, como suplicando por un poco de amor, de vida. Pero una mirada a fondo nos lleva a descubrir que es la descripción perfecta de una angustia reprimida, una tristeza que sólo el hecho de gritarla nos brindará alivio eterno durante las interminables horas nocturnas de la adolescencia: el hecho de ser diferentes.
“Cuéntame tu vida” parece un dibujo sonoro del vacío y el hartazgo de la soledad, una resaca de alcohol luego de ahogar una pena tan grande que nos ha hecho olvidarnos de nosotros mismos. “La negra Tomasa” se publicó en un EP aparte junto con “Perdí mi ojo de venado” y no se incluyeron en el álbum sino hasta la reedición en disco compacto. La versión extendida de “la negra”, en el EP, es todo un viaje por el sonido de los primeros días: la línea melódica del bajo de Sabo Romo, precisas, llenas de sentimiento y buen gusto al realizar las variaciones, una percusión sencilla –secuenciada electrónicamente- reforzada con el acompañamiento de André, la atmósfera creada por Diego Herrera quien, además de encargarse de los teclados, también tocaba el saxofón. Y es precisamente el saxofón quien inicia la narración musical de un cuento que narra el viaje por las influencias musicales de estas cuatro almas; escuchamos un poco más y llega el solo de guitarra de Saúl Hernández. No es el típico “solo” al que los roqueros “glam” de los ochenta nos tenían acostumbrados: se trata de unas cuantas notas sueltas al principio, cubiertas con la vestidura del distorsionador y delay (efecto de eco), similar al sonido de la guitarra de David Gilmour o las guitarras de Robert Smith. Es, precisamente, lo que más me atrajo de “La negra Tomasa”. Muchos se llevaron una decepción al descubrir que Caifanes era una banda de rock.
Como suele pasar con muchos discos, el primer LP de la banda contiene uno de los cortes clásicos: “Viento”, canción que hay sido versionada por infinidad de grupos de bar, bandas de garage, guitarristas aficionados, guitarristas clavados, músicos solitarios, que ha sido tocada en antros, fiestas, serenatas y un sin fin de situaciones más.
Hasta entonces no habíamos escuchado unas letras tan honestas y llenas de metáforas. No se me olvida la primera vez que escuché el verso que dice: “No me he dejado de pintar las paredes, ¿será porque las sombras me hacen olvidar?”. Como dijera un par de “charolastras”: pop mata poesía, la lírica de las primeras canciones de Saúl no caían en el discurso pop de pasarla bien y tener la vida resuelta pero tampoco era una poesía facilona al estilo de Ricardo Arjona, era la voz de un sector de la generación mexicana que había asimilado el discurso europeo del rock, la actitud y el sonido. De tal modo que nos llegaba una música “neta y chida” que resultaba “fresa” para roqueros como El Tri o las bandas de “rock urbano” que, si bien sobrevivieron a la persecución del rock, parecían dirigirse hacia ninguna parte. La aparición de una banda como Caifanes vino a darle un nuevo aire a la música popular destinada al público joven. La historia del rock hecho en México se dividió en “antes y después” de Caifanes.


A 20 años, antes de que los olviden…
Nadie los podría parar, sólo muertos podrían quedarse callados, nadie nos callaría. Y nadie nos callaría pues, luego de escuchar este primer disco muchos buscábamos el modo de hacer hablar a nuestra alma de la manera en que Saúl lo hizo; cogimos la guitarra y exploramos los sintetizadores, adorábamos el color negro y soñábamos con tener “una banda como Caifanes”: un disco que se vuelve referente y en influencia para otros, se convierte en un clásico. Chá, bajista de Fobia, aseguró: “al menos a mi generación sí tuvimos la fuerte influencia de lo que fue Saúl con Alejandro Marcovich y con Alfonso, de ‘Las insólitas imágenes de Aurora’, y, posteriormente, con los Caifanes.” Otras influencias inmediatas se pueden encontrar en Porter y la manera de cantar de Musgo y hasta en las primeras canciones de “La gusana ciega”, desde la vocalización y las letras.
Su primer disco, "Caifanes", salió a la venta en agosto de 1988 y el sencillo "Mátenme Porque Me Muero" fue su primer éxito, seguido por, "Viento", "Amanece" y "Cuéntame tu Vida". El también llamado “Volumen 1”, fue precedido por un EP con tres canciones producido con la intención de probar la aceptación del grupo entre la posible audiencia; el resultado fue la venta de más de trescientas mil copias y, por lo tanto, la grabación del primer LP.
Los Caifanes ya no existen. Queda el eco de ese disco grabado totalmente en México y aún resuena en la mente de muchos de los que actualmente tenemos más de 30 años; habría sido horroroso seguir a la masa con su soundtrack patético y vacío mientras mi alma adolescente conocía el dulce sabor de la tristeza y la soledad.
Regreso al 2008 y ahora hay demasiadas bandas, algunas cuestionables, otras interesantes; la situación en el país es peor de lo que hace veinte años, ya no hay angustia, tan sólo incógnitas que serán despejadas. Hemos crecido y ya no vemos perros que se arrastran. No regresarán los Caifanes y tal vez sea lo mejor porque sólo los grandes saben morir como los árboles: “de viejos, pero de pie”.

“Nunca nadie nos podrá parar, sólo muertos nos podrán callar”.

lunes, abril 28, 2008

Ecos de hace cuarenta años: Serrat y el conflicto de Eurovisión



Los años pasan y el mundo gira sin detenerse. El siglo XX se fue como llegó, dejando cicatrices de guerras, huellas de pasos revolucionarios y el aroma a hormonas, marihuana y flores en el pelo, sin olvidarnos del avance tecnológico hacia fin de siglo. 1968, sin duda, es el año que marcó a occidente, a México y los acontecimientos de ese año turbulento dejaron una marca indeleble en la memoria colectiva de una sociedad que corre el grave peligro de caer en las mismas atrocidades. Este es uno de muchos recuentos de aquél 1968.

