Al caer dentro del abismo sónico, la percepción se expande como el tiempo. He aqui las visiones de esa lenta caída. Espacio abierto a todos cuantos sepan leer.
sábado, noviembre 05, 2011
Rumbo al Festival de Cultura del Caribe: grandes expectativas, entusiasmo relativo.
martes, junio 30, 2009
Trascendiendo las fronteras sonoras y la presencia divina inexistente
"En la música todos los sentimientos vuelven a su estado puro y el mundo no es sino música hecha realidad." Arthur Schopenhauer
"El éxtasis musical implica una vuelta a la identidad, a lo originario, a las raíces primarias de la existencia. En él sólo queda el ritmo puro de la existencia, la corriente inmanente orgánica de la vida. Oigo la vida. De ahí arrancan todas las revelaciones"
Émile Michel Cioran en "El libro de las quimeras"
"El lenguaje humano es como una olla vieja sobre la cual marcamos toscos ritmos para que bailen los osos, mientras al mismo tiempo anhelamos producir una música que derrita las estrellas." Gustave Flaubert
Durante una gran parte de mi vida me he declarado ateo y escéptico antes las cuestiones paranormales. No obstante mi naturaleza artística, la educación universitaria y las experiencias de vida me han llevado por caminos en los que las ideas trascienden a la materia: la expansión del espíritu y la conciencia. Usando llaves literarias o enteógenas, la conciencia alcanza niveles de conocimiento que en una vida no se puede desarrollar de manera normal.
Tampoco soy materialista en el sentido estricto de la palabra pues, mientras unos pasan la vida entera comprando baratijas que no sirven más que para aparentar un “status”, mi status humano ha mantenido una relación equilibrada entre objeto e idea. Objetos preciados en mi vida son los discos (de vinilo y discos compactos), los libros y las fotografías, artículos que en la “concepción de realidad” de cualquier persona no significan más que dinero invertido en nada.
La música, abstracta e íntima desde su concepción, es un hada que nos envuelve en una nube de emociones, imágenes, recuerdos, aromas y momentos importantes en nuestra vida. Lloramos al compás de los latidos débiles del corazón herido de amor, cantamos a la presencia de lo ausente mientras cientos de labios cantan el último éxito del “mugretonero” del momento. El sonido se percibe, no se palpa. Musicalmente las personas están conectadas entre sí compartiendo espacio y tiempo, pues es bien sabido que desde los albores de la humanidad el hombre comenzó a hacer música en su sentido más básico: el ritmo.
El ritmo es una extensión de los latidos del corazón, del pulso sanguíneo y los impulsos. De ahí que un ritmo lento nos lleve por terrenos mojados de nostalgia mientras que los más desenfrenados “beats” incitan a una fiesta. Otros elementos de la música como la melodía, la armonía y el tiempo, son básicos para crear música o disfrutarla. No es necesario ser una eminencia en solfeo pero una buena educación del sentido musical de cualquier persona ayuda a tener una concepción más estética de lo que escuchamos. Insisto, el reguetón no tiene nada de estético ni cultural. Basura, pues.
La enciclopedia Wikipedia menciona en su definición de música que “la música, como toda manifestación artística, es un producto cultural. El fin de este arte es suscitar una experiencia estética en el oyente, y expresar sentimientos, circunstancias, pensamientos o ideas. La música es un estímulo que afecta el campo perceptivo del individuo; así, el flujo sonoro puede cumplir con variadas funciones (entretenimiento, comunicación, ambientación, etc.)”. Estoy de acuerdo, aunque dudo que las Pussy Cat Dolls o la camada de reguetoneros susciten una experiencia estética, aunque se trate de una manifestación cultural (la cultura del consumo, lo plástico y desechable).
El músico es un medio, jamás el fin. La música elige a sus amantes, a sus amigos, a sus consortes y hasta sus “dioses”, no en balde aquella pinta en la década de los 60 que decía “Clapton es Dios”.
En el mundo existen los aficionados a la música y los profesionales, aunque no tengan un título universitario o diploma, el músico se forma en la praxis, la escuela únicamente provee las herramientas y el conocimiento, por lo tanto el músico se forma como todo ser humano en la vida en los terrenos del amor: se emociona, llora, le rompen el corazón, se lo rasguñan, seduce, enamora, desenamora, golpea, protesta, grita, se libera y llega a la grandeza espiritual, trasciende a través de su obra a las fronteras cronométricas.
La obra de los compositores –ya sean clásicos, populares, folklóricos o de vanguardia electrónica- está registrada en los miles de millones de discos y cintas existentes alrededor del mundo. De manera material la música existe en los surcos del disco de acetato. En la actualidad la música se ha reducido al modo binario de unos y ceros, pulsaciones eléctricas dentro de un laberinto de circuitos microscópicos. Creemos en la música porque podemos crearla e interpretarla ante el público, la disfrutamos, fluye como morfina en medio de un dolor interminable o como miel a través de unos labios ansiosos de besos.
Un proverbio hindú dice “Dios me quiere cuando rezo, pero me ama cuando le canto”. Para los indios la música es el medio para llegar a Dios (Brama, Krishna, Shiva, etc.), y así ha sido en todas las civilizaciones en el que la música sumerge a la masa en un éxtasis interpretado como “posesión divina”.
Afuera hay un mundo resignado a la idea de que “todo ya está escrito”. Dentro de cada individuo late el pulso de la música, y con ello se suceden olas de recuerdos y emociones que nos llevan a afirmar que nuestra vida tiene una banda sonora. La música mueve almas, lo mueve todo; es el motivo por el cual quiero seguir viviendo y en lo que creo ciegamente. Sin música el mundo puede declararse muerto.
Por estas razones la música es la fuerza que me invade y me salva. No importa si los discos se rompen o los mp3 se borran de nuestro disco duro, si nos parten el corazón o el vividor seudo músico burócrata vive de sus regalías, la música jamás nos abandonará porque es parte del ser humano. No creo en una fuerza superior más que en la música.
jueves, junio 18, 2009
Suena igual, y se toca igual: el sonido de los nuevos clásicos
Ayer por la tarde, después de terminar el trabajo del día, me puse cómodamente a navegar por los rincones del ciberespacio. Con tantas opciones de entretenimiento o información, como sucede en el mundo real, entré un ratito a ese “cinito” virtual llamado YouTube. Lo primero que se me ocurrió buscar fue el video de Gina Montes y su reaparición en televisión. No lo encontré y mejor busqué algo menos desencantador. Teclee “Brian Wilson”. De inmediato apareció una lista de videos disponibles. Elegí uno titulado “The Fendertones: Pet Sounds live”; lo que vi y escuché se acercó a lo que experimenté la primera vez que escuché un órgano monumental. Me sorprendió ver a una orquesta de músicos jóvenes y adultos interpretando uno de los más grandes temas instrumentales del disco Pet Sounds de Los Beach Boys, tema homónimo y que es un deleite para los sentidos pues más que sonidos, escuchamos colores y emociones. Pero no me extenderé, lo mejor será que consigan el disco.
Una segunda vista al video sirvió para disfrutar del platillo y sus ingredientes en forma de luz y sonido. Vaya pues que uno descubre cosas que durante mucho tiempo laten en nuestra conciencia como leitmotiv, pulsaciones en forma de beats e imágenes sonoras en forma de “poesía pop”. Como músico (que no lo he dejado de ser) es toda una revelación cuando descubrimos que el “toing toing” de una guitarra no suena igual si no es tocada en el instrumento correcto o, dicho de otro modo, para disfrutar el sonido original de la “rola” hay que tocarla con los instrumentos originales.
