domingo, septiembre 30, 2007

Infectado de una extraña enfermedad


“Si tuvieras que morir no podrías dejarme aquí, como sombra de tu alma, como espejo de tu piel.” No me tientes. La Gusana Ciega.

El sonido de tu nombre detonó una bomba multicolor en el centro de mis sentidos. Clavo agujas en mis dedos para no tocarte durante tu ausencia. Anoche intenté correr lejos de una idea persistente: tus ojos devorando lo poco que me queda de vida.
Tentativa de suicidio, colgarme de las manos, abajo un precipicio y en el fondo, una pila de sueños abandonados. Miro al espejo buscando al hombre que solía ser pero sólo encuentro un cadáver dibujado en el fondo de mi corazón.
Pero hoy no quiero morir, tampoco quiero escapar lejos. Quiero escapar contigo entre nubes que provocan sueños diurnos, embriagados de risa y expandiendo el tiempo alrededor de los dos.
Hoy ya no soy yo, soy quien solía ser y quien debería ser siempre. Una ola de calor invade mi vientre derritiendo el muro alrededor de mis huesos. Me mantengo de pie durante el día y, por la noche, escribo sobre espacios llenos de ausencia, recámaras tapizadas de historias de pasión en rojo, muerte y soledad compartidas.

Bebo del manantial que nace de entre tus piernas. Enredo tu pelo con mis dedos para llevarme tus sueños. Trazo poemas sobre el desierto donde las alas azules y una estrella vigilan la puerta al jardín secreto. Sueles dejarme en un rincón oscuro, el olvido de fin de semana. Y así se me van las horas planeando sobre el valle de tus senos llevándome tu esencia.

Hay oscuridad en mi alma… cuando llega la luz me aterra la idea de un nuevo sol en un horizonte incierto.
Anoche sus labios me convirtieron en amante de la luna llena, la luna roja oculta detrás de las caderas de marfil.
He quedado infectado por esa extraña enfermedad y no hay cura, tengo sed y las horas parecen eternas. La extraña quietud de sus manos desdibuja la imagen que llevo en la memoria.
Amanece dentro de mí pero temo a la luz. Jamás volvió, era una sombra más en el fondo del mar.

sábado, septiembre 29, 2007

Un sueño de otro, un rumbo incierto: el regreso de Soda Stereo

“Cualquiera sabe que es imposible llevar una banda sin cierto nivel de conflicto. Es un frágil equilibrio en la pugna de ideas que muy pocos consiguen mantener por quince años, como nosotros orgullosamente hicimos”. La carta del adiós, Gustavo Cerati. (Publicada en el suplemento Sí del diario Clarín, después de anunciar la separación de Soda Stereo en mayo de 1997).


“Ahora estoy aquí, temblando frágil en la multitud. El avión se va, recuerdos del futuro ocultos, goles suenan a la distancia”. Es así como suenan los recuerdos de mi pubertad y adolescencia. El año, 1988, significó mucho más que una nueva etapa en mi vida de las muchas que vendrían a partir de entonces: dejé de ser un niño para comenzar a construir lo que soy ahora. Con doce años a cuestas la guitarra aún no era mi instrumento principal sino la batería; la guitarra llegaría alrededor del mes de marzo de 1988 (costó 50 pesos de aquel entonces y tenía cuerdas metálicas) junto con un par de cuadernillos y discos para comenzar a sacar los primeros acordes. Entonces, alguien me habló de un grupo de rock en español –que no eran los Hombres G- bastante bueno, de Buenos Aires: Soda Stereo.
El primer descubrimiento de un mundo más vasto: las chavas. Niñas de 15 años que, clavadas en su mundo rosa llena de sonidos fresa-poperos, llenaron más de un centenar de sueños diurnos en los que llenaban mi rostro con besos sabor a frutas. Entonces, una mujer de más de 18 años despertaría en mi los deseos de un adolescente drogado con sus propias hormonas: “tus ropas caen lentamente, soy un espía, un espectador… sé que te excita pensar hasta donde llegaré”. Con 13 años comprendía la fuerza con que están dotados los besos inalcanzables. Tal vez una guitarra me ayudaría a conseguir aquel cuerpo que provocaba tanto vértigo dentro de mi vientre.
Sonidos sintetizados, cajas de ritmo, melodías dinámicas y letras cargadas de erotismo y metáforas perforaban mis moribundos oídos infantiles, trazando paisajes eléctricos donde el deseo y los “zoom anatómicos” creaban un nuevo mundo interno. Desde entonces quedé marcado por el sonido “sodastereo”. Si bien fui un fiel seguidor de la música de “los cuatro de Liverpool”, la de Soda Stereo me parecía una música que nacía de una idea, de una noche de pasión animal en el que el corazón delator palpitaba por una mujer nacida en la luna roja.
Y no me importaba si la conjugación de verbos era distinta a la manera de hacerlo en México porque “vos” era “tú” y “sos” se convertía en un “eres” que mucho tenía en común con aquellos amantes devorándose como caníbales. “Cuando el cuerpo no espera lo que llaman amor… más se pide y se vive” y me enamoré por primera vez con todo lo que ello implica: complicidad, deseo carnal, dolor y efecto doppler.
Canción animal, disco de 1990, es a mi parecer el mejor disco de Soda Stereo y no sólo por incluir el megamultiinfinitamentetocado clásico tema “De música ligera”, sino por toda la gama de sonidos registrados en los 41 minutos y 37 segundos que dura el álbum. A partir de ahí, Gustavo Cerati se convertía en uno de mis “guitar hero”, aunque ya que llegamos a ese punto, Soda Stereo se convertiría en “la clase de banda que siempre he deseado formar parte”.
Quizá Soda Stereo no eran la única banda de rock en español sobre la faz de la Tierra pero sí la que movía cada uno de los afectos de miles de fanáticos, la que provocó que decenas de jóvenes de la entonces “Generación X” (Región 4) decidieran tomar una guitarra para conquistar el mundo. Hoy en día existen miles de parejas que se revolcaron “en el jardín por donde nadie pasa”, se entregaron a los besos entre acordes de música ligera coloreando la Primavera Cero. Conocimos la perversión en una noche larga lejos de casa y vaya que la conocimos, al grado de pedir más. Algunas solían dejarnos solos en una mesa vacía, otras preferían comer de nuestra carne.