Entremos en materia… el conflicto de Serrat
En 1968 se anunció que Serrat sería el representante de España en el Festival de Eurovisión. En cuanto a la canción a interpretar, se barajaban dos: "El titiritero", del propio Serrat, y "La, la, la". Al final se decidió que la representante de España fuese esta última, al considerarse más festivalera. El tema no fue compuesto por Serrat, sino por Manuel de la Calva y Ramón Arcusa (el Dúo Dinámico), quienes, sin embargo, al componerla tuvieron en mente algunos temas y el estilo poético por los que se habían destacado las letras de Serrat: el canto a las cosas sencillas de la vida: la madre, la tierra, el despertar de un nuevo día, la naturaleza...
Serrat comienza a recibir muchas presiones de algunos miembros de la Nova Cançó y de otros sectores catalanistas por cantar en castellano. Ante este clima de quejas, Edigsa decide posponer el lanzamiento de su segundo disco .
El 8 de marzo se emite un programa especial en Televisión Española titulado "Así es... Así canta... Así compone... Joan Manuel Serrat", para promocionar en televisión al recién nombrado representante en Eurovisión. Canta cuatro temas en catalán y los tres que hasta el momento había grabado en castellano: "Cançó de matinada", "Paraules d'amor", "El titiritero", "Me'n vaig a peu", "Mis gaviotas", "Poema de amor" y "Ara que tinc vint anys".
Tras grabar la canción en estudio en varios idiomas (y hacer el equivalente de entonces a los vídeo clips actuales) destinadas a distintas cadenas de televisión europeas, el 25 de marzo se anuncia que Serrat no iría a Eurovisión si no es cantando el "La, la la" en catalán. La versión más extendida —y que Serrat nunca ha negado— sobre a qué se debió este insólito hecho es que Serrat había decidido no cantarla si no podía hacerlo en catalán, a modo de plante que pretendía llamar la atención sobre la situación marginal en la que se mantenía a la lengua catalana. Para otras personas, sin embargo, fue una maniobra publicitaria. Así, según indica Ángel Casas en su libro 45 revoluciones en España, lo que realmente pasó es que su representante, José María Lasso de la Vega, decidió hacer un intento para que el cantante recuperara su público más catalanista, que estaba, poco a poco, perdiendo. Se trataba de que Serrat cantara un verso de la canción en catalán durante el festival. El audaz manager pensó que la mejor manera de conseguir eso sería decir que el cantante exigía cantar toda la letra en catalán para, más tarde y tras una supuesta negociación con las autoridades, llegar a un acuerdo que le permitiera al menos cantar el ansiado verso y contentar así a la audiencia «de casa». Sin embargo, este plan falló.
Parece ser que al régimen franquista no le gustó nada la idea, lo que le valió a Serrat un prolongado veto en la radio y la televisión nacional. Su puesto en el festival fue cubierto por una jovencísima Massiel, que sólo tuvo unos pocos días para ensayar y promocionar la canción y que además se llevó el premio con el mismo tema.
Cuando Joan Manuel empezó a cantar, por 1965, como todos los cantantes que se expresaban en catalán, estuvo señalado por el dictador dedo franquista. Era entonces un Joan tierno, adolescente, inocente, arrullador, todavía con sus pecas y con el inconformismo y la lindura propia de los pocos años.
Cuando más tarde decidió cantar en castellano y firmar sus discos como Juan Manuel. El mal llamado charnego, también estuvo señalado como "esquirol", por algunos de sus compañeros de "La Nova Cançó" y por los sectores mas catalanistas (que no catalanes) de la época. Cantar en castellano hizo que mucha más gente, no sólo los catalanes, pudiesen disfrutarle. Y se abrió la antigua veda del mercado nacional a sus discos.
Sin embargo, y debido al conflicto con Eurovisión, el régimen franquista se encargó de desprestigiar a Serrat a través de la Televisión Española y la Radio Nacional Española, además del intento de borrar su nombre del panorama musical.

Y más tarde, el exilio
En 1975, a raíz de unas declaraciones suyas (acerca de los últimos fusilamientos del régimen franquista), tuvo que exiliarse durante un año en México, debido a la orden de busca y captura que se emitió contra él. Además, tal y como ya había ocurrido en 1968, sus trabajos fueron retirados y censurados por el régimen. Especialmente afectado se vio su recién estrenado disco Para piel de manzana, el primero que grabaría para la casa discográfica Ariola. Durante su estadía en México no pudo componer canción alguna. De hecho, el disco que editaría al año siguiente no es más que el término de un proceso ya anterior. Realiza una gira con sus músicos por todo el territorio mexicano arriba de un autobús bautizado como La Gordita, ofreciendo recitales a bajo costo. Serrat ha confesado que aquel fue un periodo muy duro de su vida, pues vivía en la constante desazón de no saber si mañana volvería a su tierra o nunca ocurriría el retorno. También de esta época son sus canciones más combativas.