Que los planetas y los seres humanos estemos más alejados los unos de los otros, no es nada nuevo. Lo mismo sucede por ejemplo con la música clásica y la música antigua. Primero catalogo como música clásica a la que reúne en su catálogo o repertorio las obras de maestros como Mozart, Beethoven, Schubert, Paganini, Wagner, y toda la orquestal; por otro lado, la música antigua comprende desde la edad media, el renacimiento, el barroco y una parte del clasicismo con Mozart y Haydn. Toda la música sinfónica se interpreta con instrumentos modernos, o sea, con aquellos que tienen características y adaptaciones hechas en los siglos XIX y XX; en tanto que la música antigua se interpreta en instrumentos réplica a partir de originales conservados en museos de Europa o países latinoamericanos que formaron parte de la Nueva España.
- “¿Qué sentido tiene tocar todo ese repertorio con instrumentos réplica u originales si al final lo que cuenta es que suena la canción y la pieza? Suenan igual” – puede ser, pero no todas las salsas boloñesas saben igual. Las propiedades de la madera con la que fue construido un violín, el barniz, el encordado, entre muchas otras técnicas que aplican a cada instrumento (ya sea de aliento, de cuerda o de percusión) le otorgan una sonoridad característica, misma que toma forma propia cuando el músico ejecuta dicho instrumento. El violín de Itzhak Perlman no suena igual que si lo tocara Anne-Sophie Mütter.
El encanto de las interpretaciones “históricas” (como se le llama en el mundo musical) radica en el empleo de técnicas de interpretación, construcción de instrumentos y recrear ciertos usos y costumbres en la técnica del música, de acuerdo al período musical abordado; de ahí que las “Cuatro estaciones” de Vivaldi interpretadas con una orquesta barroca nos parecen un remedo de sonido comparado a la monstruosa orquestación de Herbert Von Karajan. No es necesario saber demasiados tecnicismos para comprender un discurso musical barroco, ni tener las manos de Eric Clapton para que “Layla” suene con toda la potencia.
Volviendo a The Fendertones, esta agrupación se compone de músicos jóvenes y adultos, involucrados con el mundo musical y los instrumentos musicales Fender (de ahí “Fendertones”) y se han presentado juntos desde la década de 1960 del siglo XX. Sus presentaciones actuales consisten en conciertos de caridad en el que interpretan la obra de los Beach Boys y Brian Wilson. En YouTube se encuentran algunos videos muy padres. Les dará gusto –para los que conocen el repertorio de los californianos- encontrar una excelente interpretación de “God only knows” o emocionarse con una de las tantas “sinfonías pop” que Wilson concibió en su etapa más creativa, el clásico “Heroes & Villains”.
El grupo utiliza casi la misma dotación instrumental que Brian Wilson tuvo durante la grabación de sus discos: bajos y guitarras Fender, Theremin, orquesta de cuerdas, banda de metales, percusiones y hasta botellas de coca cola, sin faltar el uso de la tecnología y un gran coro que recrean las armonías vocales del “sonido de California”.
La experiencia en vivo debe ser intensa, y seguramente pondría los pelos de punta a cualquiera pues aunque en su tiempo fue incomprendido y aún algunos le menosprecian, Brian Wilson creó la música más maravillosa que el Pop pudo darle al mundo, sin chapucerías sexuales de lolitas caprichudas ni la vulgaridad del reguetón y sus insulsas proclamas a un “quickie” insípido.
Podemos hablar de la interpretación histórica de los nuevos clásicos de la música. Finalmente, las Polonesas de Chopin tuvieron su origen en las polkas, y los grandes maestros de la música rusa como Mussorgsky, Borodin y Tchaicoksky exploraron las posibilidades de los aires rusos, de la misma manera que Moncayo, Chávez y Revueltas.
Será rock and roll, pero se trata de la voz de una generación, de un momento social y cultural. El mundo no sería el mismo sin su correspondiente banda sonora.
miércoles, noviembre 19, 2008
De aquel chorro de voz… con el que aún puedo crear dimensiones paralelas.
Mi cuerpo y alma emprendieron un viaje de diez años de duración, con los veintitantos a cuentas y miles de sueños guardados en una mochila. Roto el corazón no quedaba más que recoger los trozos de llanto envueltos en versos ensangrentados. Así pues realicé mis primeros versos, tímidos destellos de locura y ansiedad por encontrar una salida en este laberinto de vanidades que es Chetumal.
Simplemente me gusta escribir mis ideas como una forma de ampliar mi expresión artística, no me he propuesto ser un poeta como tal (hago la aclaración o de lo contrario allá afuera alguien comenzaría una “mesa de debate” para discutir lo que aquí se lee). Como músico tengo una gran idea sobre cómo dar un discurso melódico, exactamente de la misma manera en que se desarrolla un diálogo.
Uno pasa la vida tratando de poner adjetivos a la belleza superficial, agregando la dosis controlada de hormonas y una gran cantidad de humo a los renglones de un cuaderno maltratado. Hubo oídos sinceros, labios sedientos de besos dibujados en cada verso desesperado. Para abrir el camino hacia la muerte momentánea bastaban unas cuantas palabras, un cuerpo dispuesto a desaparecer en la soledad de la noche: ausencia de todo, entrega de nada.
Sobra decir que hubo demasiadas noches incendiadas.
Pero la vida es una espiral eterna donde todo cambia, mientras más envejecemos dejamos un pedazo de nosotros mismos en el camino. A veces se gana y a veces se pierde mientras luchamos en esta guerra por la supervivencia, la contienda nos orilla a sacar las armas más mortíferas contra todo adversario, llámese rival de amores, rival profesional o simplemente, contra el sistema.
Y así, en el camino de la vida apareció una señal de advertencia: “las palabras están dejando de surtir efecto”. La tristeza comenzó a correr por mis venas, como veneno de serpiente; primero culpé a la labor alternativa de hacer grande a las cosas pequeñas, después pensé que el paso de los años cobraba la factura con lagunas mentales y vacíos retóricos. Recapacité, respiré profundamente y caí en la cuenta de que no era mi ser el que había caducado sino que vivo rodeado de seres apagados, territorios explorados por alfas a los que sólo les hace falta “mear el territorio”.
Los ángeles no caen del cielo. Las princesas extraviadas en el castillo de su vanidad corren la misma suerte de Rapunzel; no hay brujas malvadas, tan solo las exigencias personales y demasiada presión social.
Embriagado por el vino de la noche, asido a las ramas del sueño diurno, observo desde mi quimera. Me aferro a mis sueños como quien se engancha a la vida, regreso a mis viejos amores en el rincón de la soledad universal donde todo lo que veo y toco es real.
Es cierto, soy un murmullo en medio de una charla ininteligible, pero mi voz no se callará nunca. Tal vez no encendí la chispa oculta en los ojos de la pálida sombra de sonrisa lunar (sordera crónica, vacío espiritual), pero quedan muchas páginas por llenar en el cuaderno de versos eléctricos.
lunes, octubre 06, 2008
Receta para preparar un ultraderechista
martes, julio 22, 2008
Como si tuviésemos todo el tiempo del mundo
Yo no me eduqué en una universidad inglesa, simplemente me educaron correctamente. Siempre llego puntual a las citas, eventos o cualquier reunión social. Para mi es una costumbre sólida el llegar puntual a conciertos, recitales, proyecciones de cine, exposiciones, pasarelas y a las clases. En resumen, la impuntualidad es un grave error, casi un pecado, y es uno de los peores insultos luego de la célebre mentada de madre.
Ahora bien, y regresando a la educación, en la universidad fue donde la costumbre de la puntualidad se convirtió en algo que me acompañará toda la vida. No sólo porque es de buena educación ser puntual sino porque los músicos (y los
artistas en general) necesitamos llegar a tiempo a ensayos, conciertos, recitales, grabaciones: la puntualidad es una disciplina. Y más allá de cumplir con un programa y un horario establecidos previamente, la gente merece nuestro respeto: audiencia, público, invitados a exposiciones o premier de cine.Hace unos días asistí a la inauguración de una exposición plástica en el Museo de la Cultura Maya, misma que estaba programada para las 8 de la noche. A la hora señalada los invitados ya se encontraban reunidos afuera de la sala Dzibanché donde se instaló la exposición. El calor habría sido un detalle intrascendente de no ser porque ya habían pasado quince minutos después de la hora señalada para que empezara el evento, ¿la razón?, el presidente municipal Ruiz Morcillo no llegaba. ¿El señor es impuntual?, no me consta, lo he visto llegar a tiempo en otras ocasiones pero esta vez se pasó, llegó una hora más tarde.