Los coqueteos de Cerati con la música electrónica no gustaron a los fanáticos más puristas y sus mentes se quedaron suspendidas en el tiempo; algunos creen que el último disco de Soda Stereo es Canción Animal y, eso, es un grave error pues se perdieron de obras realmente vanguardistas, a comparación de las ñoñísimas baladas de Enanitos Verdes o las chauvinistas líricas de unos moribundos Caifanes que mucho le deben a Soda Stereo.
Dynamo (1992) ya incluía demasiadas secuencias electrónicas pero también hubo nuevos temas cargados de la energía a la que Soda nos acostumbró durante su trayectoria. Sueño Stereo (1995) fue el canto del cisne, un álbum por demás vanguardista en cuanto a la construcción de las canciones: secuencias electrónicas que hasta entonces eran exclusivas de músicos experimentales. El viaje hacia el final marchaba a velocidad supersónica en un Planeador. Volamos dentro de un concierto “anti-unplugged” y en cada ciudad visitada en el verano-otoño de 1997, fuimos parte de aquel rito en el que las “gracias totales” cerraban una etapa para los seguidores del trío originario de la “ciudad de la furia”.
A diez años de su último concierto aún quedan demasiadas noches largas para sumergirnos en la marea sonora-lineal. Aún quedan persianas americanas por donde se filtran las imágenes retro de aquellos ángeles eléctricos que nos convierten en “Sonoman”, hambrientos de carne, dispuestos a crear una canción animal.

La gira “Me verás volver” llega a México en noviembre y con ella regresan los recuerdos de miles al escuchar nuevamente a Soda Stereo, con toda la energía y el concepto artístico que han manejado desde siempre. Un concierto de Soda Stereo es una de las experiencias más excitantes que se puedan vivir: música, comunión, tecnología y multimedia al servicio del arte sonoro, viajes supersónicos al centro de nuestros sueños en stereo.
“Cruzo el valle, es mi frágil planeador”… y así, Soda Stereo regresa para llenar de nuevo los días de nuestra vida hasta que caiga el sol. Sólo me queda repetir aquella acción sugerida en la cubierta interior del disco Canción Animal:

“Y PARA MAYOR PLACER ANIMAL, ESCÚCHALO A TODO VOLÚMEN”


domingo, septiembre 23, 2007

Hay quienes luchan todos los domingos, ¡esos son los chidos!...


“Batman y Superman, superhéroes de historieta, nunca subieron al ring, le sacatearon al parche, el Santo sí era la neta. Era de nogal El Santo, era un gran campeón, por eso luchaba tanto.” Guacarock del Santo, Botellita de Jerez.

Dicen que los mexicanos se caracterizan por diferentes elementos en su cultura popular: la muerte, la Virgen de Guadalupe, las fiestas patrias, los tacos y la lucha libre. Dentro de esta última manifestación en la que las máscaras juegan un importante papel, surgieron verdaderos héroes nacionales que, gracias al celuloide y a las historietas, permanecen en la memoria histórica popular, y a través de los años se han convertido en grandes leyendas. El Santo es mucho más que una leyenda, un mito o un superhéroe al que pocos niños contemporáneos recuerden de manera inmediata; El Santo es casi la materialización de lo que los mexicanos albergan en su alma: la fortaleza, la disciplina, fama y éxito, la inmortalidad.
El Santo es quizá el más famoso de los luchadores en Latinoamérica, y ha sido referido como “una leyenda” de este deporte en México. Su carrera en la lucha libre duró casi cuatro décadas, durante las cuales se convirtió en un héroe popular y un símbolo de la justicia para el hombre común ya que su personaje trascendió el ámbito de la lucha libre y se transformó en una especie de súper héroe al protagonizar historietas (comics) y películas, de hecho su popularidad y el mito provienen en gran medida de estos últimos medios y no de la lucha libre.


Rodolfo Guzmán Huerta nació en Tulancingo, Hidalgo, el 23 de septiembre de 1907; fue el quinto de siete hijos. Rodolfo llegó a la Ciudad de México en los años 1920, cuando su familia se asentó en el barrio de Tepito. En un inicio practicó Béisbol y fútbol americano, y entonces se interesó por la lucha. Aprendió Jūjutsu, luego lucha grecorromana; no se ha establecido cuándo comenzó exactamente su carrera de lucha como competidor, ya sea que fuese en la Arena Peralvillo Cozumel el 28 de junio de 1934 (usando su verdadero nombre), o en el Deportivo Islas, en la colonia Guerrero de la ciudad de México en 1935. Pero durante la segunda mitad de la década de 1930 se estableció como un luchador, usando los nombres de: Rudy Guzmán, El Hombre Rojo, El enmascarado, El Demonio Negro, El Murciélago II. Este último nombre fue una copia de otro famoso luchador de esa época, y después de un reclamo por el nombre por parte del Murciélago original, Jesús Velásquez, la Comisión Mexicana de Boxeo y de Lucha declaró que Guzmán no podría utilizar ese nombre.