A Massiel la sacaron literalmente de una gira que estaba haciendo en México y la obligaron a ir a Europa a cantar el “La la lá”, que se tuvo que aprender en menos de una semana. Pese a que el régimen la apreciara, no escondía sus simpatías por una cierta, si acaso tenue, izquierda: suya es una de las primeras canciones protesta españolas "Di que no", y también a finales de los 60 era amiga de gente como Auté o Milanés, e interpretaba obras de Bertold Brecht. España es el país más anticatalán del universo. Desean la total exterminación de la sociedad, la cultura, la lengua y la economía de este maravilloso pueblo, en una locura sin precedentes, comparable a la Alemania nazi contra los judíos.

martes, enero 01, 2008

A 14 años del levantamiento armado del Eército Zapatista de Liberación Nacional

Han pasado 14 años del levantamiento aquél y la pregunta asalta, es inevitable: ¿Hacia dónde se dirige el neo zapatismo? La figura del subcomandante Marcos ya no figura en las primeras planas y sus palabras ya no se publican como en el principio, producto de su ruptura con la "izquierda" mexicana, los intelectuales del país y los medios de comunicación. Recuerdo aquel momento, al mediodía, cuando en la casa de mis padres mirábamos las noticias del día. Las imágenes de un grupo de encapuchados enfrentándose a tiros. También rememoro aquellos días de la universidad, en 1994, cuando los compañeros apoyaban a los denominados Ejército Zapatista de Liberación Nacional.

Hagamos un recuento.

El Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) es una organización político-militar cuyo mando tiene por nombre Comité Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia General (CCRI-CG) del EZLN, derivado de su composición mayoritariamente indígena. Salió a la luz pública en el estado mexicano de Chiapas el 1º de enero de 1994 al tomar varias cabeceras municipales el mismo día que entraba en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. La teoría y la praxis zapatistas lo colocan a la par de otros movimientos de la llamada posguerra fría, tales como el sin-tierra brasileño, el piquetero argentino, el cocalero boliviano, el okupa europeo, o el antiglobalización de sectores de las sociedades urbanas; ligados a un discurso y un quehacer etiquetado como contracultural que algunos autores identifican con una supuesta Generación Z de movimientos de izquierda y anticapitalistas que no buscan, a diferencia de otros movimientos estadocentristas, la toma del poder estatal.



Su lucha, a la que se puede dar un seguimiento de la mano de sus seis declaraciones políticas, se puede expresar con tres planteamientos mínimos que van de lo local a lo global:
1.- La defensa de derechos colectivos e individuales negados históricamente a los pueblos indígenas mexicanos.
2.- La construcción de un nuevo modelo de nación que incluya a la democracia, la libertad y la justicia como principios fundamentales de una nueva forma de hacer política.
3.-El tejido de una red de resistencias y rebeldías altermundistas en nombre de la humanidad y contra el neoliberalismo.

Después de catorce años del levantamiento armado, el 1º de enero de 1994, el EZLN ha sobrevivido a dos sexenios y contando (con el actual) en los que se ha visto como portavoz de los "sin voz", apoyados por simpatizantes italianos, la clase intelectual, estudiantes universitarios, "izquierdistas" y uniones populares. Antes, Marcos y el EZLN eran las estrellas en el circo mediático; ahora, su popularidad ha ido a la baja a raíz de sus pleitos con grupos intelectuales progresistas y de un distanciamiento con el diario La Jornada, que durante muchos años fue el altavoz para la causa zapatista. Por un tiempo, el EZLN significó el espíritu de la lucha revolucionaria, que las cosas podían modificarse para el beneficio de todos –especialmente, los indígenas- y nos hizo creer que en México aún se podía "hacer la revolución".



Los tiempos cambian, el ideal de las luchas armadas ya no hace mella en las nuevas generaciones y a los que siguen "en pie de lucha" se les tacha de "revolucionarios nostálgicos"; se dijo que el movimiento "era una lucha de Internet". Antes del período de silencio, el grupo insurgente realizó la Marcha del Color de la Tierra hacia la Ciudad de México (11 de marzo de 2001), donde el 28 de marzo de aquel año subieron a la tribuna del Congreso de la Unión. En voz de la comandante Esther, pidió a los legisladores que cumplieran los Acuerdos de San Andrés. "Queremos que sea reconocida nuestra forma de vestir, de hablar, de gobernar, de organizar, de rezar, de curar; nuestra forma de trabajar en colectividad, de respetar la tierra y de entender la vida, que es la naturaleza, que somos parte de ella". Después de aquella jornada, el Congreso se haría de la vista gorda con los acuerdos. Después vino el período electoral del 2006 y se inició la otra campaña en el mes de enero y que llegaría a Quintana Roo el 15 de enero de aquel año. Luego, vinieron los sucesos de Atenco y la Otra Campaña tuvo que suspenderse, entonces, el subcomandante Marcos declaro que el EZLN se encontraba en estado de alerta. En una entrevista concedida a una revista mensual, Marcos dice que la inflexión del zapatismo "se ubica a partir de las críticas que lanzó contra López Obrador en las elecciones del 2006", por las que rompió con los intelectuales que lo apoyaban, decisión tomada tras el fracaso legislativo del 2001. También –al interior- se replanteó tomar de nuevo la vía armada, pero decidieron que lo mejor era no hacerlo: se habían dado cuenta de que se equivocaron de interlocutor y habría que romper con la clase política y con los intelectuales.