Chetumal tiene un horario alterno al de cualquier huso horario de la república: “la hora de Chetumal” (si Felipe Carrillo Puerto tiene “horario rebelde”, ¿por qué no un horario chetumaleño?). Si lo citan a uno en el café que sea, por ejemplo a las seis de la tarde, se
recomienda que lleven consigo un libro, un iPod o una revista pues tendrán que esperar durante media hora o más. Las costumbres se aprenden de los padres, y aquí viene una especie de ironía. Durante años los chetumaleños han creído que el gobernante en turno hace las veces de “padre protector al que todos obedecen, alaban y no cuestionan”. La primera regla de la armonía social (adormecida en su sentido común) establece que no se debe cuestionar a los padres, a pesar de que como seres humanos también son imperfectos (todos lo somos). Los niños aprenden lo que viven con sus padres -qué pena, aprenden lo malo a la perfección- y muchos ya aprendieron a llegar tarde. Otorguemos el beneficio de la duda hasta que se demuestre lo contrario.Me molesta tener que esperar durante más de media hora y en las circunstancias que sean. Me molesta sobremanera que durante los eventos artísticos y culturales tengamos que hacer caravanas a una bola de burócratas a los que en realidad el arte y nuestro trabajo no les importan: aplaudirles demasiado por el hecho de verlos llegar y manotear al personal no se compara EN NADA con las acrobacias de un artista del Cirque du Soleil. El colmo es ver a la figura burocrática principal (la que sea) leyendo y enviando mensajes durante la escenificación, interpretación musical o desarrollo coreográfico: preferiría una mentada o un “bájate, déjanos tus datos, nosotros te llamamos”.
Esos burócratas, desde el más grande al más pequeño, obviamente no tienen idea de nada en
cuanto a trabajo artístico y disciplina se refiere. Por ejemplo, no creen que un músico tenga practicar durante ocho hora diarias para alcanzar la presteza en la técnica musical y la interpretación de cualquier pieza musical (¡ah!, es que artista es el que sale en la televisión). Los cuadros pictóricos son el resultado de una idea elaborada a base de mucha técnica, un poco de alma, demasiadas dosis de filosofía y elementos culturales, no son simples trazos para colgar en la pared. Las bailarinas no se paran de puntas para que admiren sus cuerpos delicados y bellos, están contando una historia en silencio y con pasión (por lo menos, para admirarlas, dejen de leer los mensajes en el celular). El poeta y el novelista no escriben palabras sin hablar como galimatías literario entre mensajes ininteligibles (es más ininteligible un discurso de fiestas patrias).Las figuras principales en un evento artístico no son los líderes de opinión ni los gobernantes, sólo son invitados; pero aunque son invitados de honor “que realzan el evento”, éstos deben llegar puntuales a las citas y, por educación y respeto a los artistas, DEBEN APAGAR SUS TELÉFONOS CELULARES. Dejarlos encendidos y enviar mensajes mientras el artista realiza su trabajo no les da mayor importancia.
No sólo se trata del gremio artístico sino de la gente en general. Por esa razón considero que los mítines políticos no son plataformas para exponer propuestas en beneficio del pueblo, es un simulacro de ayuda social con fuertes dosis de condicionamiento reforzado: obedece, grita cuando yo alce la mano y a cambio te doy una tortita atascada de mayonesa (debes verte bien alimentado aunque presentes un cuadro de desnutrición grave).
Los artistas beneficiamos al pueblo y no diré por qué, hagan un esfuerzo y analícenlo. El tiempo, tan abstracto en su concepción ideológica, es valioso, rinde frutos si se aprovecha correctamente. El respeto a los demás es una virtud y la impuntualidad habla mucho de la persona que la practica.
miércoles, julio 09, 2008
Por qué dejé de hacer música… en Chetumal
En lo que va del año una serie de sensaciones anidaron en mi interior al punto que no cesaba de repetirme: “ya no sé quién soy”. Solía ser músico, guitarrista clásico y eléctrico, escribía música para mí, para mi banda y para algunos grupos artísticos del Distrito Federal y Chetumal. El exceso de trabajo en estos ambientes editoriales mermaron mi tiempo y la música quedó relegada al rincón de los trebejos. Creí que mi naturaleza artística había muerto para siempre; tocar mi instrumento era la manera más sencilla de volar por encima de todos –durante la adolescencia- y encontrar una cura a mis dolencias espirituales propias de la edad. Cuando decidí tomar a la música como una profesión universitaria y de alto rendimiento, ésta se había convertido en mi pasión, mi extraña forma de vida. Y necesitaba pensar en cómo vivir de ella, urgentemente.Trabajé como músico en la Ciudad de México en diversas actividades y proyectos, enseñé guitarra clásica durante dos años y hasta escribí una suite para un cuento radiofónico que alguien me robó. En 2004 regresé a Chetumal casi a la deriva moral, sin saber qué hacer y sin trabajo.
En Chetumal no hay campo de trabajo para aquellos que hayan tomado a las artes como una forma de vida. Para hacernos “productivos” ante la sociedad recurrimos a diversas actividades como el entretenimiento para fiestas, música versátil para amenizar bodas y comilonas (aunque nadie escucha absolutamente nada), el diseño publicitario, entre otras actividades que si bien nos dejan para pagar la renta eclipsan el espíritu creador del artista. Ya hablé del cáncer del artista: su propio ego. Eso no es tan grave pues el ego no es el único enemigo del artista sino la sociedad y sus propios colegas.
Un artista se prepara durante años en el perfeccionamiento de su técnica (ya sean actores, escritores, artistas plásticos y músicos), misma que no es gratuita sobre todo si se quiere aprender de los mejores; unos gastan en cuerdas, en el instrumento o equipo de audio, tela para lienzos, pinturas, pinceles, vestuario, libros, papel, computadoras, partituras, libretos, puntas, zapatillas de jazz, maquillaje, y un largo etcétera. Además del gasto en equipo y material de trabajo está el pago de honorarios y sus respectivos impuestos. El “artista muerto de hambre” es un mito clasemediero inventado por alguien que quiso ser artista y sus padres no se lo permitieron… bueno, no, en realidad es un mito que la burguesía y la clase media se empeñan en fomentar cerrando las fuentes de trabajo para nosotros y educa a la masa en la chatarra artística más inmediata y efímera.
¿Por qué dejé de hacer música en Chetumal? No fue por el trabajo ya que durante el primer año que pasé siendo reportero de cultura me quedaba tiempo para escribir música, misma que se transmitía en un programa de radio; participé en algunos recitales de música popular, de jazz y rock. No fue ni siquiera la falta de estudio de mi instrumento y la consecuente parálisis muscular. Tampoco fue porque se hayan agotado las ideas pues durante el fin de semana pasado escribí nuevos temas, para mí, pero los escribí con la facilidad y soltura de antes.
No hay pretextos. Dejé de escribir música porque en esta ciudad el arte está subvalorado, se regatea, se ningunea y sólo se le paga a los extranjeros (¿acaso ellos son los únicos que saben de arte?). Desde el director de cualquier escuela de música, kinder y secundaria, hasta el dramaturgo, el mimo o la coreógrafa obsesionada con que la música se adapte a los movimientos del bailarín (y a los berrinches de la propia coreógrafa), los dueños de bares, las casas de cultura, las secretarías de educación, las de cultura, los mismos artistas y la lista es interminable.