En 1942 su entrenador, don Jesús Lomelí, estaba armando un nuevo equipo de luchadores, todos con vestimentas plateadas, y quería que Rodolfo formara parte de este equipo. Él le sugirió tres nombres: El Santo, El Diablo, o El Ángel, y Rodolfo eligió el primero. El 26 de junio luchó en la Arena México por primera vez como El Santo. En un principio combatía en el bando de los Rudos (lo cual no le favorecía para obtener el apoyo del público, ya que en la época la gente apoyaba en mayor medida a los técnicos); posteriormente se cambió al bando técnico. Bajo su nuevo nombre rápidamente desarrolló su propio estilo, y su agilidad y versatilidad lo hicieron muy popular, también cabe mencionar que como parte de su entrenamiento a mediados de la década de 1950 comenzó a entrenar en la arena coliseo de Guadalajara Jalisco, en el plantel de Cuauhtémoc El Diablo Velasco fundador de la primera escuela de lucha libre profesional con quien pulió su estilo y forma de luchar.


La era dorada de una máscara plateada
Durante la década de 1950, el artista y editor José Guadalupe Cruz comenzó a publicar una historieta de El Santo, convirtiéndolo en el primer personaje luchador de la historieta mexicana, su renombre rivalizaba solamente con el legendario personaje de Kalimán.
En los finales de los años 50, Fernando Osés, luchador y actor, invitó a Guzmán a trabajar en películas, propuesta que aceptó, aunque sin abandonar su carrera en la lucha libre, compaginando ambas actividades. Fernando Osés y Enrique Zambrano escribieron libretos para las dos primeras películas del Santo, Santo contra el Cerebro del Mal y Santo contra los Hombres Infernales, ambas estrenadas en 1958, y dirigidas por Joselito Rodríguez. La filmación se llevó a cabo en Cuba, y el rodaje terminó un día antes que Fidel Castro entrara en La Habana y declarase la victoria de la revolución cubana.


Aun cuando ambas películas tenían un bajo presupuesto y fueron altamente improvisadas, tuvieron gran aceptación por parte del pueblo mexicano y se convirtieron rápidamente en éxitos de taquilla, abriendo camino para más películas de El Santo, así como aupando el éxito de la carrera de El Santo en el cuadrilátero.
El estilo de las películas de El Santo fue esencialmente el mismo durante las casi 60 películas que protagonizó, con argumentos donde actuaba como superhéroe luchando contra criaturas sobrenaturales, científicos locos y mujeres vampiro. Con un tono similar a las películas y series de televisión clase B de los EE.UU. (B-movies fueron las películas que se caracterizaron por un muy bajo presupuesto y argumentos fantásticos, en la década de los 60), quizás muy similar a la serie de Batman de 1960.


En México, para las generaciones recientes, su película más famosa es El Santo contra las Momias de Guanajuato, al menos así conocida popularmente, ya que su nombre verdadero es Las Momias de Guanajuato y es una película protagonizada por Mil Máscaras y Blue Demon en la que Santo únicamente hace una presentación estelar al final. Para el público más conocedor de la figura cinematográfica tanto en México como en el extranjero, la película más conocida es Santo vs. Las Mujeres Vampiro (1962). En esta película la inversión en la producción fue más alta, y dio una pauta para introducir un origen y la creación de su mitología, estableciendo que él era el último en una línea de luchadores contra el mal.
Aunque las tentativas de crear un estilo de horror gótico generalmente se consideraron menos que acertadas, y la película se considera mas como una comedia (involuntaria) que un filme de horror en la actualidad, éste fue un enorme éxito en taquilla, y se exportó a muchos países.
Santo jamás perdió su máscara plateada en combate. Se retiró de los encordados a principios de los ochenta. A principios de los años 80, se presentó en el programa "Contrapunto" de Jacobo Zabludovsky, donde el presentador logró lo que nadie pudo hacer en el cuadrilátero: despojar de su máscara a "El Santo", dejando ver por primera vez parte de su verdadera identidad. En el medio corrió el rumor de que el conductor había engañado al luchador y que esto provocó en él un fuerte disgusto que afectó su salud.
El 5 de febrero de 1984 el pueblo de México se despertó con una terrible noticia que lo hizo estremecer, ya que la leyenda más grande del deporte mexicano dejaba de existir. El hombre que marcó una de las etapas más importantes de nuestro deporte, se nos había adelantado en el viaje. El enmascarado de plata le dio otro valor a la lucha libre, pues gracias a él, traspasó fronteras, y es que su fama fue inmensa, aunque no tan grande como su humildad, pues a pesar de haber sido el más grande gladiador, de convertirse en una de las máximas luminarias del cine mexicano, siempre fue un hombre noble y un amigo para todo aquel que se le acercaba.
Habrá quien diga que su trabajo en el ring o en la pantalla grande era superado por otros personajes, pero la verdad es que nadie más logró convertirse en el máximo ídolo de México, en un fenómeno social que aún varias décadas después los grandes investigadores no logran explicarse, pero eso es hasta cierto punto lógico, ya que la fama y la interrelación que logra un ídolo con sus aficionados es incomprensible. En Europa se pensaba que era un personaje creado al estilo de Superman pero grande fue su sorpresa al descubrir que era una figura de carne y hueso que luchaba en México.
El 5 de Febrero de 1984 al concluir una presentación se sintió agotado y en su camerino se acostó para reposar. Pero la muerte lo aguardaba y fue trasladado de urgencia al Hospital donde al poco tiempo dejó de existir, víctima de un infarto al miocardio a la edad de 67 años.
En la segunda función que comenzaba a las nueve de la noche dieron la noticia de la muerte del ídolo. Todos los cuadriláteros de la República guardaron un minuto de silencio en memoria de aquel hombre. El 6 de Febrero, después de su funeral, El Santo fue sepultado en Mausoleos del Ángel y más de 10 mil personas fueron a despedirlo y varios luchadores, entre ellos Black Shadow y Blue Demon, cargaron el féretro. A su paso por las calles, la gente se desbordaba, se escuchaban sus gritos, porras y llantos, el tránsito se paró, las instalaciones del cementerio fueron insuficientes para alojar a los admiradores, que con lágrimas en los ojos y expresiones de profunda tristeza, daban el último adiós al héroe de las mil batallas.
Durante su vida tuvo la posibilidad de elegir ser dos personas pero ante la muerte quiso ser El Santo y permanecer así para siempre, aun cuando hayan desaparecido todos los que lo vieron sin máscara. Santo, el demonio, el héroe, el que nunca leyó completos los guiones de sus películas, el católico que estudió hasta la secundaria, que pegaba entre las piernas, que rezaba en cada esquina, que luchaba contra los monstruos, y dejaba que los pequeños se le acercaran, había dejado en la lucha libre un hueco difícil de llenar. Su muerte física no terminó con el, su hijo ha hecho posible que la leyenda que se forjó siga siendo una realidad.