A partir del lanzamiento de la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, al EZLN se han acercado demás minorías oprimidas de México y el mundo. Mientras en Occidente bajaba su popularidad, ésta surgía en lugares más alejados e igualmente empobrecidos, desde la India, Pakistán y Corea. Los enemigos de estos oprimidos siempre serán los mismos: Wal-Mart, Pepsi y Coca Cola, la destrucción ambiental y el desgarramiento social por la privatización de los recursos naturales en México y el mundo.
¿Qué va a pasar con el zapatismo? Tal vez haya lugar para una radicalización del movimiento, pero no será sino hasta el verano de 2008 cuando se dé a conocer una nueva fase de acción. "Ya sabemos quienes somos y por qué queremos luchar, ahora tenemos que preguntarnos cómo lo vamos a hacer, con una estructura tipo movimiento, frente, o así como estamos, y ver quién está dispuesto a luchar por eso", respondió a la reportera de la publicación Gatopardo, en noviembre de 2007.
Mientras tanto, los acuerdos de San Andrés Larrainzar serán incluidos en la Constitución Política de Quintana Roo, luego de que las comisiones unidas de Puntos Legislativos, Constitucionales, Justicia, Asuntos Indígenas y de Derechos Humanos aprobaran el dictamen para reformar la Constitución local en donde se reconocen los derechos sociales, económicos y culturales de las comunidades y pueblos indígenas asentados en el Estado, y los faculta incluso para su libre determinación y autonomía, así como para adquirir, operar y administrar sus propios medios de comunicación. Se trata de una iniciativa de decreto presentada por el grupo parlamentario del Partido Revolucionario Institucional que encabeza el diputado Efraín Villanueva Arcos y mediante la cual se plantea rescatar las principales demandas establecidas en los acuerdos de San Andrés Larrainzar, Chiapas, y que fueron producto del levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), pero que no fueron totalmente incluidos en la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos.
Queda esperar al verano de 2008 para conocer las nuevas acciones del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, y queda también comprobar si las luchas revolucionarias sobreviven al nuevo modo de vida y las nuevas generaciones, tan imbuidas en el consumo y la egolatría; queda esperar a ver si México decide tomar el rumbo del cambio social en los albores del bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución.

lunes, octubre 08, 2007

En la era del terror todos se perdían en una frase de amor…

Nadie me conoce bien, nadie sabe cuales son mis sueños”. El dios en la pared, Los Amantes de Lola (1991).




Fue el primer disco de rock hecho en México que compré con el dinero de mis “domingos”. Lo compré una noche de marzo de 1992, recuerdo que llevaba mi “walkman” dentro de la mochila y escucharlo fue como una epifanía. Entonces soñaba con formar una banda de rock aunque tuviera una guitarra acústica con cuerdas de metal. La primera descarga provino de un preludio coral que anunciaba el ambiente de aquel álbum de nombre extraño para mí: La era del terror. No era el disco de un grupo “metalero” ni satánico, era el segundo disco de Los amantes de Lola.
La primera rola, “Beber de tu sangre”, era el primer sencillo a promocionar y en 1992 aún se transmitía “Siempre en domingo”. Cosa extraña, un grupo de rock aparecía en el programa dominical y a los que vivíamos lejos del centro del país nos llegaban las imágenes de un movimiento aparentemente muerto pero que llevaba muchos años tratando de sobrevivir en el underground. Los amantes de Lola fueron parte de ese “boom” de rock mexicano -o rock hecho en México- que lideraban los Caifanes, Fobia, Maldita Vecindad, Neón, sin olvidar a los grupos que circulaban en la periferia del Distrito Federal como Tex Tex, Transmetal o el Tri. Mientras que varios de mis compañeros de clase se “prendían” con canciones que le “tiraban” al sistema gubernamental, a la policía, y que predicaba la misericordia hacia los pobres niños sin amor, nunca me sentí plenamente identificado con la temática de esos grupos. A mi me interesaban los temas filosóficos, la búsqueda de tiempos y mundos mejores donde el amor y la comprensión fueran una realidad.
Fue así como el texto de “Beber de tu sangre” desató una gama de sensaciones y sueños diurnos que serían una constante en mis días de preparatoriano. No puedo dejar de lado a la música -acompañando esos textos extraños a mis oídos jóvenes- que me parecía atmosférica y totalmente alejada a lo que la “telera” nos acostumbró con tantos baladistas. Por momentos el sonido de “los amantes” me recordaba a esas canciones de la época del “comrock” de mediados de los ochenta; tampoco se trataba de canciones construidas sobre la progresión de acordes utilizados en el blues (como el Tri) ni el sonsonete sincopado de la voz de Alex Lora, al contrario, la melodía fluía de manera natural, tal como el texto lo pedía: “el pensar en ti me hace recordar el encanto que provoca tu fragilidad”.
A la primera escucha, la música puede parecer cansada y monótona, sin embargo el oyente se encuentra ante puertas que deben ser abiertas a la percepción hasta encontrar los secretos depositados en las canciones. No hay temas de desamor ni mucho menos de contenido social o político. ¿Estado de ánimo?, seguramente es el amor el sentimiento imperante dentro de la temática del disco aunque no se considera un disco conceptual como tal.
Uno de los temas contenidos en el álbum nos remite al primer éxito de “los amante”: “Valiums a tu tía”. Si ya “los amantes” se habían quejado de las extrañas costumbres de “la mamá”, ahora le tocaba el turno a la tía paranoica, aquella que cualquiera se ha encontrado en la casa de la novia, siempre vigilando los pasos de la sobrina, investigando los hábitos del novio en cuestión… al final de cuentas, hasta daban ganas de dormirla para que no molestara (y más de uno no me dejará mentir).



“Los poetas dicen que cuando sale el sol, las mentes marchan con los pasos de la razón”, sugiere “No me dejes caer”, que de la oscuridad surgen los verdaderos sentimientos, esos que durante el día no se pueden decir ni hacer sentir, el ritmo de vida nos obliga a seguir a la razón: después de todo, somos seres nocturnos y la noche nos transforma en seres mágicos, geniales y brillantes.
“Hombres y locos” es una rola que cualquiera que ame tocar la guitarra en la intimidad de su cuarto o con sus amigos más íntimos disfrutaría tocar. La letra es un verdadero poema: “el hombre sueña deseando volar, el loco vuela al extremo del mar, y mientras los hombres miran el tiempo pasar, el loco canta parado en la mesa de un bar”. Hasta cierto punto me recuerda a “Us and them” de Pink Floyd.