Los artistas también se registran ante Hacienda para pagar impuestos por el servicio que prestan. Sí, entretenerlos es un servicio, ¿a poco creen que por hacerlos reír o amenizar sus noches de seducción con música romántica es de a gratis?, ¡por supuesto que no!, somos profesionistas como los abogados, ingenieros, los médicos y administradores. No somos usureros del arte aunque existen artistas chabacanos. La culpa la tenemos nosotros y la misma sociedad educada en un sistema que no contempla al arte como un producto sino como una carga innecesaria (¿para qué pagar por una serie de ideas revolucionarias o un montón de ruido que no entiende la masa?).
La inmensa mayoría de las personas creen que un artista es sólo aquel que sale en los programas de televisión como Lacrademia o el Big Brother; el joven que pinta o la hermosa chica que se mueve como cisne, no son artistas, sólo les gusta pintar y bailar. Por culpa de mercenarios como Sebastián, los gobiernos no pagan a los artistas de manera justa, pagamos justos por pecadores.
No nos convertiremos en millonarios pero tenemos que pagar renta, impuestos, material de trabajo; los que tienen familia que mantener no viven con doscientos pesos por la musicalización de una obra teatral (aunque al final esa obra gane un premio en efectivo) ni pagan los útiles escolares de los hijos. La vida moderna se basa en el valor que una persona adquiere al acumular objetos y baratijas que no sirven para nada. Es más barato invertir en una máquina de karaoke que invitar a un grupo para amenizar la fiesta.
Existen dos polos: los que consumen arte y pagan cualquier precio porque saben el valor que tienen las expresiones artísticas y su producción; y por otro lado están los que consumen chatarra del entretenimiento, los que pagan veinte pesos por un disco pirata pero no pagarían cincuenta u ochenta pesos por una obra de teatro o un concierto de jazz. En Chetumal es así.
En la ciudad hay talento en bruto y otros que merecen presentarse en foros bien iluminados y sonorizados, cada producción cuesta y no sólo hay que recuperar la inversión, también hay que pagarle a los músicos, bailarines, a todo el personal artístico y de staff. Pero siempre es el “no hay no hay”. No hay presupuesto, es sólo por amor al arte.
Amo el arte. La música es mi pasión y aunque escriba en este periódico (que igual me gusta hacerlo), jamás abandonaré la música: escribiré música para mí. Mientras siga habiendo “amiguismo” en Chetumal, el arte será un remedo de la vida y los productos finales serán los más chabacanos y, con justa razón, la gente no querrá asistir a escuchar o admirar el trabajo artístico.
No morimos de hambre, sólo se muere el espíritu creador. Las musas son utopías y de aplausos no vive el payaso.
martes, abril 29, 2008
El arte al alcance de todos: reflexión sobre una iniciativa institucional
No obstante, las reacciones del sector burocrático serán las mismas de toda la vida (esos que exigen cuentas claras del dinero que se gasta y que, como es de esperar, desean llevarse tal dinero a sus cuentas personales en lugar de beneficiar al pueblo) como es de esperarse: “es un gasto innecesario que no beneficia al pueblo que exige mejores viviendas y trabajos bien remunerados, el pueblo no sabe de arte ¿cómo podrán apreciar las obras?, en las comunidades alejadas no tienen qué comer”.
Veamos, a las comunidades alejadas se les mal acostumbró a recibir todo regalado durante 75 años y jamás les llevaron una educación de calidad; el gasto innecesario lo genera un seudo-artista que deja fierros en cada ciudad del mundo y, lo más fácil es que para que una persona común (entiéndase “común” como una persona que no se dedica al arte) comprenda las obras de arte es que reciba una educación de calidad, con una orientación artística sólida y no se limite a los trabajos manuales que tanto incentiva la Secretaría de Educación Pública.
Hay algunas cuestiones que deben tomarse en cuenta para llevar a cabo la exposición de obras al aire libre y en los diversos espacios que se presten para tal fin. Primero, garantizar la seguridad de las obras de arte en su totalidad. En Chetumal hay demasiada ignorancia traducida en vandalismo y no hablo de los “graffiteros”. La misma ignorancia impide tener conciencia de las horas de trabajo que toma crear una obra de arte, porque no se trata sólo de inspiración sino también de horas en vela y la conceptualización de una idea. Para acabar con ello, los profesores deben hacer su trabajo correctamente (dejen de inventar enfermedades y cobrar cada quincena haciendo nada), pero sobre todo, hay que crear un cuerpo de guías capacitados en la apreciación artística que pueden ser los mismos estudiantes de las escuelas de arte. También hay que sancionar el vandalismo, a la vez que la vigilancia de las obras se realice con personal de la misma secretaría de cultura y no de cualquier vigilante empresarial o un policía.
El arte es vanguardia en todos los sentidos; es como la energía: no se crea ni se construye, sólo se transforma. Trasciende en el tiempo convirtiéndose en el eco de un momento histórico de la sociedad, su identidad cultural y de la visión personal de hombres y mujeres sobre el acontecer social. Pinceles y lienzos seguirán siendo el elemento análogo por excelencia de la plástica, como lo es el barro, el hierro, la piedra y la madera. La fotografía digital y el empleo de las nuevas tecnologías deben tener cabida en la comunidad artística, lo cual ya es un hecho en otras entidades del país. Un artista anacrónico es como una mosca frente a la ventana cerrada: no avanza porque no se da cuenta que un elemento no la deja avanzar hacia el exterior.
Asimismo, el arte debe estar al alcance de las masas, no limitarse al mero círculo social de la clase alta y “snob”, y esta iniciativa beneficiaría a la formación humana de los ciudadanos. Más de un intelectual pondrá el grito en el cielo pero el arte no se limita a colgarse de una pared ni a los cócteles en fríos museos; yo no le llamaría “populismo” al hecho de poner el arte al alcance del pueblo.
Hay muchos artistas jóvenes a la espera de la apertura de espacios y foros en donde mostrar su trabajo, creadores subterráneos independientes y que sólo encuentran puertas cerradas por aquellos nativistas conservadores y anacrónicos que mucho daño provocan en la sociedad. El futuro cultural del estado está en las nuevas generaciones y en la oportunidad que se les brinde en esta nueva etapa. La burocracia y los intelectuales de café pueden seguir leyendo en el fondo de sus tazas, sólo encontrarán la cuenta de lo que se bebieron durante tardes enteras.
domingo, abril 27, 2008
Los simpson... la pura neta
martes, abril 01, 2008
A través del universo
Indiscutiblemente, Los Beatles definieron a la sociedad y la cultura occidental del siglo XX. Dejaron un universo alterno en donde las cosas no son reales y no hay nada de qué preocuparse, cielos de mermelada y largos y sinuosos caminos donde la respuesta a todo, es el amor. Pero más allá del amor y las imágenes psicodélicas trazadas en la memoria colectiva, hay historias que si nos fijamos bien, es la vida de cada ser humano, no importa si nació en la década de los setenta, ochenta o en los noventa. Los Beatles escribieron sobre nuestros sentimientos y episodios en la vida.
Julie Taymor, directora estadounidense de musicales de Broadway y de cine, obtuvo los derechos de 33 canciones de Los Beatles por 10 millones de dólares para realizar Across the Universe (A través del Universo), una película musical con apenas 30 minutos de diálogo inspirada en las letras y el universo beatleriano. La película, que ya se encuentra en el cine de conocida plaza comercial de Chetumal, no es la típica biopic en el que se narra la vida de los artistas, sino la historia de dos almas gemelas -Jude y Lucy- en plena época de revolución cultural en la década de los sesenta.
Desde el inicio de la película la música de los Fab Tour está presente “Is there anybody going to listen to my store all about a girl who came to stay?”, entonces, un simple cambio de escena de una playa a un calidoscopio de imágenes nos sumerge a ese universo creado por Taymor en el que los elementos alusivos a la música del cuarteto son el eje conductor de la historia.