Pornografía y adicción: las conejitas no tienen la culpa

“La cantidad es responsabilidad de usted” Saúl Lizaso cuando anunciaba alcoholes.

Dicen que un ser humano nace con “el pecado original”, que es necesario el bautismo (católico, claro, ¡pues de quien más!) para eliminarlo. Pecado cometido por un par de curiosos que, luego de comer del fruto prohibido –o tal vez fumaron la “yerba prohibida”- sus ojos se abrieron para darse cuenta de que estaban desnudos. ¡No puede ser!, ¿desnudos?... ¡virgen santísima!, niños, por eso, a ellos Dios los castigó y echó del Paraíso; si ven a alguien desnudo, Dios hará lo mismo con ustedes. De modo que los hay quienes crecieron con el sentimiento de culpa al mirarse al espejo o mirar otros cuerpos desnudos en fotografías.
¿Quién no ha disfrutado de la pornografía en su vida? Y digo “disfrutado” porque al final de cuentas es una actividad realizada con el único fin de disfrutar. Por eso es un placer. Absolutamente todos, hombres, mujeres y niños (a escondidas de sus padres) hemos consumido esas imágenes exquisitas de fantasías negadas en la vida real. Está de más hablar de las maneras como comienza esta afición, parece una bomba mental que espera a ser detonada, liberando dopamina en cantidades extraordinarias. Así como llega, se va ese estado mental; algunos lo superan y otros “se clavan en la textura”.
Vayamos primero al origen de la palabra “pornografía”. Menciona la enciclopedia Wikipedia: “El término pornografía procede del griego: πορνογραφíα, porne es "prostituta" y grafía, "descripción", es decir, "descripción de una prostituta". Designa en origen, por tanto, la descripción de las prostitutas y, por extensión, de las actividades propias de su trabajo. Hay que decir, sin embargo, que el término es de aparición muy reciente pues en la Antigua Grecia nunca se usó la palabra "pornografía". Modernamente se entiende por pornografía un conjunto de materiales, imágenes o reproducciones de la realización de actos sexuales con el fin de provocar la excitación sexual del receptor.”
Expuesto lo anterior podemos agregar que la pornografía es la búsqueda del placer por medio de fantasías irrealizables. Esto proviene de la coincidencia en una respuesta entre personas entrevistadas: consumen pornografía porque en su vida real no pueden realizar sus fantasías, porque sus novias no son “cochinotas”. México es un país en el que la “doble moral” funciona perfectamente al momento de justificar o satanizar ciertos temas; personalmente no tengo nada en contra de la pornografía ni de los cuerpos desnudos. Cabría cuestionarse si una muestra fotográfica de cuerpos desnudos o un performance con bailarines despojándose de la ropa es o no pornografía.
La pornografía se manifiesta principalmente a través de tres medios: el cine, la fotografía y la literatura, aunque también admite representaciones a través de otros medios como el cómic, la escultura, la pintura, e inclusive el audio (las “hot line”, por ejemplo).
Bien podría decirse que la pornografía es casi tan vieja como el mundo. En tiempos prehistóricos se dibujaban o se hacían estatuillas con caracteres sexuales exagerados: senos enormes tal y como las Venus paleolíticas o falos prominentes. Sin embargo, en aquella época, la intención de estas representaciones no era excitar sexualmente sino pedir a los dioses fertilidad y buenas cosechas. En la India hay templos hinduistas construidos hace más de 2.500 años con decorados en relieve o esculturas que muestran parejas en el momento de la cópula. En China se han descubierto dibujos y grabados de la época de la dinastía Chin con representaciones en pleno acto sexual.
El surgimiento del cristianismo convirtió a las manifestaciones gráficas de sexualidad en un tabú, pero no desaparecieron del todo pues resurgieron en el Renacimiento, ya sea abiertamente o de manera discreta o encubierta. Desde ese entonces y a la fecha, la pornografía se ha manifestado de muchas maneras y ha encontrado diversos modos de difusión, pasando por los daguerrotipos, la pintura, el cine, el video y actualmente, el Internet.