“Bailando entre oro y diamantes en un eterno romance”, la Reina del Carnaval por fin ve realizado su sueño, aunque no sabemos a quien se refieren en ese “eterno romance”: ¿enamorada de la fama y la gloria o tan sólo es la obsesión por llamar la atención de los demás?
La canción que da el título al disco es casi un himno para los iniciados en la música de “los amantes”. “La era del terror” es un canto a la locura, a los viajes oníricos y al amor oculto en las palabras que, al ser escuchadas, leídas o cantadas por cualquier ser humano, provoca una intoxicación casi enteógena. “Bailar con la mucama” o “agitarse en la cama hasta las seis de la mañana” más bien parece una fiesta adolescente.
El disco asciende hasta llegar a un punto climático, precisamente donde la “Reina del carnaval”, “El deseo” y “La era del terror” invitan a la festividad sin restricciones, sin ataduras moralistas ni sonidos trillados. No obstante después de la fiesta, la resaca llega y a veces se siente un vacío en el alma. Nos sentimos solos al llegar el alba, buscamos consuelo y salvación en objetos sagrados: solos en un mundo que se olvidó de sentir.
“El dios en la pared” está inspirada en una película mexicana llamada “El puente”, y sin duda es una de las mejores canciones escritas por “los amantes”: “sólo hay luz cuando no hay oscuridad, no sé cuanto tiempo pasará, sólo puedo esperar a que entre un poco de luz para ver la divina imagen, la que me dejó mi dios en la pared”. Quien dude de la riqueza lírica del rock hecho en México a principio de los noventa, sería buena idea que regresara a los libros de poesía simbolistas.
“Madre tierra” cierra el disco con una letra tan excelsa como la música que la acompaña: “entre flores bailan los hombres, como tontos caen y regalan al aire cuentos de niños; Cristóbal descubre el continente y yo no sé dónde puedas estar”.
“Hotel” no se incluyó en la edición de LP ni en el caset. Tuvo que pasar más de 12 años para escuchar ese bonus track. Aunque como tema extra entró en la edición de disco compacto, “Hotel” parece una pieza que pudo aparecer en un nuevo disco de “los amantes”. Dentro del amplio repertorio de canciones que abordan el erotismo y los encuentros amorosos en esos rincones secretos, pocos describen con tanta delicadeza lo que el amante observa: el tiempo, una silueta dibujada por el sol, ropas que caen y dejan al descubierto un territorio dulce por explorar.
“La era del terror” fue un disco que me abrió las puertas a la posibilidad de crear letras de canciones aunque con resultados desastrosos ya que nunca, hasta ese entonces, había experimentado la totalidad de los sentimientos e ideas plasmadas en ese disco. Fue el soundtrack de una etapa de mi vida cuando el amor llegó por primera vez, junto con besos en los labios, el deseo de irme de casa y las ganas de crear música. Todavía conservo ese caset que compré un domingo de marzo y que tantos buenos recuerdos me trae.


sábado, septiembre 29, 2007

Un sueño de otro, un rumbo incierto: el regreso de Soda Stereo

“Cualquiera sabe que es imposible llevar una banda sin cierto nivel de conflicto. Es un frágil equilibrio en la pugna de ideas que muy pocos consiguen mantener por quince años, como nosotros orgullosamente hicimos”. La carta del adiós, Gustavo Cerati. (Publicada en el suplemento Sí del diario Clarín, después de anunciar la separación de Soda Stereo en mayo de 1997).


“Ahora estoy aquí, temblando frágil en la multitud. El avión se va, recuerdos del futuro ocultos, goles suenan a la distancia”. Es así como suenan los recuerdos de mi pubertad y adolescencia. El año, 1988, significó mucho más que una nueva etapa en mi vida de las muchas que vendrían a partir de entonces: dejé de ser un niño para comenzar a construir lo que soy ahora. Con doce años a cuestas la guitarra aún no era mi instrumento principal sino la batería; la guitarra llegaría alrededor del mes de marzo de 1988 (costó 50 pesos de aquel entonces y tenía cuerdas metálicas) junto con un par de cuadernillos y discos para comenzar a sacar los primeros acordes. Entonces, alguien me habló de un grupo de rock en español –que no eran los Hombres G- bastante bueno, de Buenos Aires: Soda Stereo.
El primer descubrimiento de un mundo más vasto: las chavas. Niñas de 15 años que, clavadas en su mundo rosa llena de sonidos fresa-poperos, llenaron más de un centenar de sueños diurnos en los que llenaban mi rostro con besos sabor a frutas. Entonces, una mujer de más de 18 años despertaría en mi los deseos de un adolescente drogado con sus propias hormonas: “tus ropas caen lentamente, soy un espía, un espectador… sé que te excita pensar hasta donde llegaré”. Con 13 años comprendía la fuerza con que están dotados los besos inalcanzables. Tal vez una guitarra me ayudaría a conseguir aquel cuerpo que provocaba tanto vértigo dentro de mi vientre.
Sonidos sintetizados, cajas de ritmo, melodías dinámicas y letras cargadas de erotismo y metáforas perforaban mis moribundos oídos infantiles, trazando paisajes eléctricos donde el deseo y los “zoom anatómicos” creaban un nuevo mundo interno. Desde entonces quedé marcado por el sonido “sodastereo”. Si bien fui un fiel seguidor de la música de “los cuatro de Liverpool”, la de Soda Stereo me parecía una música que nacía de una idea, de una noche de pasión animal en el que el corazón delator palpitaba por una mujer nacida en la luna roja.
Y no me importaba si la conjugación de verbos era distinta a la manera de hacerlo en México porque “vos” era “tú” y “sos” se convertía en un “eres” que mucho tenía en común con aquellos amantes devorándose como caníbales. “Cuando el cuerpo no espera lo que llaman amor… más se pide y se vive” y me enamoré por primera vez con todo lo que ello implica: complicidad, deseo carnal, dolor y efecto doppler.
Canción animal, disco de 1990, es a mi parecer el mejor disco de Soda Stereo y no sólo por incluir el megamultiinfinitamentetocado clásico tema “De música ligera”, sino por toda la gama de sonidos registrados en los 41 minutos y 37 segundos que dura el álbum. A partir de ahí, Gustavo Cerati se convertía en uno de mis “guitar hero”, aunque ya que llegamos a ese punto, Soda Stereo se convertiría en “la clase de banda que siempre he deseado formar parte”.
Quizá Soda Stereo no eran la única banda de rock en español sobre la faz de la Tierra pero sí la que movía cada uno de los afectos de miles de fanáticos, la que provocó que decenas de jóvenes de la entonces “Generación X” (Región 4) decidieran tomar una guitarra para conquistar el mundo. Hoy en día existen miles de parejas que se revolcaron “en el jardín por donde nadie pasa”, se entregaron a los besos entre acordes de música ligera coloreando la Primavera Cero. Conocimos la perversión en una noche larga lejos de casa y vaya que la conocimos, al grado de pedir más. Algunas solían dejarnos solos en una mesa vacía, otras preferían comer de nuestra carne.