Destacan las referencias a la cosmovisión creada por el cuarteto de Liverpool: el amor, la nostalgia, la esperanza, el desamor, la revolución ideológica, la paz, las drogas alucinógenas, la introspección, el descubrimiento de nuevas formas de ver el mundo. Jude y Lucy se rodean de amigos que bien podrían ser cualquiera de los nuestros; algunos personajes nos remiten a dos figuras destacadas de la cultura popular, no diré quienes son, mejor vayan a ver la película.La idea de Julie Taymor es hablar precisamente de la permanencia e influencia que tienen Los Beatles en nuestro tiempo y recrear sin demasiado tufillo de nostalgia ese momento en que para los muchachos norteamericanos era una misión ostentar su rebeldía contra la guerra de Vietnam, contra la imposición de sus padres para hacer dinero, buscando una estabilidad emocional en el ensueño de las canciones beatlescas.
Los actores del elenco se encargan de interpretar los temas de Los Beatles y hacer personajes con nombre que recuerdan sus temas; Jude es el joven inglés que llega a Estados Unidos para integrarse a ese movimiento juvenil, y se encuentra con la mujer de sus sueños gracias a la amistad que hace con el hermano de ella, un ferviente opositor contra la guerra que es condenado a viajar a Vietnam. Pero también hay otros personajes episódicos que cantan esas canciones del cuarteto, como Joe Cocker, Bono y la propia Salma Hayek, que tiene a su cargo el tema “Happines is a warm gun”, apareciendo en pantalla como una enfermera sexy que se multiplica por cinco para aliviar al soldado que ha sobrevivido al combate.
La obra de Los Beatles no es una que se desgasta con el tiempo, sus líricas trascienden el tiempo y la memoria; no en balde, se trata de la música que definió a una generación y que hizo mella en las posteriores a la década de los sesenta: sin Los Beatles y su desenfado por vivir la vida, este mundo sería tan aburrido, retrógrada. La historia de Jude y Lucy podría ser la de cualquiera aún si las circunstancias difieren de la época en que se ubica.En estos tiempos de intolerancia, materialismo e individualismo exacerbado, tenemos que encontrar el eslabón que nos une a lo primordial como seres humanos. Sólo y entonces, cuando nos encontremos solos sin una cara que nos sea difícil de olvidar, debemos tomar una canción triste y mejorarla hasta darnos cuenta de que todo lo que necesitamos es amor. No deje pasar la oportunidad de ver esta película; pocas son las veces que a Chetumal llegan obras que merece la pena disfrutar.
viernes, marzo 21, 2008
¿Cómo funciona México?
domingo, febrero 17, 2008
Los Beatles en video (a propósito de la digitalización de “Help”)

Pasado otra vez el tiempo, el mercado del video digital ofrece una diversidad estupenda de videografía del “cuarteto de Liverpool”, desde conciertos de su época en Hamburgo, la primera gira a Estados Unidos (aquella donde se presentaron por primera vez en el show de Ed Sullivan), hasta algunos títulos de la filmografía: “A hard day’s night”, “Yellow Submarine” y, más recientemente, “Help”.
Your Love Away, Ticket to Ride, The Night Before, I Need You, Another Girl, She's A Woman y A Hard Day's Night.En estas nuevas ediciones de “Help”, el DVD uno contiene la película original restaurada digitalmente y con nuevo sonido 5.1. El DVD dos incluye sorpresas como un documental de 30 minutos que explica cómo se hizo la película, con declaraciones del director Richard Lester, recuerdos de los actores y técnicos e imágenes exclusivas con los Beatles en escena.
Existe una edición de lujo que contiene un folleto con más de 60 páginas y un póster. La historia
de “Help” sitúa a los Beatles como objetivo de un complot exterior en torno a un anillo ritual que tiene Ringo y no puede quitarse del dedo. Como resultado, él y sus compañeros John, Paul y George, son perseguidos por los miembros de un culto religioso, un científico loco y la policía de Londres en sucesivos viajes que van desde la capital británica hasta los Alpes austriacos y las Bahamas. Un verdadero viaje en el tiempo en el cual se puede apreciar la esencia del llamado “Swinging London” (el “Alocado Londres”) de mediados de los 60.El trabajo de restauración de “Help” es impresionante, el Eastmanicolor se aprecia con tanta pureza y no se “pelea” con el resultado digital.
La banda sonora se escucha con calidad stereo o 5.1, éste último nos sumerge en la intimidad de las canciones que el cuarteto compuso para la película, con reminiscencias de su primera etapa y con mucho aroma a Bob Dylan. Por momentos, el espectador podría sentirse dentro de un viaje onírico: el libreto está cargado de diálogos surrealistas y hasta algunos absurdos que por momentos recuerda al humor “Goon” de Peter Sellers, cómico legendario muy gustado por los Fab Four.

domingo, enero 27, 2008
El disco es cultura… y el soundtrack de nuestra vida.
Existen muchas definiciones para la cultura, una muy buen es la que plantea Wikipedia: “La cultura es el conjunto de todas las formas de vida y expresiones de una sociedad determinada. Como tal incluye costumbres, prácticas, códigos, normas y reglas de la manera de ser, vestirse, religión, rituales, normas de comportamiento y sistemas de creencias. Desde otro punto de vista podríamos decir que la cultura es toda la información y habilidades que posee el ser humano. El concepto de cultura es fundamental para las disciplinas que se encargan del estudio de la sociedad, en especial para la antropología y la sociología.” Por lo tanto, un disco registra las habilidades de un artista, productor, ingenieros de grabación, diseñadores, letristas, fotógrafos y mucha gente detrás de un trabajo fonográfico. No todo es perfección y hay discos que son verdaderamente patéticos: hay discos que son como los chicles, después de varias mascadas, el sabor desaparece, tal y como sucede con los discos de reggaetón y los de “lacrademia”. La piratería a la orden del día ha mermado el consumo de discos de manufactura original, no sólo porque “la masa” prefiere escuchar el sencillo de moda sino por los altos costos que a veces hay que pagar por un disco ya que el artista gana es una ínfima parte, el resto se lo quedan las disqueras.
Muy al margen del tema de los costos de producción y venta al público de un disco, este maravilloso invento del hombre ocupa un lugar en el hogar, comparable con el lugar de un libro. Sin embargo, los tiempos actuales relegaron a los libros y los discos en el rincón del abandono y el descuido –claro, para la gente que sólo consume los éxitos del momento y no buscan más allá de la música- y la cultura poco importa.
En más de una ocasión nos han pedido prestado algún disco. No falta la persona que nos niega tal préstamo con el argumento de que “si lo pierdes, te mato”. Los justifico, un disco forma parte importante en la vida de una persona ya que define su personalidad, tal y como describió una persona cercana a quien esto escribe: “son parte de mi personalidad, posiblemente si yo me muero y revisaran mis discos podrían saber qué tipo de persona era, algunos discos los he comprado en momentos importantes de mi vida, de locura, enamorada, emocionada, triste, etcétera”.
Personalmente, el momento en que abro un disco es especial. El ritual comienza al revisar el disco por ambos lados para después desprender al disco de la envoltura de papel celofán; de ahí sigue un paseo dactilar por el empaque hasta abrirlo y revisar que el disco no esté rayado. Hay discos que tienen un arte muy elaborado y otros que se limitan a un folleto de cuatro páginas o desplegable, sin las letras de las “rolas” y con unas cuantas fotos del artista en turno. Algunos discos se limitan a atascarnos de fotos del artista, las letras de los temas, agradecimientos y equipo de producción; otros como los discos de Radiohead están llenos de mensajes ocultos en el arte minimalista de sus entregas recientes. Radiohead puso a la venta su última producción a través de su página de Internet en donde el comprador decidía cuanto debía pagar por el producto, desde una cantidad considerable –unos 25 dólares, por ejemplo- hasta no pagar absolutamente nada, de esta forma, el comprador decidía qué valor le otorgaban al trabajo final de la banda.