Tipos de pornografía
Softcore
Es el género pornográfico en el que las escenas de sexo no se muestran de forma explícita. En el cine y la televisión, en particular, no incluye primeros planos de genitales (ni masculinos ni femeninos) y tampoco muestra en detalle penetraciones, felaciones, etc. Los/las actores/as o modelos suelen tapar una parte de sus cuerpos. En el caso de los hombres, no se enseñan penes ni testículos; en el caso de las mujeres, se admite el desnudo de cuerpo entero, con lo que sólo quedaría fuera una exposición frontal de la vagina o ano.
Este género lo han practicado y practican muchas mujeres y hombres más o menos famosos como, por ejemplo, Demi Moore en la película Striptease. También se emplea en la publicidad, aunque este uso ha sido criticado por organizaciones feministas.

Mediumcore o pornografía convencional
Es aquella donde los modelos enseñan la totalidad del cuerpo en posturas más o menos provocativas.
Las famosas revistas Playboy o Penthouse son quizá los ejemplos más conocidos de este tipo de pornografía. Pese a existir clasificaciones que las colocan en el apartado anterior.

Hardcore
Es el género pornográfico más extremo, pues muestra explícitamente el acto sexual, ya sea vaginal, anal u oral, o con aparatos o cualquier otro tipo de utensilios. Este tipo de pornografía se subdivide según la orientación sexual: heterosexual, homosexual (masculino o femenino), y bisexual. Las primeras películas pornográficas y la gran mayoría de las películas actuales son heterosexuales, las películas gay son las segundas más vendidas y producidas. Existe también la variante del género transexual (hombres transformados en mujeres por medio del consumo de hormonas y uso de vestimenta) y la zoofilia (actos sexuales con animales).
Algunas personas, como el productor de pornografía Larry Flynt y el escritor Salman Rushdie, han argumentado que la pornografía es vital para la libertad y que una sociedad libre y civilizada debe ser juzgada en función de su disposición a aceptar la pornografía. Esta teoría se ve reforzada por el hecho de que muy pocos regímenes dictatoriales permiten la pornografía; ya sean estos confesionales, como la España de Francisco Franco, o comunistas como la Kampuchea Democrática.
Por otro lado, su existencia provoca un fuerte rechazo en determinadas culturas o sectores de la sociedad. En contra de la pornografía se objeta que puede convertirse en un vicio adictivo pernicioso para el individuo, que es inmoral, que es degradante para la mujer, que es utilizada con fines comerciales, que puede corromper a la juventud, etc. La crítica a la pornografía proviene principalmente de dos direcciones: por una parte de los conservadores y religiosos, y por otra de algunas feministas.
Los conservadores religiosos tildan la pornografía de inmoral y consideran que el sexo está reservado para las parejas casadas y que la proliferación de la pornografía da lugar a un aumento de lo que llaman comportamientos inmorales en la sociedad. Religiones con amplio número de adeptos en todo el mundo, como el cristianismo, condenan la existencia de la pornografía. Por ejemplo para esta religión el acto sexual debe orientarse a ser una fuente de felicidad mutua que ayude a unir a una pareja heterosexual y que por medio de este acto ocurra la procreación. Muchas formas de pornografía, por lo tanto, estarían en contra de este concepto.
Ahora bien, ¿qué es una adicción? Las adicciones pueden ser de varios tipos: a sustancias psicotrópicas (como la nicotina y la cocaína) o también a comportamientos específicos (como los juegos de azar, videojuegos, etc.). La sensación de bienestar o placer que produce el consumo de algunas sustancias es provocada por transformaciones bioquímicas en el cerebro, de tal manera que la ausencia de consumo provoca el efecto contrario: malestar generado por la carencia de químicos que alivien la tensión. El placer que provoca la sustancia al adicto es poco duradero y según transcurre el tiempo, el placer es menor. Esta insensibilización progresiva se denomina tolerancia. Si las drogas se usan como un escape de problemas que no se saben resolver, la probabilidad de adicción es mucho más alta que si es por motivos lúdicos. Aunque siempre hay, en mayor o menor medida, algún tipo de riesgo.

Entonces, si la pornografía provoca placer o es un medio para llegar a la excitación sexual y así tener una relación sexual placentera e intensa, el control de tal afición depende de la persona que consuma pornografía, de su nivel cultural y de las relaciones sociales que mantenga en el “mundo real”. Si una persona que consume pornografía, digamos, desde la adolescencia, pero que a la par muestre interés en otras actividades tales como la lectura, el deporte y las relaciones sociales constructivas, es casi seguro que al llegar a un nivel de madurez personal desparezca la afición por coleccionar fotos y videos. Tal vez a esa persona -sea hombre o mujer- sus fantasías eróticas se cristalicen. Aquí no voy a hacer apología a ninguna fantasía erótica ni a teorías persignadas, tan solo recalcaré que cualquier actividad sexual que no ponga en riesgo la integridad física o espiritual de un ser humano, es sana.
Si el consumo de pornografía perjudica en la vida cotidiana del individuo, entonces hay que pedir ayuda profesional. Una cosa es muy cierta, nadie se ha quedado ciego por ver cuerpos desnudos, el mundo entero ya se habría ido al caño con tanto ciego.
No hay obra de arte suprema y más hermosa que un cuerpo desnudo. No hay nada más grotesco que el contexto en que se exhibe un cuerpo desnudo; hay pornografía de calidad y hay pornografía vulgar. Las fantasías eróticas son juegos que se realizan entre dos y de mutuo acuerdo, dicen los sexólogos, son la sal y pimienta de una relación sexual en la pareja. El ser humano, insatisfecho como es, siempre buscará placer en las cosas prohibidas, en lo que no puede alcanzar. El mundo es un gran pastel de cumpleaños, se puede tomar un pedazo, pero no demasiado.
El abuso en el consumo de ciertos productos puede ser dañino para la salud… mental y física.

domingo, septiembre 16, 2007

15 de septiembre: ¿Qué diablos celebramos? ¿La independencia o la co-dependencia?