Los coqueteos de Cerati con la música electrónica no gustaron a los fanáticos más puristas y sus mentes se quedaron suspendidas en el tiempo; algunos creen que el último disco de Soda Stereo es Canción Animal y, eso, es un grave error pues se perdieron de obras realmente vanguardistas, a comparación de las ñoñísimas baladas de Enanitos Verdes o las chauvinistas líricas de unos moribundos Caifanes que mucho le deben a Soda Stereo.
Dynamo (1992) ya incluía demasiadas secuencias electrónicas pero también hubo nuevos temas cargados de la energía a la que Soda nos acostumbró durante su trayectoria. Sueño Stereo (1995) fue el canto del cisne, un álbum por demás vanguardista en cuanto a la construcción de las canciones: secuencias electrónicas que hasta entonces eran exclusivas de músicos experimentales. El viaje hacia el final marchaba a velocidad supersónica en un Planeador. Volamos dentro de un concierto “anti-unplugged” y en cada ciudad visitada en el verano-otoño de 1997, fuimos parte de aquel rito en el que las “gracias totales” cerraban una etapa para los seguidores del trío originario de la “ciudad de la furia”.
A diez años de su último concierto aún quedan demasiadas noches largas para sumergirnos en la marea sonora-lineal. Aún quedan persianas americanas por donde se filtran las imágenes retro de aquellos ángeles eléctricos que nos convierten en “Sonoman”, hambrientos de carne, dispuestos a crear una canción animal.

La gira “Me verás volver” llega a México en noviembre y con ella regresan los recuerdos de miles al escuchar nuevamente a Soda Stereo, con toda la energía y el concepto artístico que han manejado desde siempre. Un concierto de Soda Stereo es una de las experiencias más excitantes que se puedan vivir: música, comunión, tecnología y multimedia al servicio del arte sonoro, viajes supersónicos al centro de nuestros sueños en stereo.
“Cruzo el valle, es mi frágil planeador”… y así, Soda Stereo regresa para llenar de nuevo los días de nuestra vida hasta que caiga el sol. Sólo me queda repetir aquella acción sugerida en la cubierta interior del disco Canción Animal:

“Y PARA MAYOR PLACER ANIMAL, ESCÚCHALO A TODO VOLÚMEN”


lunes, septiembre 03, 2007

Los cuadernos ajenos no se rayan… por eso, consíguete el tuyo.