El valor económico de un disco va más allá de unos cuantos pesos y es el valor que cada individuo añade. Ni los mp3 o los ficheros compartidos en línea sustituirán al hecho de adquirir un disco original que se escuchará con calidad. Habrá personas que justificarán el hecho de comprar discos pirata con el argumento de que “se escucha igual” pero eso es un error tremendo, no se necesita tener oídos de ingeniero para distinguir una grabación (sólo recuerden cómo brincan las canciones al ser tocadas por el reproductor de discos compactos), al adquirir un disco pirata se deja sin trabajo a muchas personas, el artista no se hace rico con un disco pero ayuda a conservar la carrera de este. Me da la impresión de que las personas que consumen discos piratas no mastican ni saborean la comida que pretenden comer, tragan cual simples mamíferos. Es cruel pero es la verdad.
Si prestamos un disco es porque confiamos en que nos será devuelto en excelentes condiciones. Nunca falta el osado que llega con la excusa de que “fue a una fiesta y lo dejó en la sala de la casa de la festejada, pero en cuanto la vea, se lo pido”. Pienso yo –y creo que algunos más lo han hecho- “te voy a matar, ese disco es importante para mi, no por lo que me costó sino por el valor sentimental”. Agregaría mi amiga: “siento que a quien se lo preste no valora esa parte de mi que le preste, y sí siento un huequito por ahí, si compro el mismo disco solo por tenerlo ya no es lo mismo.” Otro más agrega: “he tenido que hacer circo maroma y teatro para hacer que me lo devuelvan, hasta me creen paranoico, pero no saben lo que significa para uno.”
La música es arte. El arte es una manera de realizar una actividad, altamente refinada, llena de espíritu y concepto. La música registrada en los discos es como los registros periodísticos y literarios de un momento en la existencia de la humanidad. Hasta los discos de Britney Spears y de reggaetón dicen mucho del momento que vive la humanidad: banalidad, ignorancia, analfabetismo, machismo, estupidez y capitalismo al servicio de las corporaciones.
Y si el arte es una manera de realizar determinadas actividades humanas, esta forma parte de la cultura de la sociedad en que se encuentra. La música y la lectura definen al ser humano en su personalidad –aparte de otras disciplinas-, lo cual le da un sentido de pertenencia y organización. Un iPod, una fonoteca y una biblioteca nos pueden decir mucho de una persona.
Es por eso que hay mucha razón cuando abrimos un disco y en la contraportada leemos: “EL DISCO ES CULTURA”.
viernes, enero 25, 2008
Cherub Rock
domingo, noviembre 11, 2007
Tus ojos oscuros sobre mi cuerpo cortado
Que nuestros pies descalzos pisaron sin dolor
Un puente colgante sobre el río de la vida misteriosa
Solos y confiados
Me he subido a un tren que me llevará lejos
Donde no existen el tiempo ni las pausas
Esta vida tan llena de pausas innecesarias.
Mira en sus ojos, lleva el fuego nocturno
Con en el que enciende tu cuerpo inocente
Botas de cuero negro y una imagen que enloquece
Los senos ocultos tras una tela transparente,
Mis ojos se rinden tras un eléctrico golpe sobre la piel
Apenas existo en su memoria pero ella ya vivía en mis sueños de agua.
Agua sobre tus labios. Las manos cansadas de vivir
Sin cuerpos sensibles
Puertas abiertas hacia el otro lado de la percepción, la lluvia que cae
Sobre la ciudad,
Personas que sueñan con un presente distinto.
La musa de mi tristeza, dueña de mis suspiros ahogados
En el mar.
Soy un alma perdida en este mundo desconectado
Es aquí donde vine a vivir para contarle a los muertos
Cómo es la vida mientras la vives.
Incluso los muertos sienten Saudade
Los muertos duermen el nostálgico sueño de la vida.
domingo, septiembre 30, 2007
Infectado de una extraña enfermedad
“Si tuvieras que morir no podrías dejarme aquí, como sombra de tu alma, como espejo de tu piel.” No me tientes. La Gusana Ciega.El sonido de tu nombre detonó una bomba multicolor en el centro de mis sentidos. Clavo agujas en mis dedos para no tocarte durante tu ausencia. Anoche intenté correr lejos de una idea persistente: tus ojos devorando lo poco que me queda de vida.
Tentativa de suicidio, colgarme de las manos, abajo un precipicio y en el fondo, una pila de sueños abandonados. Miro al espejo buscando al hombre que solía ser pero sólo encuentro un cadáver dibujado en el fondo de mi corazón.
Pero hoy no quiero morir, tampoco quiero escapar lejos. Quiero escapar contigo entre nubes que provocan sueños diurnos, embriagados de risa y expandiendo el tiempo alrededor de los dos.
Hoy ya no soy yo, soy quien solía ser y quien debería ser siempre. Una ola de calor invade mi vientre derritiendo el muro alrededor de mis huesos. Me mantengo de pie durante el día y, por la noche, escribo sobre espacios llenos de ausencia, recámaras tapizadas de historias de pasión en rojo, muerte y soledad compartidas.

Bebo del manantial que nace de entre tus piernas. Enredo tu pelo con mis dedos para llevarme tus sueños. Trazo poemas sobre el desierto donde las alas azules y una estrella vigilan la puerta al jardín secreto. Sueles dejarme en un rincón oscuro, el olvido de fin de semana. Y así se me van las horas planeando sobre el valle de tus senos llevándome tu esencia.
Hay oscuridad en mi alma… cuando llega la luz me aterra la idea de un nuevo sol en un horizonte incierto.
Anoche sus labios me convirtieron en amante de la luna llena, la luna roja oculta detrás de las caderas de marfil.
He quedado infectado por esa extraña enfermedad y no hay cura, tengo sed y las horas parecen eternas. La extraña quietud de sus manos desdibuja la imagen que llevo en la memoria.
Amanece dentro de mí pero temo a la luz. Jamás volvió, era una sombra más en el fondo del mar.
domingo, septiembre 16, 2007
15 de septiembre: ¿Qué diablos celebramos? ¿La independencia o la co-dependencia?
Esto se repite cada año. Cada año es lo mismo: pintarse la cara con los colores de la bandera, ponerse un sombrero picudo, colgarse la playera de la selección mexicana de “panbol” y por si fuera poco, pegarse un bigote al puro estilo de Pique (quien haya nacido antes de 1979 sabrá de lo que hablo). Cada año miles de mexicanos -dentro del territorio y más allá de las fronteras- aprovechan un día (o noche) del mes de septiembre para dar rienda suelta a eso que se llama “sentimiento patriota”. (Risa del autor)
Sentimiento patriota que se traduce en irse en bola con los cuates, pasarla chido y recordarle al mundo entero que como México no hay dos y que si no les parece pues que se vayan mucho a chiflar a la tiznada. El 15 de septiembre por la noche, se realiza el tradicional “grito de independencia” para que, al día siguiente, nos tengamos que chutar un desfile en la televisión (si es que no se cuenta con señal abierta); o para los que tengan que desfilar pues se avientan un recorrido para hacerle reverencias a un tipo que ni nos interesa y viceversa.
No hay que darle más vuelta al asunto para caer en la cuenta de que el grito de independencia es el pretexto idóneo para hacer una pausa entre las tareas cotidianas y el hastío social. No está mal irse de fiesta, tampoco se puede ser tan dogmático en asuntos sociales. Uno se pregunta qué sentido tiene celebrar un suceso histórico cuando a casi doscientos años del inicio de una lucha organizada por unos criollos urgidos de independencia económica, el México que se construyó es el escenario de una tragicomedia en varios actos.