“¡México ya cambió! ¡México es una onda global de buena onda entre todos!” El “Chico Cool Condechi”, personaje del podcast de Olallo Rubio.

Esto se repite cada año. Cada año es lo mismo: pintarse la cara con los colores de la bandera, ponerse un sombrero picudo, colgarse la playera de la selección mexicana de “panbol” y por si fuera poco, pegarse un bigote al puro estilo de Pique (quien haya nacido antes de 1979 sabrá de lo que hablo). Cada año miles de mexicanos -dentro del territorio y más allá de las fronteras- aprovechan un día (o noche) del mes de septiembre para dar rienda suelta a eso que se llama “sentimiento patriota”. (Risa del autor)
Sentimiento patriota que se traduce en irse en bola con los cuates, pasarla chido y recordarle al mundo entero que como México no hay dos y que si no les parece pues que se vayan mucho a chiflar a la tiznada. El 15 de septiembre por la noche, se realiza el tradicional “grito de independencia” para que, al día siguiente, nos tengamos que chutar un desfile en la televisión (si es que no se cuenta con señal abierta); o para los que tengan que desfilar pues se avientan un recorrido para hacerle reverencias a un tipo que ni nos interesa y viceversa.
No hay que darle más vuelta al asunto para caer en la cuenta de que el grito de independencia es el pretexto idóneo para hacer una pausa entre las tareas cotidianas y el hastío social. No está mal irse de fiesta, tampoco se puede ser tan dogmático en asuntos sociales. Uno se pregunta qué sentido tiene celebrar un suceso histórico cuando a casi doscientos años del inicio de una lucha organizada por unos criollos urgidos de independencia económica, el México que se construyó es el escenario de una tragicomedia en varios actos.
México es mucho más que una simple fecha para gritar a todo pulmón “¡Viva México, cabrones!”. El México realmente independiente no pierde ciudadanos que se van a Estados Unidos en busca de un mejor futuro económico; un México independiente no cifra su patriotismo en cuentos de hadas y niños héroes ni en luchas armadas que no se ganan a favor de todos. Detalle patético: anunciar en grandes mantas “hoy, mexican party”, y que todos los jóvenes anuncien su “party” mexicana.
Solía ondear mi banderita tricolor, esa que poco a poco ha dejado de significar algo sagrado para convertirse en un mero estandarte que me define como ciudadano de un país. Cuando niño me gustaba ir al “grito”, ver a la gente caminando por el parque buscando un lugar donde pudiesen ver bien al gobernador gritón en turno. Aún me fascina ver los juegos pirotécnicos y las formas que dejan en el cielo: parecen como una ira contenida multicolor –como los habitantes de país- que sólo en el cielo nocturno de la clandestinidad se deja escuchar en un grito desesperado.
Todos gritan “viva México” como si muriéramos a la sombra de un régimen que se llena la boca de viandas inalcanzables para un mexicano que vive con el salario mínimo; gritamos hacia un palacio nacional o un palacio de gobierno como si las piedras tuvieran la culpa de los errores cometidos por personajes oscuros de la historia mexicana.

¿Fiesta? ¿Pues que acaso ganamos derechos civiles y un futuro realmente brillante para todos? ¿Tenemos presidente del pueblo o un presidente que hace robo en despoblado? ¿Pozole, chelas, música de reguetón y mariachis?
La celebración de la independencia de México es como la celebración de la navidad: un truco de mercadotecnia que sirve a los intereses de empresarios hambrientos de poder. No sirve hablar de unidad entre mexicanos cuando permitimos la segregación de los verdaderos mexicanos: las etnias indígenas. México no es un país donde los “chavos” son bonitos al estilo “Rebelde”: argentinizados y racistas.
En lo personal, celebraré una verdadera fiesta de independencia cuando las decisiones tomadas por las fracciones parlamentarias favorezcan al pueblo. Celebraré el grito cuando éste convoque a la masa a tomar lo que les pertenece y construir una sola realidad, equitativa y justa para todos, cuando mis garantías individuales sean respetadas íntegramente.
Pueden celebrar si gustan, a todos nos encantan las fiestas. De nada sirve celebrar sin memoria histórica: ingrediente secreto en las fiestas mexicanas, la falta de memoria histórica. Sólo como detalle: ni las banderitas se fabrican en México ni el himno nacional nos pertenece.
A falta de memoria histórica siempre habrá un pretexto para celebrar nuestra soledad colectiva, la ausencia de patria y la violación de derechos civiles.

jueves, septiembre 13, 2007

La culpa la tiene el analfabetismo...