Parece que entre los seres humanos hay reglas no escritas que se tienen que respetar casi de manera sagrada. El violar alguna de estas reglas supone una guerra interpersonal o algo semejante a los pecados mortales (para el que crea en la chapucería judeocristiana sobre los pecados, claro) al grado de provocar rupturas entre amigos, rencores eternos y alguno que otro berrinche propio de los seres humanos.
De la misma manera el ser humano es una criatura insatisfecha por naturaleza, lo cual se refleja en su consumo desmedido de productos que a la larga no sirven para nada. En este sentido hay seres humanos que de verdad nos pueden servir para muchas cosas, por ejemplo, los amigos. Y es que los amigos son esas personas que, aunque pasen los años y las distancias territoriales y mentales parezcan largas, siempre vamos a contar con ellos en todo momento. Con los amigos puedes tirar netas sin correr el riesgo de recibir un buen golpe en la cara; te emborrachas o viajas a lugares insospechados, compartes momentos, imágenes, discos: un amigo es un socio de vida, compañero de viaje y de lucha y hasta te presta dinero sin cobrarte demasiados intereses. Bueno, hay quienes sí se manchan en este sentido.
Pero ¿qué pasa cuando entre dos amigos de toda la vida llega “la manzana de la discordia”? (sean amigos o amigas). Uno de los dos tendrá mejor suerte en el terreno de las relaciones amorosas: todo un galancete o la chava más deseada de la prepa. Se puede no cumplir estos requisitos pero, vayamos despacio para luego caer subrepticiamente a un abismo del que pocos pueden salir. ¿Quién no se ha enamorado de la novia o del novio de nuestro mejor amigo o amiga? El que responda negativamente estará diciendo una mentira de proporciones titánicas pues todos, en algún momento de nuestra vida, hemos sentido algo hacia una persona que no está con nosotros.
Para empezar, las personas no son objetos que deban ser “meados territorialmente” como lo hacen los animales. El machismo institucionalizado ha cometido la atrocidad de hacernos creer que las mujeres son objetos que deben estar en nuestras manos a como de lugar; el feminismo -en todas sus vertientes- aunque mantiene el “dogma” de que las mujeres no necesitan de ningún hombre para vivir, a más de una le encanta asistir a shows de strippers y cantar canciones de “duro contra ellos”. En síntesis: no existe un respeto real hacia los semejantes, hombres o mujeres.
El respeto es una de esas reglas universales que constantemente se rompen. Sabemos que si una persona está con otra, será por alguna buena razón o muchas. Todos somos únicos en el mundo cual huellas dactilares, con características propias y un universo bien definido. Lo que nos hace diferentes entre sí es el “contenido neto”… ¡vaya!, ¡el relleno cremosito!
Ahora bien, tan insatisfechos y egoístas como somos, cuando un amigo empieza a salir con la chava en turno (aplíquese también con mujeres, gays o lesbianas, según sea el caso) nos apresuramos a encontrar en nuestro amigo todos los defectos conocidos o por conocerse. Muchos contienen la ira (o envidia) y saben muy bien que a un amigo se le profesa el mayor respeto y que la confianza depositada en nosotros es parte del código de ética humana que debemos seguir. Deseamos lo que no podemos tener.
La tentación persiste, la razón debe estar en equilibrio con las emociones o nos aproximaríamos al comportamiento animal. Los lazos de amistad son los más fuertes que existen en el mundo, ninguna relación amorosa debe ser motivo para romperlos ni mucho menos para crear conflictos graves donde antes no los había.
Hace muchos años tuve un gran amigo en la preparatoria. Solíamos tocar la guitarra en todas partes: en la prepa, en la calle de su casa, en los parques y hasta en el camión que tomábamos para ir a la escuela. Nos prestábamos discos e íbamos a fiestas de amigos en común, era una amistad muy chida. Un día me presentó a una chica que conoció hacía un tiempo; me gustó la mujer pero de ahí no pasó. Tiempo más tarde fuimos a visitarla a su casa, con las guitarras y toda la cosa, hasta tocamos un buen de rolas que nos gustaban. Se dio una atracción entre los dos; lo supe porque mi amigo me lo había dicho por teléfono al día siguiente de esa visita. La historia central es que ella y yo comenzamos una relación que poco después se acabó, ¿por qué? Porque mi amigo la frecuentaba más que yo con toda la libertad que ella no me había dado, de modo que mi “cuatacho del alma” ejerció su derecho a trabajar la tierra que le pertenece (¡chale!, qué idea tan espantosa). Nunca recibí explicación alguna, siguieron como si nada; obvio yo estaba que echaba chispas.
La amistad se terminó por culpa de una mujer (comentario sin misoginia de mi parte). Muchas amistades entrañables se han acabado por un “amor”. Sin más argumentos lo cierto es que los amigos merecen respeto, así sea de amigo a amigo, de amigo a la pareja y viceversa. La confianza está implícita en las relaciones humanas pero jamás debe ser pisoteada.
No sé si he sido tonto o tengo bien cimentado mi valor ético pero, jamás he rayado los cuadernos ajenos. Prefiero conservar a mis amigos porque nunca sabe uno cuando los vamos a necesitar. En cambio, los “amores” vienen y van, lo único perdurable en verdad es una cicatriz de una operación del apéndice. Todos valemos tanto y no vale la pena perder a los amigos y a las personas que a nuestro lado comparten la miel amarga del amor. Es cierto, el rencor envenena la sangre mientras que otros celebran al máximo, díganme ¿acaso vale la pena amargarse por conflictos de amor entre amigos?
Hasta la fecha no encuentro una explicación a estos misterios de la humanidad y prefiero no encontrarla, muchas veces me lo pregunté y perdí una parte importante de mi vida, de personas realmente chidas y experiencias maravillosas. Estoy a tiempo, nunca es tarde.
La amistad, con todo lo que ello implica, es un lazo que va más allá de toda asociación humana; el amor es cosa de dos y de nadie más, es un sentimiento que se siente y se comparte con quien se desea estar. El deseo es tan solo un estado de ánimo estimulado por las hormonas y el egoísmo es parte de sus condimentos.
Una vez más ¿vale la pena sacrificar una amistad por un amor que posiblemente no dure para siempre? La respuesta está en cada uno de nosotros.

lunes, marzo 26, 2007

“Me cantarán cuando me sienta triste”


“Yo soy el crucifijo al fondo de tu iglesia, al cual ya no visitas, al cual ya no le rezas”. El Crucifijo, Paco Huidobro.

Son pocos los discos que resisten el paso del tiempo y que forman una parte importante en la vida de las personas. Más extraño aún si se trata de un disco de una banda mexicana de rock. El año de 1990 vio el surgimiento de nuevos grupos bajo el sello de “Rock en tu idioma”: Caifanes, Los amantes de Lola, Neón, Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio, y Fobia. Éste último es el protagonista de la entrega de hoy, centrándonos en su primer disco homónimo lanzado en 1991.
Con diez temas de la autoría de Paco Huidobro, Fobia se caracterizó por su estilo “extraño” dentro del ya gastado medio musical de finales de los ochentas. Después de conocer la propuesta de Caifanes –de los que fueron “teloneros”- con su sonido oscuro y textos existencialistas, las canciones de Fobia, en cambio, estaban llenas de sonidos sintetizados, secuencias rítmicas energéticas, textos que rayaban en lo infantil y la influencia musical de The Cure.
Su rock era más fino y poco convencional. Si ubicáramos al disco en una edad mental, se encuentra en la adolescencia. Hay muchos personajes del reino animal como una iguana, un caracol, hay moscas y microbios pero también hay símbolos como la mugre y los crucifijos. El disco refleja estados de ánimo y situaciones que todos hemos experimentado en la vida, como mencioné antes, en la adolescencia. ¿O quien no ha soñado con ser arrancado del fondo de la tierra por el ser amado, o ha sentido la angustia juvenil de que el tiempo pasa y nada tiene sentido? En este disco se cuentan historias de una noche, de juguetes que juegan mientras todos duermen y de reflexiones “nietzchianas”.