México es mucho más que una simple fecha para gritar a todo pulmón “¡Viva México, cabrones!”. El México realmente independiente no pierde ciudadanos que se van a Estados Unidos en busca de un mejor futuro económico; un México independiente no cifra su patriotismo en cuentos de hadas y niños héroes ni en luchas armadas que no se ganan a favor de todos. Detalle patético: anunciar en grandes mantas “hoy, mexican party”, y que todos los jóvenes anuncien su “party” mexicana.
Solía ondear mi banderita tricolor, esa que poco a poco ha dejado de significar algo sagrado para convertirse en un mero estandarte que me define como ciudadano de un país. Cuando niño me gustaba ir al “grito”, ver a la gente caminando por el parque buscando un lugar donde pudiesen ver bien al gobernador gritón en turno. Aún me fascina ver los juegos pirotécnicos y las formas que dejan en el cielo: parecen como una ira contenida multicolor –como los habitantes de país- que sólo en el cielo nocturno de la clandestinidad se deja escuchar en un grito desesperado.
Todos gritan “viva México” como si muriéramos a la sombra de un régimen que se llena la boca de viandas inalcanzables para un mexicano que vive con el salario mínimo; gritamos hacia un palacio nacional o un palacio de gobierno como si las piedras tuvieran la culpa de los errores cometidos por personajes oscuros de la historia mexicana.
La celebración de la independencia de México es como la celebración de la navidad: un truco de mercadotecnia que sirve a los intereses de empresarios hambrientos de poder. No sirve hablar de unidad entre mexicanos cuando permitimos la segregación de los verdaderos mexicanos: las etnias indígenas. México no es un país donde los “chavos” son bonitos al estilo “Rebelde”: argentinizados y racistas.
En lo personal, celebraré una verdadera fiesta de independencia cuando las decisiones tomadas por las fracciones parlamentarias favorezcan al pueblo. Celebraré el grito cuando éste convoque a la masa a tomar lo que les pertenece y construir una sola realidad, equitativa y justa para todos, cuando mis garantías individuales sean respetadas íntegramente.
Pueden celebrar si gustan, a todos nos encantan las fiestas. De nada sirve celebrar sin memoria histórica: ingrediente secreto en las fiestas mexicanas, la falta de memoria histórica. Sólo como detalle: ni las banderitas se fabrican en México ni el himno nacional nos pertenece.
A falta de memoria histórica siempre habrá un pretexto para celebrar nuestra soledad colectiva, la ausencia de patria y la violación de derechos civiles.
jueves, septiembre 13, 2007
La culpa la tiene el analfabetismo...
Paisajes que, una y otra vez quedan inmortalizados en canciones de ritmo moderado, acordes bien tejidos entre letras que trazan imágenes de un caribe que poco a poco desaparece de la mirada del chetumaleño moderno. Si mi voz –y otras voces más-no se escucha en medio de este desierto es porque los oídos locales prefieren escuchar discursos motivacionales y de “avanzando hacia delante” que nada tiene que ver con la realidad de un pueblo.
¿Cuál realidad? ¿La de ser una porción de tierra a merced de los huracanes, la de ser un rincón de la “república” que se jacta de ser la cuna del mestizaje pero ignora a las etnias maya, avergonzándose de su pasado prehispánico? La realidad es que Quintana Roo representa el decimocuarto lugar en analfabetismo a nivel nacional con un promedio de 140 mil analfabetas. Habría que hacer otro estudio para calcular el nivel de analfabetismo funcional que, a no ser por las apreciaciones que he hecho en alumnos a mi cargo, el analfabetismo funcional ha hecho mella en cada uno de los jóvenes. Pero alguien más me dijo que para calcular rápidamente se puede aplicar una regla de tres.
¿Analfabetismo en primer grado y en segundo grado?
En la comunidad académica, el analfabetismo presenta múltiples rostros. Para analizar este fenómeno, la definición clásica resulta insuficiente. Analfabeta no sólo es aquella persona que no sabe leer ni escribir sino también aquél que no es capaz de descifrar las combinaciones de signos alfabéticos para formar palabras que alguien plasmó y que, al mismo tiempo, es incapaz de transmitir sentido utilizando esos signos de forma gráfica. Ninguno de nosotros es analfabeto en primer grado.
Existe un segundo grado de analfabetismo conocido como analfabetismo funcional. En este caso, una persona sabe descifrar los signos alfabéticos, ligarlos entre sí y convertirlos en una palabra, y esa palabra ligarla con palabras sucesivas. Sin embargo, el grueso de su lectura se compone de los letreros y anuncios publicitarios en las calles y de alguna que otra historieta del diario dominical, la sección deportiva en los periódicos y los panfletos que hay en los puestos de revistas. Es lectura obligada o de esparcimiento, no disciplinada, sin el propósito de ampliar el horizonte de conocimientos de forma deliberada. Un analfabeta de segundo grado aún en menor medida ha desarrollado la habilidad de expresarse por escrito, de perseguir la profundización y ordenamiento de su pensar a través de la disciplina de la escritura.
Tiene dificultades para entender las ideas y conceptos escritos por otros y para comunicar en forma estructurada los suyos propios. No utiliza la capacidad de leer y escribir para adquirir y producir conocimiento, sino sólo para recibir datos, información aislada y banal. (Alberto Beuchot González de la Vega).
Bajo esta definición, Beuchot González afirma que un porcentaje elevado de los profesores es analfabeta funcional, mismos que producen alumnos y profesionistas con analfabetismo funcional.
Por lo tanto tenemos que en las aulas escolares hay jóvenes totalmente inhabilitados para la comprensión de las ideas abstractas, la expresión oral y escrita, lo que desemboca en hábitos de lectura bajos y un desempeño académico paupérrimo. Sin lectura no hay acceso al conocimiento; sin conocimiento no hay insurrecciones ni miles de “jodidos” luchando por sus demandas: pan y circo para el pueblo. Lo verdaderamente vergonzoso es el nivel de cultura que demuestran las generaciones jóvenes, la inmediatez es una constante en sus manifestaciones artísticas.
Después de los argumentos descritos anteriormente, la reflexión surge a partir de una pregunta que hizo una amiga: ¿por qué no hay más promoción de las actividades culturales o un mayor número de artistas y espacios? Respuestas hay muchas, como las probabilidades en los diagramas de árbol, pero una muy acertada sería esta: al pueblo, lo que pida.
Naturalmente, ya que muchos profesores que compran plazas a precios estratosféricos –muchos, completamente ineptos- se dedican a anestesiar mentes y contar mentiras históricas, gastan horas clase enseñando cómo se traza la A y la O pero no profundizan en el contenido de frases tan sencillas como “ese oso se asea”. A falta de maestros comprometidos con la labor docente y padres que estimulen el hábito de la búsqueda del conocimiento, la televisión es la niñera que todos soñaban, maestra-amiga y amante.
Es cierto que para todo hay tiempo y lugar, que hay para todos los gustos, sin embargo el problema del analfabetismo funcional acarrea serios problemas para la sociedad y se traduce en un retrazo histórico de serias consecuencias. Sin la capacidad de análisis es muy sencillo manipular mentes propias de personas sedientas de poder y dinero fáciles. El arte y el resto de las manifestaciones del alma humana pasan a segundo plano eclipsados por una montaña de banalidades, mitos patrioteros y mezquindades propias de una ultraderecha que se jacta de democrática pero, al fin y al cabo, inquisitoria y asesina de la memoria histórica.