Alguien por ahí dijo que mis palabras en la columna del Abismo Sónico son el discurso de una voz que clama en el desierto. Pues no se equivocó porque mi voz es una de tantas que gritan desesperadamente en el desierto chetumaleño. Y no lo digo por la pérdida de árboles sino por los paisajes desolados de la cultura y la vida artística de nuestra insigne ciudad capital.
Paisajes que, una y otra vez quedan inmortalizados en canciones de ritmo moderado, acordes bien tejidos entre letras que trazan imágenes de un caribe que poco a poco desaparece de la mirada del chetumaleño moderno. Si mi voz –y otras voces más-no se escucha en medio de este desierto es porque los oídos locales prefieren escuchar discursos motivacionales y de “avanzando hacia delante” que nada tiene que ver con la realidad de un pueblo.
¿Cuál realidad? ¿La de ser una porción de tierra a merced de los huracanes, la de ser un rincón de la “república” que se jacta de ser la cuna del mestizaje pero ignora a las etnias maya, avergonzándose de su pasado prehispánico? La realidad es que Quintana Roo representa el decimocuarto lugar en analfabetismo a nivel nacional con un promedio de 140 mil analfabetas. Habría que hacer otro estudio para calcular el nivel de analfabetismo funcional que, a no ser por las apreciaciones que he hecho en alumnos a mi cargo, el analfabetismo funcional ha hecho mella en cada uno de los jóvenes. Pero alguien más me dijo que para calcular rápidamente se puede aplicar una regla de tres.

¿Analfabetismo en primer grado y en segundo grado?
En la comunidad académica, el analfabetismo presenta múltiples rostros. Para analizar este fenómeno, la definición clásica resulta insuficiente. Analfabeta no sólo es aquella persona que no sabe leer ni escribir sino también aquél que no es capaz de descifrar las combinaciones de signos alfabéticos para formar palabras que alguien plasmó y que, al mismo tiempo, es incapaz de transmitir sentido utilizando esos signos de forma gráfica. Ninguno de nosotros es analfabeto en primer grado.
Existe un segundo grado de analfabetismo conocido como analfabetismo funcional. En este caso, una persona sabe descifrar los signos alfabéticos, ligarlos entre sí y convertirlos en una palabra, y esa palabra ligarla con palabras sucesivas. Sin embargo, el grueso de su lectura se compone de los letreros y anuncios publicitarios en las calles y de alguna que otra historieta del diario dominical, la sección deportiva en los periódicos y los panfletos que hay en los puestos de revistas. Es lectura obligada o de esparcimiento, no disciplinada, sin el propósito de ampliar el horizonte de conocimientos de forma deliberada. Un analfabeta de segundo grado aún en menor medida ha desarrollado la habilidad de expresarse por escrito, de perseguir la profundización y ordenamiento de su pensar a través de la disciplina de la escritura.
Tiene dificultades para entender las ideas y conceptos escritos por otros y para comunicar en forma estructurada los suyos propios. No utiliza la capacidad de leer y escribir para adquirir y producir conocimiento, sino sólo para recibir datos, información aislada y banal. (Alberto Beuchot González de la Vega).
Bajo esta definición, Beuchot González afirma que un porcentaje elevado de los profesores es analfabeta funcional, mismos que producen alumnos y profesionistas con analfabetismo funcional.

Por lo tanto tenemos que en las aulas escolares hay jóvenes totalmente inhabilitados para la comprensión de las ideas abstractas, la expresión oral y escrita, lo que desemboca en hábitos de lectura bajos y un desempeño académico paupérrimo. Sin lectura no hay acceso al conocimiento; sin conocimiento no hay insurrecciones ni miles de “jodidos” luchando por sus demandas: pan y circo para el pueblo. Lo verdaderamente vergonzoso es el nivel de cultura que demuestran las generaciones jóvenes, la inmediatez es una constante en sus manifestaciones artísticas.
Después de los argumentos descritos anteriormente, la reflexión surge a partir de una pregunta que hizo una amiga: ¿por qué no hay más promoción de las actividades culturales o un mayor número de artistas y espacios? Respuestas hay muchas, como las probabilidades en los diagramas de árbol, pero una muy acertada sería esta: al pueblo, lo que pida.
Naturalmente, ya que muchos profesores que compran plazas a precios estratosféricos –muchos, completamente ineptos- se dedican a anestesiar mentes y contar mentiras históricas, gastan horas clase enseñando cómo se traza la A y la O pero no profundizan en el contenido de frases tan sencillas como “ese oso se asea”. A falta de maestros comprometidos con la labor docente y padres que estimulen el hábito de la búsqueda del conocimiento, la televisión es la niñera que todos soñaban, maestra-amiga y amante.
Es cierto que para todo hay tiempo y lugar, que hay para todos los gustos, sin embargo el problema del analfabetismo funcional acarrea serios problemas para la sociedad y se traduce en un retrazo histórico de serias consecuencias. Sin la capacidad de análisis es muy sencillo manipular mentes propias de personas sedientas de poder y dinero fáciles. El arte y el resto de las manifestaciones del alma humana pasan a segundo plano eclipsados por una montaña de banalidades, mitos patrioteros y mezquindades propias de una ultraderecha que se jacta de democrática pero, al fin y al cabo, inquisitoria y asesina de la memoria histórica.
Por eso, cuando haya que encontrar culpables por la falta de cultura y espacios destinados al arte en Chetumal, habrá que dar media vuelta para enfrentar al reflejo que nos muestre el espejo de la reflexión humana.

lunes, septiembre 03, 2007

Los cuadernos ajenos no se rayan… por eso, consíguete el tuyo.