De muñecos y caracoles… el lado A
El disco comienza con una secuencia de relojes que marcan el curso de las horas a media noche. Sucesivamente, los primeros personajes despiertan para armar la fiesta nocturna mientras Raquel duerme. “Los muñecos” parece un homenaje a la otrora canción de Cri Cri, a diferencia de que estos muñecos tienen un aire macabro, lascivo y festivo a la vez, enamorados de Raquel –la dueña- dispuestos a cuidarla toda la noche sin despertarla mientras “el sonriente Pierrot y Juan Pirulero” se meten en el camisón de Raquel.
¿A dónde iremos después de morir? ¿Quién nos acompañará en esa eterna soledad y nos cantará cuando estemos tristes? “Dios bendiga a los gusanos” que serán los últimos en recibirnos en este mundo, que nos harán compañía bajo la tierra y se reirán con nuestros chistes, ellos que sabrán de nuestra tristeza y verán nuestros sueños. “Las moscas” es una canción que habla del deseo recurrente en la adolescencia: morir para llamar la atención; “el otro día me dijeron que las excitaba, que el revolcarse por mi cuerpo las alborotaba… si me tiro por la ventana quizás me lleven en pomada”.
“El cumpleaños” gira en torno a un cumpleaños sorpresa, lleno de regalos extravagantes, como la música que acompaña al texto de Huidobro: una mezcla de música “a go go” y secuencias electrónicas hipnotizantes, la música perfecta para un cumpleaños celebrado en el cuento de Alicia en el País de las Maravillas.
Un bicho más, “El caracol”. Significa el miedo a cambiar y a quedarse atrapado en el corazón del ser amado, esa extraña metamorfosis que supone el fin de la infancia, cuando nos aferramos a un amor, vivir el día a día en una espiral. Y así termina el lado A (para los que conservan el disco LP y el caset) con una de las primeras melodías que se alejan de la alegría infantil.

El egoísmo, pensamientos “nietzcheanos” y microbios lascivos dan paso a la desesperación por ser notados en la vida… el lado B.
Un viejo truco de estudio: guitarras tocadas al revés, sintetizadores trazando un ambiente oscuro y nostálgico. El efecto de “delay” (retardo) es la herramienta preferida en la producción musical. “Me compraré hoy una iguana para que me hable más de ti, para matarla el día el día que no me haga reír”. Con el primer corte del lado B, se traza el siguiente camino: la oscuridad y la angustia. “La iguana” retrata el espíritu egoísta de la adolescencia: si no me quieres y no me haces reír, te mato, acabo contigo; voy a tenerte encerrada para mí, utilizaré una cómplice en mi propósito de entrar en tus sueños, en tus ideas. Haré cualquier cosa para tener el control de ti.
El ritmo baja y los acordes nos llevan por lugares fríos y sombríos, llenos de humedad provocada por lágrimas. Se hace de noche, las horas pasan y la angustia crece. Aprieta el corazón, necesito de mi amada. Quizá hoy sea la última noche de la vida, no queda más que dejar que se pudra y nos lleven a enterrar. “Pudriendo” es una de las mejores canciones del disco, describiendo la angustia juvenil por el fin de la vida. Los arreglos musicales nos remiten al sonido de “Seventeen seconds” y “Pornography” de The Cure.
La luz se ha colado por una rendija del cuarto de arriba, donde me encerré para verte en mis fantasías nocturnas. Todos mis esfuerzos por tenerte conmigo y amarte han sido en vano, es momento de encontrar soluciones, poner tierra de por medio. Ya se me acaba la esperanza, soy presa de ti. Aunque, después de todo, no necesito de ti –de lo físico-, “Puedo rascarme solo”. Si Nietzche viviera, ésta sería su canción favorita: “romperé el cielo para ti y acabaré con Dios, ay para ver si así me alabas”.
“El microbito” fue el primer sencillo de este disco. Una canción que no tenía nada que ver con la esencia del álbum, según comentarían sus creadores; únicamente relacionada con el mundo de insectos y personajes del reino animal. Censurada en su tiempo en las radiodifusoras por aquella frase: “haré un alberca en tu ombliguito, pa’ meterme a nadar, y si me voy más abajito nadie me sacará”.
“El crucifijo” es el epílogo de un disco que explora los rincones más oscuros de la adolescencia. Pero no la adolescencia en que todo es color de rosa, rodeado de chicas hermosas y un halo de popularidad; es esa adolescencia vivida en la angustia por el paso del tiempo, el amor no correspondido, la incertidumbre por el futuro, la lascivia y el egoísmo. No hay esperanzas para una piedra enterrada en la tierra, ni siquiera una plegaria para un crucifijo olvidado. Suplico, llévame contigo hasta donde estés. Pero ni así logras advertirme. Es el final. “Y es que hemos muerto de amor, pero el amor nunca muere”.
Fobia, fue lanzado en 1991. Forma parte del boom de rock mexicano surgido a finales de los ochenta. Después de cuatro discos, este primer disco se mantiene como el favorito de los fanáticos de la banda del Distrito Federal por su sonido pop, oscuro, en gran deuda con The Cure, y metáforas que difícilmente utilizarán grupos actuales de “emo”.

Fobia eran en 1991:
Leonardo de Lozanne.- Voz
Paco Huidobro.- Guitarras
Cha!.- Bajo y coros
Iñaki.- Sintetizadores, programaciones y coros
Gabriel Kuri.- Batería y programaciones