Por eso, cuando haya que encontrar culpables por la falta de cultura y espacios destinados al arte en Chetumal, habrá que dar media vuelta para enfrentar al reflejo que nos muestre el espejo de la reflexión humana.
sábado, agosto 18, 2007
La vida con/sin tecnología (o porque mi corazón le pertenece a mi iPod)
Hacia los primeros años de la década de los noventa la gente salía a la calle con unos aparatos gigantescos a los que denominaban “teléfonos celulares”, eran costosos, pesados y voluminosos pero eran la tecnología de punta en las telecomunicaciones, excepto que sólo las personas adineradas tenían acceso a ellos. Pasaron los años y los teléfonos celulares se volvieron accesibles para todos. Por otro lado, un mundo alterno surgía gracias a los inventos militares: la Internet. La Internet era la cristalización de los mundos virtuales creados a partir de novelas de ciencia ficción, historias cyberpunks, ofrecía la ventaja de mantenerse conectados con otras personas a través de la computadora y… bueno, ya saben de qué se trata. Lo mismo sucedió en un principio con la Internet como con los celulares: era accesible sólo para la gente adinerada. De repente, hay millones de usuarios interconectados en todo el mundo y el que no tenga un blog o un sitio web, simplemente no existe.
La tecnología ha avanzado a pasos agigantados, con tanta prisa que pareciera que una nueva raza habitaría la faz del planeta. Hasta hace más de 10 años anotábamos direcciones y números telefónicos en hojas de papel, agendillas o tarjetas; ahora necesitamos de una Palm y un teléfono celular con herramientas de oficina. Anotamos números telefónicos pero sustituimos las direcciones particulares por los correos electrónicos.
Los gadgets y demás artefactos que nos facilitan la vida, además de costarnos una lanota –y horas de práctica para los mayores de 50 años con el fin de utilizar correctamente los aparatos- también nos han vuelto inútiles y ermitaños, casi antisociales y en la mayoría de los casos, hedonistas y egoístas. La paranoia de la década de los ochenta era la inminente amenaza nuclear. Ahora sufrimos paranoia por los virus informáticos que atacan a los sistemas operativos, los dispositivos de almacenamiento portátiles o iPods; sufrimos la paranoia de que “nadie nos llama” ni nos mandan mensajes o lo primero que hacemos al despertar por la mañana es mirar cuantos mensajes instantáneos nos dejaron en el celular.
Parecía que con los teléfonos celulares sería más fácil localizar a las personas pero ahora es más fácil dejar un mensaje de voz que localizar a las personas. Además de deformar terriblemente nuestra manera de escribir también nos ha desconectado del mundo real y de las personas que nos rodean: paradoja de la tecnología, conectar para desconectar.
Sucedió que entre mis amigos artistas realizamos una excursión a una laguna cercana a Chetumal. Iban personas de entre 16 y 30 años, todos estábamos emocionados por la actividad que creíamos era la oportunidad de estrechar lazos y compartir en un lugar tan fregón. Nada. Lo primero que pasó fue que todos sacaron sus celulares para mandar mensajes o hacer llamadas, fácil, cada cinco o diez minutos más de uno sacaba su teléfono celular e ignoraba al que estaba a su lado. No hay nada más que decir.
Personalmente vivo una especie de “romance cibernético” con mi laptop: hago música con ella, escribo mis notas, almaceno música o sintetizadores virtuales, la llevo a un café para seguir escribiendo o haciendo música, la cuido más que a mi propia vida y he pensado que sin mi laptop no puedo vivir. Suena loquísimo pero no lo es. Como yo han de existir muchas personas más, lo que me lleva a pensar que los aparatos tecnológicos son el soma del siglo XXI, sustitutos de drogas sintéticas y naturales que nos desconectan de una realidad que no podemos enfrentar. Más allá de las comodidades en la vida laboral y doméstica, la opción de conocer gente a través de una sala de chat en lugar de acercarnos a alguien en un parque o en una cafetería es más factible en estos días de desconfianza e individualismo.
Los avances tecnológicos también generan basura en grandes cantidades. De acuerdo con El manual de la basura electrónica. Una contribución para una sociedad de la información sustentable, publicado por la Secretaría de Asuntos Económicos del Estado de Suiza en 2003, más de 5% de los deshechos sólidos generados en el mundo son electrónicos. Concretamente, entre 20 y 50 millones de toneladas, según un reporte emitido en 2005 por el Programa del Medio Ambiente de la Organización de las Naciones Unidas.
Antimonio, arsénico, berilio, cobre, cadmio, plomo, fósforo, zinc, mercurio, retardantes de fuego con bromo y PVC (que tiene cloro) son algunos de los elementos tóxicos que contienen indistintamente computadoras y celulares.
La necesidad de actualización que generan los mismos fabricantes de equipos a partir de la incesante evolución tecnológica provoca que los periodos de sustitución de los mismos se reduzcan cada vez más: en México los usuarios cambian su computadora aproximadamente cada tres o cuatro años y su celular cada año y medio, en promedio.
La convivencia con la tecnología es casi una razón de bipolaridad: o la odiamos o la amamos pero no podemos vivir sin ella. No se necesita tener lo último en computación o gadgets para estar “in”, basta con tener un televisor o un aparato de sonido en casa para estar en contacto con la tecnología y consumirla.
Depende de cada uno de nosotros si convertimos a la tecnología en el eje rector de nuestras vidas, si permitimos que nos aparte de nuestros semejantes, nos convierta en analfabetas funcionales o nos facilite las tareas cotidianas.
Fin de transmisión…
* En la canción de Kraftwerk, Rendezvous puede tener varios significados, de los cuales, los dos más probables son: una computadora llamada Rendezvous (ahora llamada Bonjour) desarrollada por Apple Computer; o una relación interpersonal.
jueves, agosto 02, 2007
La mano cortada

Por sí mismo puede levantarse de la cama, no necesita del despertador para saber que otro día ha llegado a cubrir su humanidad desde los tobillos hasta la cintura. Lo intuye: el rayo de sol que se cuela por la persiana azul cada mañana no sabe tan dulce como una pastilla ácida. No le queda más que mover sus piernas. Se incorpora y se mira al espejo, no es el mismo de siempre. Algunos años le han pasado encima mientras que las huellas del paseo nocturno se notan en los ojos.
Más vale acomodarse la camisa dentro del pantalón, no vayan a pensar los demás que es un hombre descuidado. Porque siempre es mejor dar una buena imagen de uno mismo aunque por dentro se nos clavan los alfileres de la existencia: filosofía moderna o modersofía filonizada.
Tras de sus anteojos de sol guarda un secreto: sueña despierto.
Sube al auto, enciende el autoestéreo y desconecta su mente atribulada por la obligación diaria, esa actividad que ha borrado su verdadera esencia, lentamente, como se evapora el agua del suelo al salir el sol. El movimiento del auto le hace pensar que ha encarnado en el símbolo de la aparente libertad de la vida moderna: la facilidad de trasladarse de un lugar a otro, sin motivo aparente, apresurando el final de una existencia efímera. Pero a él le interesa trascender, volar y expandirse.
Le duele la mano cortada. Sonríe a los peatones que le recuerdan que él ya no existe en este lugar. Se desangra por dentro, llora en silencio la escandalosa muerte de su alma inocente, llena de amor que nadie se atrevió a probar.
Finalmente llega a su destino obligado (¿Quién dijo que el destino es la vida presente cuando nada está determinado con certeza?). Siente deseos de vomitar pero advierte la frágil y graciosa silueta de un hada oscura ardiendo bajo el sol del verano: se guarda el rencor.
Aquel edificio gris representaba todo lo que había detestado en sus días de preparatoria: la conciencia manipulada, la sumisión total a cambio de metal que comprara baratijas que no le servían para nada y la asfixiante soledad envenenada con horas perdidas entre mentiras y sucesos intrascendentes.
Al cruzar la reja –gris, como el edificio- su sueño diurno se desvaneció. Cuando sus sueños se desvanecieron al pie de la reja, pero no entraba a ese edificio como se entra a una madriguera: su mente flotaba y llegaba a lo más alto del cielo.
Dentro de sí el corazón seguía rojo, la mente se expandía y las agujas dejaron de lastimar.