Parece que entre los seres humanos hay reglas no escritas que se tienen que respetar casi de manera sagrada. El violar alguna de estas reglas supone una guerra interpersonal o algo semejante a los pecados mortales (para el que crea en la chapucería judeocristiana sobre los pecados, claro) al grado de provocar rupturas entre amigos, rencores eternos y alguno que otro berrinche propio de los seres humanos.
De la misma manera el ser humano es una criatura insatisfecha por naturaleza, lo cual se refleja en su consumo desmedido de productos que a la larga no sirven para nada. En este sentido hay seres humanos que de verdad nos pueden servir para muchas cosas, por ejemplo, los amigos. Y es que los amigos son esas personas que, aunque pasen los años y las distancias territoriales y mentales parezcan largas, siempre vamos a contar con ellos en todo momento. Con los amigos puedes tirar netas sin correr el riesgo de recibir un buen golpe en la cara; te emborrachas o viajas a lugares insospechados, compartes momentos, imágenes, discos: un amigo es un socio de vida, compañero de viaje y de lucha y hasta te presta dinero sin cobrarte demasiados intereses. Bueno, hay quienes sí se manchan en este sentido.
Pero ¿qué pasa cuando entre dos amigos de toda la vida llega “la manzana de la discordia”? (sean amigos o amigas). Uno de los dos tendrá mejor suerte en el terreno de las relaciones amorosas: todo un galancete o la chava más deseada de la prepa. Se puede no cumplir estos requisitos pero, vayamos despacio para luego caer subrepticiamente a un abismo del que pocos pueden salir. ¿Quién no se ha enamorado de la novia o del novio de nuestro mejor amigo o amiga? El que responda negativamente estará diciendo una mentira de proporciones titánicas pues todos, en algún momento de nuestra vida, hemos sentido algo hacia una persona que no está con nosotros.
Para empezar, las personas no son objetos que deban ser “meados territorialmente” como lo hacen los animales. El machismo institucionalizado ha cometido la atrocidad de hacernos creer que las mujeres son objetos que deben estar en nuestras manos a como de lugar; el feminismo -en todas sus vertientes- aunque mantiene el “dogma” de que las mujeres no necesitan de ningún hombre para vivir, a más de una le encanta asistir a shows de strippers y cantar canciones de “duro contra ellos”. En síntesis: no existe un respeto real hacia los semejantes, hombres o mujeres.
El respeto es una de esas reglas universales que constantemente se rompen. Sabemos que si una persona está con otra, será por alguna buena razón o muchas. Todos somos únicos en el mundo cual huellas dactilares, con características propias y un universo bien definido. Lo que nos hace diferentes entre sí es el “contenido neto”… ¡vaya!, ¡el relleno cremosito!
Ahora bien, tan insatisfechos y egoístas como somos, cuando un amigo empieza a salir con la chava en turno (aplíquese también con mujeres, gays o lesbianas, según sea el caso) nos apresuramos a encontrar en nuestro amigo todos los defectos conocidos o por conocerse. Muchos contienen la ira (o envidia) y saben muy bien que a un amigo se le profesa el mayor respeto y que la confianza depositada en nosotros es parte del código de ética humana que debemos seguir. Deseamos lo que no podemos tener.
La tentación persiste, la razón debe estar en equilibrio con las emociones o nos aproximaríamos al comportamiento animal. Los lazos de amistad son los más fuertes que existen en el mundo, ninguna relación amorosa debe ser motivo para romperlos ni mucho menos para crear conflictos graves donde antes no los había.
Hace muchos años tuve un gran amigo en la preparatoria. Solíamos tocar la guitarra en todas partes: en la prepa, en la calle de su casa, en los parques y hasta en el camión que tomábamos para ir a la escuela. Nos prestábamos discos e íbamos a fiestas de amigos en común, era una amistad muy chida. Un día me presentó a una chica que conoció hacía un tiempo; me gustó la mujer pero de ahí no pasó. Tiempo más tarde fuimos a visitarla a su casa, con las guitarras y toda la cosa, hasta tocamos un buen de rolas que nos gustaban. Se dio una atracción entre los dos; lo supe porque mi amigo me lo había dicho por teléfono al día siguiente de esa visita. La historia central es que ella y yo comenzamos una relación que poco después se acabó, ¿por qué? Porque mi amigo la frecuentaba más que yo con toda la libertad que ella no me había dado, de modo que mi “cuatacho del alma” ejerció su derecho a trabajar la tierra que le pertenece (¡chale!, qué idea tan espantosa). Nunca recibí explicación alguna, siguieron como si nada; obvio yo estaba que echaba chispas.
La amistad se terminó por culpa de una mujer (comentario sin misoginia de mi parte). Muchas amistades entrañables se han acabado por un “amor”. Sin más argumentos lo cierto es que los amigos merecen respeto, así sea de amigo a amigo, de amigo a la pareja y viceversa. La confianza está implícita en las relaciones humanas pero jamás debe ser pisoteada.
No sé si he sido tonto o tengo bien cimentado mi valor ético pero, jamás he rayado los cuadernos ajenos. Prefiero conservar a mis amigos porque nunca sabe uno cuando los vamos a necesitar. En cambio, los “amores” vienen y van, lo único perdurable en verdad es una cicatriz de una operación del apéndice. Todos valemos tanto y no vale la pena perder a los amigos y a las personas que a nuestro lado comparten la miel amarga del amor. Es cierto, el rencor envenena la sangre mientras que otros celebran al máximo, díganme ¿acaso vale la pena amargarse por conflictos de amor entre amigos?
Hasta la fecha no encuentro una explicación a estos misterios de la humanidad y prefiero no encontrarla, muchas veces me lo pregunté y perdí una parte importante de mi vida, de personas realmente chidas y experiencias maravillosas. Estoy a tiempo, nunca es tarde.
La amistad, con todo lo que ello implica, es un lazo que va más allá de toda asociación humana; el amor es cosa de dos y de nadie más, es un sentimiento que se siente y se comparte con quien se desea estar. El deseo es tan solo un estado de ánimo estimulado por las hormonas y el egoísmo es parte de sus condimentos.
Una vez más ¿vale la pena sacrificar una amistad por un amor que posiblemente no dure para siempre? La respuesta está en cada uno de nosotros.